03 de enero de 2020
03.01.2020
Tributo

Homenaje a los últimos esparteros en Águilas

La localidad rinde tributo a estos artesanos con un museo que recoge 233 años de historia de la industria en la ciudad, que contó con más de 30 fábricas

02.01.2020 | 21:37
Homenaje a los últimos esparteros en Águilas

El 5 de agosto de 2008 se jubiló Diego Román Gálvez, dando por finalizada después de tres generaciones la actividad empresarial de Los Moris, los últimos que continuaban trabajando el esparto y poniendo fin a 233 años de la industria del esparto en Águilas.

Una relación entre el municipio y el esparto que se remonta a siglos atrás, aunque fue en 1775, con la empresa Félix Soria y Hermanos, cuando se comenzó a trabajar de una forma industrial, aportando prosperidad económica al municipio costero. «Hasta 30 fábricas llegaron a trabajar el esparto en Águilas, algunas de ellas con más de 500 trabajadores», comenta a esta redacción Juan Hernández, investigador e historiador del esparto en Águilas.

Una industria que trajo consigo una ebullición económica y social, e incluso cultural, con la llegada de británicos que comenzaron a comercializar el esparto; más tarde sería con la minería, dejando un importante legado anglosajón en la ciudad costera.

Había dos formas de trabajar el esparto: picado y crudo. Para el crudo Los Moris, Pedro, Bartolo, Ramón (quien falleció hace 14 años) y Diego Román Gálvez son los últimos que han seguido trabajándolo. «No quiero echarme flores, pero hasta la fecha no ha habido nadie que me 'chape la guitarra', porque he estado con buenos maestros», indicaba entre sonrisas a esta redacción Pedro Román Gálvez 'El Mori', quien con 91 años aún recuerda cómo comenzó a trabajar el esparto. «Mi tío Pedro me recogía al salir del colegio, con cinco o seis años, para irme a darle a la rueda para hilar el esparto». «Con trece años ya hilaba esparto, a mi padre y a mi abuelo se les caían los pantalones de verme», añade.

«Fue en el 36, cuando mi padre estaba en la guerra, mi madre se quedó con tres hijos, yo era el mayor y me puse a trabajar, me enseñé a hacer guita, hacer recincho y esparteñas para mis hermanos», apunta, para añadir que «según la época hemos hilado esparto crudo, esparto picado y hasta cáñamo». Otra forma de trabajar el esparto era el picado, que necesitaba un proceso de tratamiento, primero cociéndolo en agua, y no había otra mejor forma de hacerlo que con agua de la mar, por lo que en pequeñas piscinas formadas con piedras en la costa se creaban los cocedores de esparto, de los que llegaron a haber «más de 21 repartidos por la costa y algunos se mantienen aún intactos, como el de Cala Cerrada y Las Tortugas, aunque hubo otros como el de La Carolina, Calarreona o los cocedores de El Hornillo, el más céntrico. Los cocedores son otro hito del patrimonio del esparto», indica Juan Hernández.

Cuando ya estaba cocido, pasaba a ser picado con unos grandes mazos y rastrillado: el proceso avanzaba hasta que se realizaba la confección final para su uso.

La costa del municipio estaba marcada por la industria espartera, además de los cocedores se llegaron a utilizar cinco muelles de carga para que grandes barcazas llevaran el material hasta los buques que se fondeaban en las bahías de levante y poniente.

Un 5 de agosto, cuando cerraron la empresa Los Moris, el Ayuntamiento de Águilas declaró institucionalmente como el Día del Esparto; desde entonces ese día se realizan distintas actividades para homenajear a los artesanos del sector, una jornada en la que se puede volver a ver hilar esparto a Bernardo Asensio Navarro y a Los Moris, Pedro Román Jiménez y a sus primos Pedro, Bartolo y Diego Román Gálvez, además de a numerosos artesanos realizar pleita.

Pero al esparto le faltaba algo más para reconocerle lo que aportó a numerosas familias aguileñas, ya que entre 1925 y 1960, en el momento de mayor actividad empresarial del esparto en Águilas, «quitó mucha hambre en una época muy dura y difícil», apunta Juan Hernández.

Al esparto le faltaba un museo que recogiera todas esas historias, un centro que recientemente se ha hecho una realidad. «No veo mucho y por lo que me cuentan se ha quedado muy bien, no se le puede reprochar nada, me quedo muy satisfecho», comenta sobre el museo Pedro Román Gálvez 'El Mori', quien ha sido uno de los aguileños que más ha reclamado este museo, aunque puntualiza que «Águilas ha tenido casi tres siglos de convivencia con el esparto, era el motor de la economía aguileña, pero nadie lo ha destacado como lo que le corresponde y merece».

El recién inaugurado Museo y Centro de Difusión del Esparto, ubicado en el Molino de Sagreda, cuenta con una sala audiovisual y dos salas de exposiciones en las que se exhiben máquinas con las que se hilaba el esparto para hacer cuerdas, gavias o cuerdas confeccionadas, y se muestra cómo se trabaja la pleita, el recincho y el diseño de las Mussonas, el personaje más ancestral del Carnaval de Águilas, que continúa manteniendo vivo el esparto, ya que es obligado utilizarlo en sus caracterizaciones.

«Hay de todo lo que se puede hacer con el esparto, ya llevábamos mucho tiempo reclamando Los Moris un lugar donde dejar esas máquinas, para que se pudieran exponer, para que se mostrara cómo se hacían esas cuerdas», explica a esta Redacción Juan Hernández, quien también ha sido uno de los impulsores para crear el Museo del Esparto.

«Es un justo reconocimiento y agradecimiento al trabajo que han realizado los artesanos esparteros; el esparto ha sido una parte muy importante de la economía de Águilas, es un reconocimiento más que merecido», indicaba la alcaldesa de Águilas, Mª Carmen Moreno, en la inauguración del museo.

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