21 de marzo de 2020
21.03.2020
La Opinión de Murcia
Coronavirus

De la incredulidad al pánico

Los expertos alertan de que, una vez que se pueda salir a la calle tras finalizar el estado de alarma, habrá "una gran desconfianza" en el trato humano con otras personas que puede llegar a durar más de un año

20.03.2020 | 21:18
Tras dejar atrás ya la primera fase de la «incertidumbre» de los primeros días en confinamiento por el coronavirus, pasamos a la del «pánico», con una duración variable, y tras ella a la de la «resistencia» o «adaptación», para luego llegar a la de la «desconfianza», han explicado varios psicólogos. El psicopedagogo barcelonés Óscar Blázquez ha manifestado que en esta cuarentena el confinamiento lleva a pasar por diversas fases mentales y que, tras casi una semana de encierro, la mayoría ya ha dejado atrás la primera, «la de la incredulidad, la del shock». «Después, la segunda fase es la de cierto pánico, coger consciencia de lo que pasa, las semanas de encierro que hay por delante. Es el momento en que personas con trastornos anteriores como ansiedad o depresión lo pasarán peor», ha explicado Blázquez, que estos días se ofrece gratuitamente a través de Twitter.

«Esta segunda fase va a venir marcada por una sensación de hastío, de ansiedad y miedo, muchas veces exagerado, a que algo nos pueda ocurrir y que algo se nos escape de las manos», ha descrito a Efe el psicólogo, quien ha añadido que es «normal» que pasemos por «una noria de emociones». «Si no tenemos nada que hacer, el cerebro se busca una preocupación y entonces entramos en un bucle de ansiedad, ataque de pánico, depresión...», ha dicho Blázquez, quien recomienda que todos los días pensemos en al menos diez actividades con las que «calmar» al cerebro. Después, llegará la fase de resistencia, de mayor estabilidad o adaptación, «en la que el cerebro verá disminuido los ataques de ansiedad o pánico notoriamente porque se va a ir adaptando a la nueva situación».

Pero la fase «más peligrosa», alerta el psicólogo, será la última, una vez se pueda salir a la calle porque «durante un tiempo existirá gran desconfianza», así como «miedo» o al menos «reticencias» a las aglomeraciones, besos o abrazos que antes vivíamos sin ansiedad. «Nos dirán que podemos salir y llevar al hijo al colegio, pero sentiremos que no tenemos suficientes garantías», ha añadido. Blázquez ha afirmado que es la fase que más preocupa al colectivo de psicólogos, que prevén «se puede alargar entre año o año y medio, según la persona».

Similares fases ha apuntado el profesor de Psicología de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC), Adrián Montesano, que alerta sobre la excepcionalidad de la situación que se afronta estos días con una convivencia forzada y asilada del mundo y con la incertidumbre de no saber durante cuánto tiempo se va a prolongar.

«Estamos justo ahora entrando en un segundo tiempo. Como en toda crisis, la primera fase se ha vivido con más entereza, con toma de decisiones y muestras de solidaridad y ánimo de empujar por el bien de la comunidad», ha señalado Montesano en referencia a las iniciativas de ayuda mutua por el bien común de los primeros días. «Ahora, en la nueva fase, que encima no sabemos cuánto durará, pueden surgir más individualismos», ha señalado el psicólogo, que llama a ponerse pautas para la convivencia, si se pasa la cuarentena en familia o pareja.

El primer consejo, explica el especialista, es «mantener la idea de equipo» pese a que surjan roces normales por la convivencia en una situación anormal. «Hay que asumir y tolerar un cierto nivel de tensión, pero evitando que el conflicto nos quite la sensación de que somos un equipo para hacer frente al temporal», ha añadido.

En ese sentido, el también director del máster de terapia sexual y de pareja de la Universidad de Barcelona (UB) ha aconsejado evitar «efecto bola de nieve» por el que se aprovechan nuevas tensiones para sacar a relucir entre parientes o miembros de la pareja viejas rencillas no resueltas que incrementan aún más el malestar. Por otro lado, es conveniente, ha apuntado, «planificar la actividad familiar o de pareja entre todos sus miembros».

«Aun así, si un miembro de la pareja está más afectado, el otro deberá capitanear con racionalidad y mano izquierda la toma de decisiones (planificación de compras, comidas, búsqueda de información...) hasta que se vuelva a contrabalancear la situación», ha añadido.

Por último, y pese a las limitaciones de espacio, Montesano ha apuntado que es necesario que «en la medida de lo posible cada uno llevara a cabo actividades individuales, en habitaciones diferentes, durante algunas horas al día» y que todos respeten esos espacios íntimos de los demás.

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