25 de abril de 2020
25.04.2020
La Opinión de Murcia
Pintando al fresco

Salir con niños

24.04.2020 | 23:29
Salir con niños

Salir un domingo por la mañana con los hijos pequeños nunca fue tarea fácil. Tengo cuatro hijos. Primero nacieron tres, muy seguidos, y unos años después vino el cuarto. Cuando los tres primeros tenían, pongamos 1, 2 y 3 años, los domingos siempre solíamos salir para llevarlos a algún sitio con aire limpio y buen sol, pero eso quería decir que había mucho trabajo que programar para conseguirlo. Bañarlos, vestirlos, darle el biberón a uno, leche con galletas a otro o colacao con una tostada al de más allá llevaba su tiempo, además de darle el jarabe al segundo y ponerles las gotas en el oído al primero. A menudo, cuando ya estaban vestidos y preparados, uno de ellos necesitaba ser cambiado por razones de peso, o de olor, cuando eran bebés. A todo esto hay que añadir la preparación del cochecito para el pequeño, la silleta para el mediano y la mano para el mayor, que, indefectiblemente, acabaría pidiendo que lo tomases en brazos. Un par de horas de preparación se llevaba el tema de la salida, pero era genial cuando los veías en un parque jugando, subiéndose a los caballitos que había en una plaza, o corriendo por la arena de la playa en uno de esos magníficos días de sol del mes de enero en la orilla del Mar Menor. Una cuestión importante era vigilar lo que hacían, qué cogían del suelo, evitar que se metieran las manos en la boca después de tocar esto o aquello en un jardín, y, nada más llegar a casa, proceder a la limpieza a fondo de las criaturas.

Mañana, quizás ustedes o alguien de su familia también tengan que salir con niños a la calle a pasear y que tomen el sol y el aire, que buena falta les hace después de seis semanas de confinamiento. Va a ser un momento importante para ellos, aunque el otro día alguien que tiene hijos muy jóvenes me dijo que no pensara que estos chicos son como eran ellos con respecto a la forma de llevar su ocio. «Nosotros, nada más llegar del colegio, cogíamos un balón, o el monopatín, o la bici y nos íbamos a la calle a jugar con nuestros amigos, hasta la hora en que los padres nos llamaban, repetidas veces, por cierto, para hacer los deberes, ducharnos, etc. Estos muchachos de ahora lo que suelen hacer es ponerse a jugar en red con sus aparatos electrónicos, conectados con sus amigos, con los que hablan mientras les dan caña a las máquinas».

Pero el caso es que mañana es el día, y, además de la preparación correspondiente, igual a la que todos los padres hemos llevado siempre a cabo, los que salgan con niños tendrán que tomar muchas más precauciones. Sin obsesionarse, pero con toda atención, han de tener en cuenta el peligro de que uno de esos chavales se contagie o introduzca el virus en casa. Las recomendaciones de los técnicos son bastante lógicas: Los chicos no deben acercarse a otros niños ni a adultos. Mejor es que vayan con guantes y también hay mascarillas para niños. Hay que evitar que se alejen del adulto, si son pequeños, se deben llevar de la mano. No deben tocar mascotas de otros y no deben sentarse en bancos públicos ni tocar el mobiliario urbano, ni, por supuesto, el de los juegos públicos infantiles. Mejor no usar un balón, ya que, después de estar en el suelo, podrían acercárselo a la cara. No jugar con nadie más que con el adulto que los acompaña. No comer en la calle, aunque sea algo que se traiga de casa. El césped no es aconsejable. Se ha hallado coronavirus en excrementos de gatos, y los callejeros no están controlados. Al volver a casa, hay que quitarles toda la ropa y los guantes, y es mejor que los zapatos se queden en la entrada o en una terraza. Hay que limpiar con lejía diluida en agua todo lo que hayan sacado de casa, las bicis, balones, etc. Si es hora de baño, se bañan, si no, hay que lavarles bien las manos durante 20 segundos con agua caliente y jabón. Después, si se quiere, se les pone alcohol en las manos.

Siempre daba bastante trabajo sacar a los niños de paseo, pero realmente lo de ahora es tremendo. Y debemos hacer caso, porque cualquier acción que pueda evitar el contagio es absolutamente necesaria, y los niños no solo pueden sufrirlo, aunque menos que nosotros, sino que pueden ser un vehículo muy claro de transmisión.

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