10 de noviembre de 2019
10.11.2019
La trastienda del crimen

Alfonso Sánchez Hermosilla: "Un cadáver no es más que un envoltorio de lo que fue un ser humano"

"En la Región hay muchos psicópatas"

09.11.2019 | 17:16
El forense Alfonso Sánchez Hermosilla posa en la sede de la LA OPINIÓN.

"Me hice forense por un documental acerca de la Sábana Santa".

Nacido en Cartagena, cursó el bachillerato en el Hispania, y marchó a la capital de la Región, licenciándose en Medicina y Cirugía en la Universidad de Murcia. Realizó el Máster en Antropología y Genética Forense en la Universidad de Granada. Actualmente es forense en el Instituto de Medicina Legal de Cartagena. Establecido en la ciudad de Murcia, me pide, precavido, que no especifique la zona donde vive. «Cada caso para el que elaboro un informe», me explica, «al menos una de las partes queda descontenta: ¿me entiendes?».

Quedamos en el Drexco de la emblemática calle Trapería, porque adora el café 'blue mountain' que solo encuentra aquí. Hombre tranquilo y meditabundo, mantiene sólido un matrimonio desde hace ya treinta y un años. Me invade la sensación de hallarme ante un pensador; su afición favorita, de hecho, no es otra que la de sentarse a fumar en pipa y reflexionar. Sus lecturas apuntan también maneras: Conan Doyle, Julio Verne o Stephen King, junto a la literatura científica correspondiente.

Me cuesta imaginármelo destripando cuerpos muertos. Me lo hago más preguntándose qué es la vida y qué es la muerte. Le cuento que me interesó particularmente el caso Cala Cortina, no solo por mi condición cartagenera, sino porque esa comisaría fue el lugar de trabajo de mi padre durante décadas. «De ese caso prefiero que no me preguntes», me dice: «los policías son colegas de trabajo para mí, pero la verdad es la verdad». Habla tanto como escucha. Le gusta aprender. De todo. De todos. Lo primero que hago, por supuesto, es preguntarle por el caso Cala Cortina.


Usted tuvo un papel muy destacado en el 'caso Cala Cortina'. Básicamente, su informe era lo único que desterraba la opción de que las lesiones de Diego Pérez fueran la consecuencia de una caída por el despeñadero.

En el ámbito de la Medicina Legal y Forense, el único criterio rector que debe primar por encima de cualquier otro es la evidencia científica. Cualquier otro condicionamiento debe obviarse a la hora de emitir el informe pericial forense.

Lo normal es que a uno le dé 'yuyu' los cadáveres. Convénzame de que alguien que está a gusto entre cuerpos muertos no es un tipo sospechoso de algo raro.

No voy a intentar convencerle, porque es más que probable que, al menos yo, sea bastante 'diferente' del resto de la población. En mi caso, trabajar con cadáveres de lo que en otro momento fueron seres humanos no me ocasiona ningún problema. Se trata simplemente de un 'envoltorio vacío'; lo que fuese que le hacía humano, ya no está ahí, no sé dónde está, pero desde luego, no está en el cadáver. Así que trabajo con el máximo respeto y dedicación, reflexiono sobre cómo fue la vida, y por supuesto, sobre cómo fue la muerte de esa persona, y cuando terminó, intento no llevarme ninguna emoción a casa.

¿Alguna autopsia que recuerde especialmente?

Prácticamente todas, no hay ninguna en la que no haya aprendido algo, así que todas y cada una de ellas me han hecho mejorar como profesional. Si la pregunta oculta era cuál ha sido la autopsia más impactante para mí, la respuesta es que me han impactado todas las autopsias que he tenido que realizar con cadáveres de niños, sobre todo cuando la muerte fue por negligencia de sus cuidadores o, peor aún, cuando murieron de forma cruel y violenta a manos de sus propios progenitores, las personas que se supone que deberían haber dado la vida por ellos, y no habérsela arrebatado despiadadamente de forma alevosa.

Rosa María murió acuchillada cincuenta veces por su exnovio, en Canteras, Cartagena. Él afirma haber perdido el control por los celos. Recientemente se ha conocido la sentencia, donde el culpable es condenado a 30 años. Usted realizó la autopsia. Ella, una joven de apenas de veinte años. Debe de ser duro enfrentarse a algo así.

Cualquier persona que viva una experiencia similar queda, en mayor o menor medida, marcada por esa vivencia. No es nada agradable, en absoluto, pero alguien debe prestar ese servicio a la sociedad, a la víctima y a sus allegados. Es un servicio tristemente necesario.

Me consta que últimamente está viendo muchos casos de presuntos abusos sexuales. ¿Cree que se ha incrementado este tipo de agresión?

No dispongo de datos globales, pero mi casuística profesional, en los últimos meses, se ha multiplicado de forma más que evidente. Es todo lo que puedo decir.

¿Cómo es que le dio por investigar la Sábana Santa? 

La respuesta a esta pregunta está indisolublemente unida a cómo y por qué me dio por ser Médico Forense. Cuando tenía diez u once años (en breve cumpliré 58 años), estaba viendo la televisión vi, por pura casualidad un documental sobre la Síndone de Turín, popularmente llamada 'Sábana Santa'. Yo no sabía absolutamente nada sobre esa cuestión; de hecho, ni siquiera sabía que existía. Mi imaginación infantil se abrió a todo un universo de posibilidades y consecuencias.

