29 de diciembre de 2019
29.12.2019
La Opinión de Murcia
Adicciones

La Navidad eleva el consumo de alcohol y las recaídas de pacientes en desintoxicación

El 10% de las personas en tratamiento vuelve a beber durante estas fiestas

28.12.2019 | 18:22
El alcohol está presente en las mesas de casas y restaurantes durante las celebraciones navideñas.

La carga emocional de las celebraciones eleva también el riesgo.

Del chupito de mistela que te ofrecen en la carnicería, al brindis con champán para recibir el nuevo año. El alcohol va irremediablemente unido a la Navidad, lo que provoca que esta época del año sea una pesadilla para aquellas personas que tratan de salir de una adicción.

En Proyecto Hombre ya saben que en enero atenderán a un 10 por ciento de sus pacientes por recaídas en el tratamiento. Por eso en las semanas previas a las fiestas se comienza a trabajar con las personas en tratamiento y sobre todo también con su entorno. «La familia nos pregunta mucho, por ejemplo si tienen que poner o no alcohol en la mesa. Nosotros siempre les aconsejamos que pregunten a la persona afectada, que cuenten con ella, y sobre todo que no le insistan en hacer algo que no quiere», indican desde la asociación.

Y es que una recaída en un proceso de desintoxicación «genera un enorme sentimiento de culpa, sienten que han fracasado, y además es la puerta de entrada para recaer en adicciones a otras sustancias, como la cocaína, muy unida al alcohol». En este caso, recuerdan que el alcohol es, en mucho casos, la puerta de entrada a otro tipo de sustancias y otras adicciones.

La directora de Proyecto Hombre Murcia, Asunción Santos, explica a LA OPINIÓN que «el trabajo con la familia es fundamental, ellos tienen que estar concienciados del peligro que supone poner una botella de alcohol en la mesa e intentar que estas bebidas no estén presentes en las celebraciones. Para ello hay que aprender a vivir la Navidad sin alcohol». Por ello, desde Proyecto Hombre van preparando a los usuarios y sus familias antes de que se acerquen estas fiestas para disfrutarlas con un menor riesgo de recaída.

«La música, las luces... todo nos incita al consumo y el alcohol está por todos los sitios, hasta en la panadería a la que acudes a diario a comprar el pan y en la que estos días te ofrecen mistela. Tú a lo mejor no lo ves, pero una persona en tratamiento sí», indican los responsables de los programas.

Cenas de empresa

Pero no sólo las comidas y cenas familiares son un campo de minas para las personas en tratamiento, las cenas de empresa no se quedan atrás.

Santos apunta a que en estas fechas los usuarios están expuestos a situaciones en las que se pone a prueba su fuerza de voluntad y las comidas de empresa son un momento crucial en este trayecto.

Desde Proyecto Hombre ofrecen una serie de consejos para poder acudir a una comida o cena de empresa y evitar una recaída. Para ello resulta fundamental ausentarse de las cervezas previas a la cena, así como huir de la fiesta en cuanto se termina el postre para no quedarse a las copas. Estas pueden ser algunas de las claves para mantener la abstinencia.

A las dificultades para seguir un tratamiento cuando el alcohol está presente en cada rincón, se suma el trasfondo de unas fiestas cien por cien emocionales. Son días también de una estrecha convivencia entre las familias, que a veces degenera en roces y discusiones. «Es muy típico, por ejemplo, que se discuta, uno se marche de casa enfadado y acabe en el bar recayendo», apuntan los expertos.

La directora de Proyecto Hombre Murcia asegura que en Navidad afloran muchos sentimientos, «son unas fiestas muy emocionales y estas emociones pueden ser tanto positivas como negativas, por lo que hay que estar preparado para lo que se pueda presentar, ya que los roces y los problemas familiares también son un factor de riesgo y un problema añadido que puede llevar a recaer en la adicción».

Asunción Santos insiste en que «las personas atendidas por adicciones suelen tener problemas para gestionar las emociones», por lo que es fundamental huir de estas situaciones.

Ante este panorama, muchos pacientes optan por huir de las grandes celebraciones y refugiarse en pueblos pequeños. Pero también los hay que llevan más tiempo en tratamiento «y se toman estas fiestas como un reto para ver que son capaces de no volver a beber».

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