20 de octubre de 2019
20.10.2019
Sexualidad

Cientos de jóvenes sufren la ablación en la Región de Murcia

En la comunidad murciana "hay alrededor de 1.400 mujeres supervivientes a esta práctica o que están en riesgo de sufrirla", explica la doctora en Enfermería y profesora de la UMU Mª del Mar Pastor

19.10.2019 | 17:15
Cientos de jóvenes sufren la ablación en la Región de Murcia

Salud. La Universidad de Murcia organizaba esta semana la conferencia 'La ablación/mutilación genital femenina en la Región de Murcia'. Esta charla, enmarcada en el proyecto ODSesiones de la UMU, contó con la doctora en Enfermería y profesora Mª del Mar Pastor, que explica a LA OPINIÓN cuál es el estado de esta terrible práctica.

La mutilación genital femenina (MGF) es una aberración contra la que cada vez más voces claman y, a la vez, una «tradición» para aquellos que la defienden y practican: un ritual de entrada a la madurez o como un requisito para casarse. Esta brutal práctica (en la que, una vez más, las damnificadas son las mujeres) no solo puede destrozar la salud física de una mujer: también la emocional.

La Universidad de Murcia organizaba hace unos días la conferencia La ablación/mutilación genital femenina en la Región de Murcia, que contaba con la participación de los doctores en Enfermería y profesores de la UMU María del Mar Pastor, Laura Gombau e Ismael Jiménez.

«Es muy difícil dar cifras exactas de cuántas mujeres y niñas residen en la Región de Murcia y en España con sus genitales mutilados», explica a este periódico Pastor, que detalla que «una forma de acercarse al número es mediante la cantidad de personas empadronadas que proceden de países donde la mutilación genital femenina es una práctica habitual».

En este sentido, apunta que «el último mapa de la mutilación genital femenina indica que 225.000 personas de las nacionalidades en las que se practica la MGF están empadronadas en España».

«Este mapa indica que en la Región de Murcia son alrededor de 1.400 las mujeres supervivientes a esta práctica o que están en riesgo de sufrirla», manifiesta. Muchas de ellas son murcianas: lo que pasa es que sus padres o abuelos mantienen la tremenda costumbre de seguir sometiéndolas a esta mutilación, pues provienen de países donde se hace.

Ante la pregunta de a cuántas niñas se ha salvado en la provincia en estos últimos años de ser víctimas de esta práctica, la doctora detalla que «hay muy pocos registros al respecto».

En cuanto a cómo puede detectarse que una niña está en peligro, María del Mar Pastor comenta que «existen una serie de factores de riesgo de ser mutilada. Entre ellos: pertenecer a una familia originaria de un país o etnia en que sea una práctica habitual, que la madre o hermanas mayores estén mutiladas genitalmente, que la familia tenga una actitud positiva hacia la MGF y que desconozcan o tengan conocimientos erróneos sobre los peligros para la salud de la práctica.

«Con estos factores ya se debe abordar la temática con la familia, conocer las actitudes que tienen hacia la práctica y trabajar para prevenir la MGF en la niña», insiste la experta, a lo que agrega que «además, existen casos de riesgo inminente en los que la actuación debe ser mucho más rápida».

«Un ejemplo de esto sería el caso de que la familia planee viajar de forma inminente al país de origen y no se haya hecho un trabajo previo de prevención con ellos o manifiesten actitudes favorables hacia la práctica», dice.

Sobre qué lleva a unos padres a querer que a su hija le hagan algo tan doloroso, la experta remarca que «es preciso comprender que ningún padre quiere causarle daño a sus hijos e hijas».

«La MGF es 'consentida' entre los padres por muchos motivos», insiste la doctora, al tiempo que enumera que «puede ser por razones estéticas o de higiene, por la creencia de que si no son mutiladas tendrán mas riesgos durante el embarazo y parto, para que no se les considere como mujeres impuras, para controlar la sexualidad y ante la presión social y poder ser aceptadas y respetadas en su comunidad».

De esta manera, «si no se le hace la mutilación podrían ser rechazadas por sus futuros maridos y excluidas de la comunidad».

«En caso de que quieran regresar a sus países de origen deben hacerlo en las mismas condiciones que las mujeres que están allí, además recibirán presiones familiares para mantener la tradición y llevar a las niñas de vacaciones al país de origen para ser mutiladas», apostilla la profesora. «Es por ello que es fundamental conocer qué creencias sustentan la práctica en cada familia, darles información detallada y acompañarles en el proceso de cambio», indica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene claro que «esta práctica refleja una desigualdad profundamente arraigada entre los sexos y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer». Asimismo, especifica que «se efectúa casi siempre en menores y por lo tanto constituye una violación de los derechos del niño. También viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física de la persona, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte».

Pastor, por su parte, comenta que «lo que más me ha impactado a lo largo de mi trayectoria es el haber podido colaborar en prevenir que 114 niñas fueran mutiladas en Marigat, en Kenia».

«Mi día a día en Kenia fue muy intenso: realizaba actividades para la prevención de la MGF junto a otros trabajadores de World Vision Marigat. Todas las mañanas salíamos al amanecer y recorríamos largos trayectos de difícil acceso para llegar a las comunidades. En ocasiones nos reuníamos solo con mujeres, también nos hemos reunido con líderes religiosos, prestábamos apoyo a las niñas que residen en los centros de rescate, con voluntarios que eran formados como agentes de cambio y con las comunidades en su conjunto», rememora la experta.

Las 114 niñas en cuestión, ahora, «han sido empoderadas, conocen las consecuencias de la MGF, sus derechos, y se niegan a ser casadas precozmente. Son niñas que desean continuar estudiando y ser dueñas de su propio futuro, consiguiendo además que toda la comunidad las acepte y respete como adultas mediante el rito de paso alternativo y la formación que habían recibido», precisa.

Pastor tiene claro que «es posible y merece la pena trabajar por un mundo más justo donde todas las formas de violencias machistas que se producen por el hecho de ser mujer dejen de producirse». A este respecto, subraya que «para erradicar prácticas como los matrimonios forzados o la mutilación genital femenina es necesario trabajar con la población migrante que está en riesgo en países occidentales, pero también es de vital importancia el trabajo en los países de origen».

¿Y cómo? «Sirviéndonos de la legislación como una herramienta necesaria, pero siempre acompañándola con sensibilización y apoyo para que sean las niñas, mujeres y comunidades las que realicen el proceso de cambio que lleve a la erradicación de la MGF», reitera la profesora.

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