En España y, por tanto, en la Región de Murcia, la prostitución libre no está recogida en el Código Penal, que sí establece con claridad los delitos de prostitución de menores, la prostitución forzada o coaccionada en mayores de edad y el hecho de lucrarse de que otra persona ejerza la prostitución, aunque lo haga voluntariamente, si hay explotación sexual o laboral. El trabajo social, no obstante, continúa estigmatizado y ser cliente de un burdel no es algo que suela comentarse por ahí.

Que haya un brote en un burdel obligaría a hacer test al entorno social y familiar de todos los que pudieron entrar en contacto con el virus. Recientemente se hacía público que un prostíbulo de la vecina provincia de Alicante, ubicado en Cox, registraba un brote de coronavirus con varios afectados entre su plantilla de trabajadores, incluyendo personal del servicio de restauración y prostitutas.

Las cadenas de contagio con origen en este tipo de negocios, como la ocurrida también este mismo mes de agosto en un club de alterne de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), con ocho casos positivos, es algo que preocupa a las autoridades sanitarias por la dificultad de identificar a los clientes que hayan podido pasar por instalaciones donde la discreción y confidencialidad suele ser una religión seguida por sus parroquianos. Por ese motivo, se teme que quieran evitar que su entorno más directo conozca esa parte de su intimidad y, por tanto, no se sometan a las pruebas PCR para identificar posibles contagios. Contagios que, en ocasiones, pueden pasar desapercibidos para el afectado al no presentar síntomas como fiebre o tos, entre otros, pero pueden avivar la llama de la sigilosa transmisión del virus que ha vuelto a cobrar fuerza.