08 de abril de 2020
08.04.2020
La Opinión de Murcia
Coronavirus

Confinados en la obra

Casi medio centenar de personas pasan el estado de alarma malviviendo en un edificio de la carretera de El Palmar, en Murcia, que está a medio hacer, pues los trabajos se pararon hace años

08.04.2020 | 04:00
Opugu, un inmigrante de Ghana, observa sentado en un sillón los vehículos que circulan por la autovía.

Casi medio centenar de inmigrantes están pasando el confinamiento obligado por el estado de alarma decretado ante la pandemia de coronavirus en un edificio cuyas obras se pararon hace varios años en la carretera de El Palmar, en Murcia. Estos inmigrantes, algunos de los cuales están utilizando desde hace un año este edificio como refugio y lugar para dormir, proceden de Marruecos, Argelia, Ghana, Senegal, Burkina Faso, Túnez, Camerún y Congo.

Los ocupantes de la estructura han aprovechado los bloques de cemento colocados en la azotea para separar los espacios donde descansan o se asean en el resto de las plantas, que han acondicionado mínimamente para descansar encima de colchones o colocando tendederos, entre otras cosas.

Se trata de personas que un día decidieron viajar a Europa en busca de un futuro mejor. Ahora mismo, ni siquiera podrían regresar a sus países: muchos han cerrado fronteras, por la pandemia.

Ante un cartel de una inmobiliaria que vende el edificio, del que sólo se ha construido la estructura, Tariq, un marroquí que habla en italiano, dice que antes de declararse el estado de alarma salían a la calle a trabajar o a conseguir un poco de dinero, algo que ahora es «imposible» por el temor a que puedan ser sancionados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Este inmigrante explica que él antes trabajaba en tareas de recogida de frutas y hortalizas en explotaciones agrarias de la Región de Murcia, pero ahora depende de la ayuda que le envían familiares que residen en Italia.

Además, Tariq indica que el único sustento que reciben es la comida diaria que le suministra la organización humanitaria Jesús Abandonado, cuyas instalaciones, en concreto el albergue, se encuentran a unos centenares de metros del edificio, en la carretera de Santa Catalina.

«¿Cómo se pide que se queden en casa a los que no tienen una?», era la pregunta que se hacían desde Jesús Abandonado al poco de decretarse el estado de alarma, ahora prorrogado.

Aunque desde Política Social han tomado cartas en el asunto, y habilitado distintos espacios para alojar a personas que no tienen casa, aún permanecen indigentes en portales de las ciudades. Algunos llevan guantes y mascarilla, para tratar de evitar el contagio.

El Banco de Alimentos del Segura ha recibido desde que se decretó el estado de alarma más de 123 toneladas de productos de primera necesidad, de alimentación y de higiene a través de donaciones de diversas entidades y empresas de la provincia. El Banco de Alimentos distribuye esas donaciones a asociaciones como Cáritas o Jesús Abandonado, que las hacen llegar a las familias más vulnerables, comedores sociales y entidades de inserción social en coordinación con los servicios sociales.

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