En el documental entrevistaron al único médico forense que había investigado en serio hasta ese momento, y describió de forma muy gráfica y explícita, tal y como lo haría cualquier profesional que emitiese un informe pericial forense, o que defendiese dicho informe ante un tribunal, las lesiones más significativas, sobre todo las del rostro que se vislumbra en este objeto arqueológico.

Yo, en aquel momento, sólo veía manchas confusas que no me aportaban ningún tipo de información, pero ese forense italiano, Judica Coridiglia, 'leía' con soltura esa información. Me tomó unos segundos digerir toda la información que ofrecía, y la consecuencia inmediata fue que yo, en ese momento, y de forma irrevocable, decidí: «Yo quiero ser como ese señor cuando sea adulto». Ese fue el punto de inflexión en el que se decidió mi vocación profesional.

Y, en ese mismo momento, decidí también continuar la labor investigadora de Judica Cordiglia, primero comprobando si lo que afirmaba era cierto o no desde la evidencia científica, y segundo, dándole continuidad a la investigación en el punto en el que él lo dejó. Con el tiempo, también comencé a investigar el Sudario de Oviedo, otro objeto arqueológico que cubrió el mismo cadáver que la Síndone de Turín.

Y cuando hablo de investigar no me refiero a que leo lo que otros consideran y reelaboro dicha información Eso, en mi modesta opinión, no es investigar. Yo investigo con muestras originales de los objetos arqueológicos, y desarrollo experimentos. Tampoco me limito a emitir hipótesis sin comprobarlas, darlas por ciertas y publicarlas sin más. En estos momentos, tengo el inmerecido honor de dirigir la labor investigadora de un equipo internacional y multidisciplinar de científicos que han decidido, al igual que yo, de forma altruista y desinteresada, investigar estos objetos arqueológicos sin ningún prejuicio, usando los medios que la ciencia y la tecnología actuales han puesto en nuestras manos

Tanto  mi actividad profesional como médico forense, como mi actividad como investigador de la Síndone de Turín y el Sudario de Oviedo, se retroalimentan mutuamente. Cuanto más aprendo como profesional, tanto más mejora mi actividad investigadora, y viceversa, cuanto más aprendo investigando, más y mejor puedo desarrollar mi actividad profesional.

¿Hay psicópatas en la Región?

Los hay. ¿Cuántos? Muchos.

Según los expertos, uno de cada cien ciudadanos es un psicópata. Esto significa que todos conocemos a alguno, aunque no seamos conscientes de ello. Debo aclarar que la psicopatía no es una enfermedad, es tan sólo una variación de la normalidad, al igual que un lunar no es una enfermedad de la piel, sino una variación de la normalidad en la misma. Y al igual que en el caso de los lunares, algunos psicópatas pueden ser atractivos y encantadores, si se lo proponen, pero también, al igual que los lunares, cuando se malignizan, se convierten en un problema.

Un psicópata, en general, no empatiza con los sentimientos de los demás. Para ellos, el resto de la humanidad solo es algo que está ahí, en el mejor de los casos, para usarlo en su propio beneficio, y en el peor de los casos, para ocasionarle un perjuicio al propio psicópata.

Suelen ser personas reflexivas, no toman decisiones de forma impulsiva. Se pueden describir como personas frías y calculadoras.

La buena noticia es que no suelen odiar a nadie, así como no suelen amar a nadie (que no sea a ellos mismos). Si nos perjudican será porque creen que necesitan hacerlo. Pero no suelen ser vengativos.

La mayoría llevan vidas pacíficas e incluso productivas y no llaman en absoluto la atención, pero cuando, además de su psicopatía, desarrollan otro problema, esa persona que nunca había roto un plato se puede transformar en un auténtico problema para la sociedad.

El psicópata es bastante camaleónico. Al fin y al cabo, su ausencia de empatía, y casi de sentimientos, le permite desenvolverse con soltura en la sociedad sin llamar la atención, haciendo lo que se espera de ellos. Pueden ser amables si se lo proponen, o mejor dicho, si les beneficia, pero si deja de beneficiarles, dejarán de serlo sin titubear y sin remordimientos, de forma instantánea y sin previo aviso, tomando por sorpresa a quienes pensaban que conocían a esa persona, y terminan descubriendo que su verdadero yo no se parece en nada a la máscara que mostraba segundos antes y que llevó incluso durante años, sin que nadie sospechase nada.

No son malas personas; en el fondo, casi nadie lo es, así que tampoco es algo de lo que la población deba preocuparse.

El problema no es la psicopatía en general, ni tampoco los psicópatas; llevan conviviendo con el resto de la población desde el inicio de la andadura de la especie humana. El problema es la conducta que pueden desarrollar algunos psicópatas en particular en situaciones concretas. Y para eso estamos los profesionales.

Y que nadie se sorprenda, un médico forense, además de hacer autopsias con cadáveres, debe ser, además, un experto en conducta humana. Sólo así podrá hacer su trabajo de forma eficiente, efectiva y eficaz.

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