09 de febrero de 2020
09.02.2020
Medio ambiente

La cuenca necesitará 500 millones de inversión para afrontar el cambio climático

El nuevo plan hidrológico que estará vigente hasta 2027 deberá contemplar las obras y las actuaciones necesarias para evitar los efectos de las inundaciones, que serán cada vez más frecuentes

08.02.2020 | 17:32
Pantano del Cenajo.

La reducción de las aportaciones del Tajo ha empezado ya a cambiar los regadíos del Trasvase.

Preparar la cuenca del Segura para afrontar el cambio climático obligaría a realizar una inversión de casi 500 millones de euros, según los cálculos recogidos en el Esquema de Temas Importante (ETI), el documento que servirá de base para la elaboración del nuevo Plan Hidrológico 2021-2027. El ETI contempla la necesidad de poner en marcha 133 medidas e inversiones en infraestructuras «para interceptar y canalizar escorrentías superficiales, la implantación de planes de emergencia y la restauración hidrológico-forestal de zonas inundables». También será necesario hacer frente a las amenazas que implica la disminución de los caudales disponibles del Segura y del Tajo, teniendo en cuenta no solo su impacto económico, sino también los cambios que origina la menor disponibilidad de los recursos del Trasvase, que ya ha provocado la desaparición de 15.000 hectáreas de arbolado en unos pocos años.

Las previsiones que manejan los técnicos auguran un incremento de «la intensidad, la torrencialidad y la frecuencia» de las inundaciones, al tiempo que tenderán a agudizarse las sequías. Las zonas de la demarcación donde tradicionalmente ha existido mayor riesgo potencial de inundación son las vegas y planicies del río Segura (Vegas Alta, Media y Baja) y del Guadalentín, los núcleos de población atravesados por ramblas, como Cartagena o Puerto Lumbreras, y los cauces costeros sin infraestructuras de laminación, tal y como ha quedado patente en los municipios del Mar Menor durante los últimos meses.

Los planes destinados a la prevención de las riadas y a la gestión del riesgo de inundaciones deberán contemplar «nuevas obras estructurales, como encauzamientos o presas para la laminación de avenidas», que exigirán estudios previos que aseguren que estas infraestructuras, de elevado impacto ambiental y coste económico y social, solo se lleven a cabo cuando esté justificada su necesidad y haya un consenso generalizado entre todos los sectores implicados».

En el horizonte de 2027 la desalación es concebida como una de las principales alternativas para aportar caudales a una cuenca cuyos recursos tienden a disminuir, aunque no será suficiente para atender la demanda de los regadíos dependientes del Trasvase, cuyos recursos se verán mermados con el aumento de los caudales ecológicos del Tajo, que será el caballo de batalla del nuevo Plan Hidrológico.

El documento que el Ministerio para la Transición Ecológica sacó a información pública el pasado mes de enero alerta de que la escasez de recursos del Trasvase está provocando un retroceso de las superficie regable destinada al cultivo de frutales, dado que los árboles exigen una mayor continuidad en el suministro de agua para riego. Sin embargo, representan aproximadamente la mitad de la superficie regada por el Acueducto, que alcanza las 150.000 hectáreas.

De acuerdo con los cálculos recogidos en el ETI, los resultados de los estudios realizados a partir de 2015 indican que la superficie destinada a los cultivos leñosos se ha reducido en unas 15.000 hectáreas, que ahora tienen otras plantas.

No obstante, los resultados de las simulaciones realizadas muestran que «no resulta suficiente la capacidad actual de desalinización y que resultarían necesarias otras actuaciones para asegurar la garantía de estos regadíos para la movilización de recursos extraordinarios en periodos de sequía».

Por eso, el futuro plan de cuenca deberá tener en cuenta la repercusión que los caudales del Tajo tienen en la economía de las regiones beneficiarias del Trasvase a medio plazo, analizando también «los efectos positivos y negativos sobre otras actividades económicas», partiendo de la base de que el Acueducto genera un rendimiento de 5.284 euros por hectárea y año y aporta unos 40.000 empleos.

«Uno de los aspectos importantes a considerar en la nueva planificación es cómo pueden estos recursos contribuir a mejorar el nivel de garantía frente a la incertidumbre del cambio climático en los regadíos que utilizan agua del Trasvase Tajo-Segura ».

Por otra parte, los recursos aportados por la desalación también tendrán que destinarse a «invertir las tendencias significativas y sostenidas en los descensos de los niveles piezométricos» de los acuíferos sobreexplotados y a «recuperar el buen estado cuantitativo de las masas de agua subterránea», cuya extracción también tendrá que limitarse a partir de 2027,

De acuerdo con el Plan de Cuenca vigente, para 2021 se prevé que la desalinización alcance un volumen total de 193 hectómetros cúbicos por año. De ellos, serían para uso agrario 126 hectómetros cúbicos y 67 para uso urbano.

La producción prevista debería alcanzar los 209 hectómetros cúbicos (126 para regadío y 83 para abastecimiento urbano) para el horizonte 2027 y los 226 hectómetros cúbicos (126 para regadío y 100 para abastecimiento urbano) en 2033.

Por otra parte, el deterioro sufrido por las masas de agua debido a la invasión continuada de los cauces y la desaparición de la vegetación de ribera, con modificaciones en algunos casos irreversibles del régimen hidrológico natural, implican una pérdida continua de la calidad de los ríos. Esto pone en riesgo el cumplimiento de los Objetivos Medioambientales que establece la Directiva Marco del Agua, encaminados a alcanzar el Buen Estado de las masas de agua de los tramos fluviales afectados.

La subida de las temperaturas también puede traer más lluvia

Las consecuencias de las alteraciones climáticas que se prevén en el futuro traerán una mayor frecuencia de las inundaciones, un fenómeno que no resulta extraño, teniendo en cuenta que en apenas cuatro meses se ha producido una DANA en septiembre y otra en diciembre, además de una intensa borrasca en enero. Según recoge el documento que marca los objetivos a cumplir en el nuevo Plan Hidrológico, «en España son numerosas las investigaciones que apuntan a día de hoy a cambios en la frecuencia y la intensidad de las inundaciones por la influencia del cambio climático en las mismas». La previsión es que «un aire más cálido retiene más humedad, lo que generalmente conduce a lluvias más intensas. También hay que tener en cuenta otros fenómenos como fusiones de nieve más rápidas y la influencia del incremento del nivel medio del mar en las inundaciones costeras».

El Trasvase solo se ha acercado a los 400 hm3 una vez

El volumen máximo de los caudales trasvasables del Tajo al Segura solo se ha alcanzado un vez en las cuatro décadas del Acueducto. Tras 40 años de funcionamiento, las aportaciones medias recibidas de la cuenca del Tajo se sitúan en 305 hectómetros cúbicos anules, de los que corresponden 205 a regadío y 100 al abastecimiento de los municipios del Taibilla, cuando estaba previsto que llegaran a los 400. Las previsiones sobre el impacto del cambio climático desarrolladas por el CEDEX auguran una disminución del 10% de los recursos. A su vez, cada metro cúbico que se aumente el caudal ecológico entre Aranjuez y los embalses de Entrepeñas y Buendía causará una merma de hasta 31,5 hm?3; por año en origen».

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