15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La Opinión de Murcia
Entrevista
Ejército
Ernesto Zarco Gil

"Al submarinista se le define en una palabra: extremo"

Desde el pasado junio, este molinense nacido en 1966 es el jefe del Arma Submarina de la Armada, con sede en el Arsenal de Cartagena

15.12.2019 | 04:00
Entre sus misiones principales destacan la preparación de los submarinos, la formación del personal profesional que sirve a bordo y la coordinación con los mandos de naciones aliadas.

El capitán de navío Ernesto Zarco Gil tiene tres gorras: la de comandante de la flotilla de submarinos, la de jefe de la base y la de director de la escuela de submarinos. Tres responsabilidades que le convierten en el máximo responsable del Arma Submarina de la Armada Española, un cargo que asumió el pasado junio y que desempeña en el Arsenal de Cartagena, desde un despacho en el que puede divisar todas las instalaciones que quedan bajo su mando.

P Casi todo el mundo sabe que en el arsenal de Cartagena hay submarinos, pero pocos conocen qué es el Arma Submarina.
R Se divide en tres partes: la fuerza, el apoyo a la fuerza y el cuartel general. La fuerza es el alma máter, el núcleo sobre el que gira todo lo demás: los submarinos. El apoyo a la fuerza es el conjunto de personal e instalaciones que proporciona el adiestramiento y la formación para quienes manejan los submarinos y la que los sostiene y apoya administrativamente. El cuartel general es el Estado Mayor de los submarinos, en el que se controlan los sistemas de mando para mover esos buques. Así, la integración de esas tres estructuras es lo que se llama Arma Submarina, y todo eso está dentro del arsenal desde 1915. La gran ventaja es que en un radio de tres kilómetros tenemos todo lo necesario para sostener, apoyar y alistar a nuestros submarinos: desde el Arsenal militar hasta Navantia, que es la que los ha construido y la que se encarga de hacer las grandes reparaciones, y la industria privada de Cartagena, que nos apoya en pequeñas reparaciones y otras que no lo son tanto.

P ¿Cómo definiría a quien se enrola en esta parte de la Armada, quizas más desconocida que otras?
R Al submarinista se le puede definir en una palabra: extremo. Desarrollamos nuestra labor en un medio hostil, a 200 metros de profundidad. Para eso es necesaria una plataforma muy compleja en el diseño, la fabricación y el manejo. Parece que hablamos de una nave espacial, porque el concepto es exactamente el mismo. Nuestra gente tiene que estar muy preparada para poder controlarla no solo desde el punto de vista de la navegación submarina, sino desde una perspectiva táctica, es decir, poder usarla en la guerra. También es imprescindible tener una tolerancia al sacrificio muy grande porque hay que renunciar a muchas cosas. El Arma Submarina es en sí misma una aventura.

P ¿Como es el día a día dentro un submarino?
R Dentro el ambiente es más familia y de equipo que militar. A veces choca pero hay que tener en cuenta un hecho fundamental: la vida del comandante, allí, está en manos del marinero, y viceversa. Tenemos que depositar toda nuestra confianza en el compañero. Y eso y las limitaciones que hay porque es un espacio muy reducido es lo que te forja un carácter especial y te permite mantener esa tolerancia al sacrificio durante el tiempo. El confinamiento obliga a ser muy austeros: la ropa y enseres que llevamos solo pueden ocupar cuatro cajas de zapatos. No obstante, está todo muy bien organizado.

P Uno de los grandes poderes de estos buques es que no se ven.
R El submarino es un arma de combate formidable, pero eso también lo tienen otras unidades. Lo que sí distingue al submarino es la discreción, es decir, ser invisible. Ambas cualidades hacen que sea clave para la disuasión, lo que proporciona a estos buques una capacidad que no es solo a nivel táctico, pues no se trata solo de un hundir barcos, sino a nivel estratégico absolutamente imprescindible para la defensa nacional. Además de esto, las misiones que tienen son la de reconocimiento, la obtención de información porque al no verse el enemigo no altera su patrón de vida; también la protección de la fuerza y la posibilidad de minado, entre otras.

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