02 de noviembre de 2019
02.11.2019
La Opinión de Murcia
Ludopatía
Manuel Hernández, presidente de la Asociación Nueva Esperanza

"Empecé echándole a la máquina las monedas que me sobraban del café"

El presidente de la Asociación Nueva Esperanza, dedicada a la rehabilitación de los adictos, cuenta que los familiares "a veces son los que llegan peor"

02.11.2019 | 04:00
"Empecé echándole a la máquina las monedas que me sobraban del café"

«Empecé echándole a la máquina las monedas que me sobraban al pagar el café. Luego tuve un problema con mi mujer y me refugié en el juego». Esta es la experiencia de Manuel Hernández, presidente de la Asociación Nueva Esperanza, en la que reciben apoyo y tratamiento para su rehabilitación las personas adictas y sus familias. Gracias al tratamiento recibido, él consiguió dejar el juego hace 19 años.
Manuel Hernández recuerda que al salir de trabajar, se iba «al bar a jugar, en lugar de irme a mi casa» hasta que acabó «debiendo dinero por todas partes».

Poco a poco fue aumentado la cantidad, hasta que llegó a acumular una deuda de 4.000 euros. Entonces no tuvo más remedio que contar lo que estaba ocurriendo. «Me daba miedo decir lo que me estaba pasando y confesar la deuda que tenía».

Hernández explica que «el jugador no mira nada», porque su única preocupación es conseguir el dinero que necesita para seguir jugando y sentir «las endorfinas», mientras alimenta la esperanza de que podrá recuperar lo suficiente para saldar su deuda. «Como le da tanto miedo contarlo, sigue jugando para recuperar el dinero que ha perdido», apunta.

Cuenta que a él lo llevó su mujer a la Asociación Nueva Esperanza, que ahora preside. Esta organización tiene unos 350 miembros, «entre jugadores y familiares, que también necesitan tratamiento, porque a veces están más afectados que el adicto», debido a que la ludopatía llega a causar graves estragos económicos, además de las patologías que experimenta el enfermo.

En algunos casos, les lleva «a robar a la familia y a sacar microcréditos para jugar. Llegan incluso a hipotecar la casa», explicaba. Ahora trabaja desde la asociación para tratar de concienciar a la sociedad de que la adicción al juego puede pasar inadvertida en las familias, hasta que el adicto lo ha perdido todo. Psicólogos, enfermeras y trabajadores sociales ofrecen atención al jugador y a sus familias.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook