ESIC Business and Marketing School (ESIC), fundada en 1965, afronta el inicio de un nuevo curso académico con la responsabilidad de ofrecer la mejor actividad docente posible en un contexto tan convulso como el actual, marcado por la crisis sanitaria del coronavirus. El fomento de la innovación y el emprendimiento en ámbitos como el Marketing y las Competencias Digitales, el trato cercano y cuidado con su alumnado a lo largo de todo su ciclo profesional y la continua adaptación a las exigencias de cada tiempo, son algunas de las señas de identidad de esta escuela, que se representan a la perfección en el Campus de la Comunidad Valenciana de ESIC Business and Marketing School. Agustín Carrilero, director del campus desde hace 4 años, analiza cómo la situación actual está afectando al ámbito educativo y qué papel juega ESIC en esta labor de formación.

¿Cómo afecta a ESIC el cambio del marco económico en estos últimos 6 meses y cómo ha sido la adaptación desde entonces?

En marzo entendimos que la crisis exigía clarificar nuestras prioridades: en primer término, decidimos proteger la salud de nuestros empleados y estudiantes, después, nos propusimos seguir realizando nuestra tarea con la máxima calidad posible, pasamos de una formación presencial a on-line en un plazo de una semana y, finalmente, quisimos afrontar esta situación activando un información ágil sobre la pandemia para preservar la tranquilidad de todos y con una postura solidaria, con la idea de ayudar a las personas más vulnerables en esta situación.

ESIC destaca por su empleabilidad, consiguiendo un ratio del 93% ¿Cómo se trabaja para mantenerlo durante esta situación y qué cree que se va a demandar a los directivos del futuro?

En ESIC deseamos que los estudiantes de todos los grados y posgrados adquieran una sólida formación humanística, de modo que sean personas con criterio, preparados para comprender el mundo complejo en el que viven. La buena formación tiende a hacer a las personas más creativas, más innovadoras, más solidarias, más capaces de entenderse con los demás, con mayor pensamiento crítico; por esas razones, la buena formación es siempre útil para encontrar un buen empleo.

¿Cómo plantea ESIC la vuelta a las aulas en este marco de inestabilidad? ¿Lo hará de forma presencial o a través de una docencia híbrida? ¿Se ha preparado algún plan B por si hubiera que volver a confinarse?

Como centro académico hemos tomado todas las medidas sanitarias, nos sentimos con la obligación de intentar dar ejemplo. La situación es compleja, pero una cosa es tener miedos y otra es vivir asustado, y creo que no debemos vivir asustados. Nos gusta la presencialidad, y en septiembre volvemos a las aulas, pero tendremos una docencia híbrida ante la exigencia en tomar las medidas preventivas y sanitarias más eficaces, y comportándonos con la máxima prudencia para cumplir con rigor todos las normas. Sí que tenemos distintos planes, para atender distintos escenarios.

En el mes de marzo, asumimos la existencia de una crisis, y tuvimos claro que el curso 2020/2021 ya no se diseñaría igual que en años anteriores y que durante 6 meses deberíamos trabajar mucho para resolver ese proceso de cambio.

¿Cuál ha sido el feedback del alumnado y las empresas al cambio de carácter entre presencial y remoto de algunas acciones enfocadas al desarrollo de competencias, como los torneos de debate o el primer hackathon virtual?

Intentamos que los alumnos disfruten mucho más del proceso, que del resultado. Y estas acciones las han valorado positivamente, han conocido personas, han seguido madurando, y han aprendido. Su valoración y su reconocimiento nos animan a emprender nuevos proyectos con vocación de servicio, en los próximos meses ponemos en marcha un observatorio ODS de empresas de la Comunidad Valenciana y una Cátedra de pensamiento crítico. Parece evidente que la vitalidad de las instituciones depende, en gran parte, de la motivación de sus empleados. Y soy afortunado por ver cada día el compromiso del equipo del Campus de Valencia y de las 2.000 personas que trabajan en ESIC.

¿Temen que la vuelta a las aulas en un contexto tan convulso como el actual pueda suponer un agravamiento de la crisis sanitaria?

Ante el virus no se debería reaccionar con miedo ni frivolidad. Vivir asustados y recluidos en casa tendría graves consecuencias sociales, económicas y educativas. Por supuesto no debemos actuar con imprudencia y tenemos que adoptar las medidas preventivas, que son eficaces. Además, el sector educativo debe ser un ejemplo, y la prudencia en el cumplimiento de estas normas debe ser el método fundamental, además de la solidaridad.