04 de diciembre de 2019
04.12.2019
Temporal

La DANA vuelve a inundar de lodo y de miedo las calles de Los Alcázares

"Hemos puesto una tabla en la puerta, cogida con yeso, para que no entre el agua", explica la dueña de una pensión de la localidad

03.12.2019 | 20:11
La DANA vuelve a inundar de lodo y de miedo las calles de Los Alcázares
La DANA vuelve a inundar de lodo y de miedo las calles de Los Alcázares

En un restaurante colocan 17 sacos de mil kilos de arena para parar "el río"

«Hemos puesto una tabla en la puerta, cogida con yeso, para que no entre el agua», explicaba ayer por la mañana a LA OPINIÓN Araceli Moreno, dueña de la pensión El Cordobés, en Los Alcázares, localidad que se volvía a llevar la peor parte de la DANA. «El agua bajó un poquito, pero ahora está subiendo otra vez», comentaba esta vecina, aún con el miedo en el cuerpo. Además, «hace mucho viento», añadía al respecto.

Moreno tiene su negocio en la avenida Trece de Octubre, que se convertía ayer en «un río muy grande» de los que atemorizan. «El agua se va filtrando, es un desastre total», sostenía la mujer, que prefería no salir de su establecimiento. Desde ahí veía «el despacho de pan de enfrente, todo llenito de agua».

Desde su punto de vista, «con botas de agua sí se puede salir un poquito», aunque «yo no salgo, es peligroso», comenta la vecina, que tiene claro que «esto está haciendo mucho daño, es una pena muy grande para el pueblo». Aseguraba que ya no hay diferencia «entre el agua y la playa».

Lo que venía se llevaba anunciando desde hacía días: otra DANA. Gota fría que amenazaba con golpear la Región cuando aún no se habían cerrado del todo las heridas de los destrozos de septiembre, cuando la DANA sembró la desesperación en la Región, especialmente en los municipios del Mar Menor. Y Los Alcázares (al igual que pasó ayer) también entonces se llevó la peor parte.

Sabiendo lo que estaba por venir, el Ayuntamiento de Los Alcázares tomaba la decisión de evacuar las viviendas de planta baja de una docena de calles, debido a las inundaciones por las ramblas y fuertes vientos. El alcalde, Mario Pérez, aconsejaba a los vecinos que permaneciesen en plantas superiores o zonas elevadas.

El delegado del Gobierno en Murcia, Francisco Jiménez, se desplazaba a Los Alcázares para supervisar desde el terreno la situación. Antes, había mantenido, en la sede de la Delegación, una reunión con responsables de distintos organismos (como Tráfico, la Guardia Civil) para ir coordinando actuaciones.

Mientras, un mar de lodo se adueñaba de Los Alcázares. Y es que a las lluvias «se sumaron los aportes de las ramblas de San Cayetano y Maraña, provocando la inundación de las calles de la población», explican desde la Delegación del Gobierno. Al aire libre se dejaban la piel efectivos de los Bomberos, de Protección Civil y de la Policía Local. Un centenar de personas ya había salido de su casa, por precaución.

En la calle Fuster, en pleno epicentro de las inundaciones, un grupo de vecinos observa el improvisado río que baja hacia el Mar Menor. Ellos siguen el transcurso de los acontecimientos desde la puerta del garaje, pero sin mojarse: «En septiembre pusimos un tablacho mucho más bajo, de metal, pero cayó tanta agua que no sirvió para nada».

En esta ocasión, el tablón de madera cogido a dos guías y con asas de frigorífico que han usado de parapeto es mucho más alto y les ayuda a evitar que el agua se cuele. Como ellos, muchos de los habitantes de Los Alcázares han optado por poner 'obstáculos' al agua en sus puertas a modo de 'tablacho' de la huerta: desde mantas hasta bloques finos pegados con yeso. La medida más curiosa para poner límite ante el torrente es la adoptada por el restaurante Tropical: 17 sacos de mil kilos de arena cada uno atrincheran el local. Uno de sus camareros, Fernando Perulero, explica que en la DANA del pasado septiembre los daños producidos allí superaron los 150.000 euros.

«Nos veíamos venir la situación y colocamos estos sacos. Es que aquí vivimos con miedo, cada mañana nos levantamos mirando al cielo y con temor a que caigan cuatro gotas», manifiesta el hombre al respecto.

Para Perulero, como para la mayoría de los vecinos de la zona, la peor parte se la ha llevado el ya herido Mar Menor: «Es que en estos momentos nos existe», dice, apesadumbrado. Y es que la laguna salada se ha vuelto, de nuevo, barro salado.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook