09 de febrero de 2020
09.02.2020
Medio ambiente

Veintidós acuíferos subterráneos están amenazados por la contaminación

El Sinclinal de Calasparra es señalado como uno de los embalses subterráneos que debe ser controlado

08.02.2020 | 17:32
Pozo de sequía abierto en el Sinclinal de Calasparra para alimentar al Segura.

La pérdida de calidad de los caudales del subsuelo se debe sobre todo a la filtración de nitratos de uso agrario.

Los acuíferos subterráneos del Altiplano no son los únicos de la cuenca del Segura que están soportando una extracción de caudales muy superior a la capacidad de recuperación de los grandes embalses del subsuelo. El nuevo Plan Hidrológico deberá tener presente también «el empeoramiento detectado cinco masas subterráneas: Sinclinal de Calasparra, Caravaca, Alto Quípar, Valdeinfierno y Vélez Blanco-María».

No obstante, el Altiplano es la única comarca que carece de cualquier tipo de conexión con las infraestructuras para riego y para abastecimiento urbano, lo que dificulta las posibilidades de aportar caudales a Yecla y Jumilla a partir de 2027, cuando la Directiva del Agua impida mantener las extracciones de los acuíferos sobreexplotados.

En total, los estudios realizados por el Ministerio para la Transición Ecológica han permitido identificar «22 masas de agua subterráneas que presentan problemas de calidad química o físico-química, lo que les impide alcanzar el buen estado cualitativo», debido principalmente a la presencia de nitratos procedentes de la agricultura, tal y como ocurre en el acuífero del Campo de Cartagena, que vierte el Mar Menor.

Además, los últimos estudios han permitido determinar que «45 masas de agua subterráneas presentaban un estado cuantitativo inferior al 'bueno'».

Para los acuíferos del Sinclinal de Calasparra, Caravaca, Alto Quípar, Valdeinfierno y Vélez Blanco-María, el Esquema de Temas Importantes (ETI) plantea que «resulta preciso analizar con especial detalle su evolución en estos próximos años para que, en caso de consolidarse los incumplimientos detectados con el paso del tiempo» se puedan «ajustar o priorizar si fuese necesario las actuaciones» para evitar su deterioro.

La degradación de los acuíferos subterráneos de la cuenca se atribuye en gran medida a los efectos de la sequía y «al incremento del regadío en respuesta a políticas agrarias que fomentaron la puesta en riego de grandes superficies, que se apoyó en los años 70 y 80 del siglo pasado en gran medida en la explotación intensiva de los recursos sub

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