04 de febrero de 2020
04.02.2020
Medio ambiente

Nada que celebrar en la Región de Murcia el Día de los Humedales

El Mar Menor sirve como ejemplo de cómo se tratan estos ecosistemas en la Comunidad: "No se valoran porque son poco productivos", denuncian desde Ecologistas en Acción

03.02.2020 | 21:11
Nada que celebrar en la Región de Murcia el Día de los Humedales

El Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico incorporó el pasado mes de junio 52 humedales de la Región de Murcia en el Inventario Nacional de Zonas Húmedas. Esta inclusión, más allá de servir como una herramienta a efectos estadísticos y de investigación, no parece haber contribuido, por el momento, a una mayor protección de estos ecosistemas, cuyo Día Mundial se celebró el pasado domingo.

Para Ecologistas en Acción, los humedales tienen gran valor en el medio ambiente ya que, por un lado, aportan una gran biodiversidad, un factor vital para un contexto árido como el de la Región de Murcia. Además, forman un microclima que atenúan las temperaturas, cada vez más extremas a consecuencia del calentamiento global.

Los humedales murcianos más importantes son el Mar Menor, que tiene a su alrededor otros humedales periféricos, el de Derramadores (Fotuna) o las Salinas de San Pedro, pero hay otros que están ligados a obras hidráulicas, como embalses. Desde Ecologistas denuncian que estos ecosistemas son «acosados por regadíos, urbanizaciones, vertederos o carreteras, algo gravísimo en un contexto de cambio climático» cuando los humedales deberían ser precisamente un elemento para combatirlo.

La razón para que estos hábitats caigan en el olvido es que son «poco productivos para el ser humano», explican los ecologistas. «Siempre se entienden como sitios marginales, no se valoran», subrayan. Sin embargo, la crisis del Mar Menor ha acabado por demostrar que los humedales son, como defienden desde Ecologistas, «fuentes de economía sostenible».

Están desapareciendo

Los humedales están en peligro de extinción, como muchas de las especies que allí acuden para repoducirse, como el pato malvasía. Las salinas de Mazarrón desaparecieron tras construir encima una urbanización. Tampoco existen ya las salinas de Los Narejos y los Saladares del Guadalentín son solo un diez por ciento de lo que eran a principios de siglo.

Por otro lado, los arrozales de Calasparra y las Salinas de San Pedro son todavía un buen ejemplo de cómo se pueden cuidar estos ecosistemas.

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