22 de septiembre de 2019
22.09.2019
Entrevista
Alejo J. Lucas

Alejo J. Lucas: "Esto son historias de buenos y malos, y no olvides quiénes son los buenos"

Tiene grabado en su memoria el consejo de un policía que le enseñó "cómo se juega a esto de policías, ladrones y periodistas"

21.09.2019 | 18:00
Alejo Lucas, periodista de sucesos.

Reconoce que el crimen de los holandeses y su descuartizamiento es el que le ha dejado "la más honda huella"

A un amigo no se le entrevista; con un amigo se charla, se debate, se le escucha, pero no se le entrevista. Así que eso es lo que hago con Alejo: compartir un café y dejar que fluyan las palabras. Quedamos, por circunstancias que no vienen a cuento, en la avenida de La Fama, un lugar que conoce bien por haber asistido a diversas redadas policiales en el barrio. Llevamos tiempo dándole vueltas a un proyecto común; tal vez algún día, con permiso de las obligaciones profesionales, nos decidamos a acometerlo. No nos lo confesamos abiertamente, pero a ambos nos haría una enorme ilusión. Tal vez algún día. Nacido en Cieza, Alejo J. Lucas es el hombre que aparece cada jueves en su pantalla, en la televisión autonómica, para enfrentarnos a la faz más cavernosa de la Región. Es el hombre que aparece con chaqueta, barba de cuatro días y ojos claros que contrastan con lo tenebroso del mundo en el que nos sumerge. Cada jueves presenta y dirige Código 112, en el que igual nos cuenta el tirón que le han pegado a una señora en Alguazas que la muerte a tiros de un mafioso en Águilas. Alejo J. Lucas aparece también cada domingo en este diario, a menudo como vecino de página de un servidor. No le basta con las miserias que nos muestra los jueves en la pantalla, los domingos insiste por escrito. «Oye», le digo, «nunca he sabido de qué es la 'J'». «Jesús», me desvela como quien confiara un secreto bien guardado.


Así que historiador.

No exactamente. Licenciado en Historia. A mí me gustaba la historia antigua, por toda la épica que conlleva: los griegos, la Ilíada, Roma? Pero con el paso de los cursos me fue gustando más la historia contemporánea. Leía más prensa que libros de historia en la biblioteca. Y la verdad, la que ahora es mi mujer y entonces mi novia, la también periodista Nuria Cuenca Garnero, se matriculó en Periodismo en la UMU, así que dije, pues mira, yo también.

Buscando cada semana por lo más sórdido de la Región, debe de tener una imagen tremebunda de nuestra comunidad y del ser humano.

Los sucesos son la información en la que más y mejor puedes mirar cara a cara a la vida, en la que ves a las personas llevadas al límite, cuando se te pone la piel de gallina en un callejón, o te emocionas ante un testimonio, o te inyectas adrenalina corriendo detrás de los agentes en una redada. Hay muchos mundos posibles, pero todos están en la Región.

¿Qué caso le ha impactado más en su vida?

No puedo con los casos en los que las víctimas son niños. Lo de Nanysex fue una cúspide del mal.  Los casos de homicidios o asesinatos siempre son duros. Yo he visto el vídeo-prueba del hallazgo de los cadáveres de José Rabadán, el de la catana, y es traumático. Para mí, el caso de los holandeses ha sido el que más honda huella me dejó. Sé que el tema ya ha aparecido en esta sección, pero la muerte y descuartizamiento de Ingrid Visser y Lodewick Severin me ha quitado el sueño. Porque me lo comí entero. Desde pasear por el huerto de Alquerías al día siguiente del hallazgo de los cadáveres, a esperar a los acusados a porta gayola en los juzgados. Por darme codazos con compañeros siguiendo el juicio. Porque estuve allí el día en que Patsy Visser, la madre de Ingrid, recogía la cruz de Caravaca que su hija portaba en el momento de su muerte. Un colgante cuya recepción simboliza un fin de ciclo y un pase de página. Pero también me sigue interesando porque el caso tiene personas condenadas pero no respuestas a lo que ocurrió.

¿Qué espinita profesional tiene clavada en esto de los crímenes?

No, ninguna. No recuerdo ningún caso en que me quedara algo por hacer o preguntar. Nunca salen tampoco los reportajes como quieres. Pero esto no es como hacer tornillos. Te llevas la historia a casa en la cabeza. Alguna vez he asistido a algún caso de alguien conocido, y siempre jode más. Uno debe tratar los datos con imparcialidad, pero esto se hace con pasión, como decía mi profesor de Historia de América, Juan Andreo. Y no es incompatible. El periodismo es pasión por ver cosas y contarlas a tu manera, y pasar por una calle y recordar lo que viviste. Lo otro es coger notas de prensa y colgarlas. Siguiendo esa línea, lo que sí te deja marca son las grandes catástrofes: las recientes inundaciones de Santa María, el terremoto de Lorca, el autobús de Bullas accidentado en la Venta del Olivo? Eso de que, mirases donde mirases, vieras dolor, es lo más parecido a una guerra en suelo murciano.

Colabora con este diario. ¿Se siente más cómodo ante la cámara o con la pluma?

Lo que siempre me ha gustado es escribir, desde la Secundaria. Lo que me da de comer y me divierte es la tele. Además, el periodismo de televisión, con sus vicios, es más reporterismo que el de los diarios digitales y que el de papel, ya que la presión por dar contenidos vorazmente hace que el periodista no despegue el culo del asiento y lo más que haga sea dar telefonazos, que es muy digno. Pero los de la tele no tenemos más cojones que salir cada día a la calle a buscar y dar noticias nuevas. Por eso las teles son caras de mantener, pero muy edificantes cuando se hacen bien. Y, además, con Código 112 tengo lo que siempre había soñado: un espacio para contar las cosas como siempre he querido. Fue una suerte que los directivos de 7 Televisión Región de Murcia confiaran en mí para ese cometido, y siempre estaré agradecido por la oportunidad.

En la Región corre la sangre que da gusto, ¿no?

Tenemos una región estupenda, pero también con crímenes estupendos. En Murcia se mata poco, lo cual es bueno. Somos una comunidad relativamente tranquila en delincuencia, pero cuando se asesina, se hace a lo grande. Somos capaces del atavismo de los crímenes añejos, los originados por las lindes de la finca, como el de Manuel Leal en Molina de Segura; salvajes, cocinados con la inquina urbana, como el de David Siles en Águilas; o internacionales, orquestados por sicarios venidos del extranjero, como el de los holandeses.

¿Qué caso de nuestra historia negra le habría gustado cubrir y no ha cubierto?

El de los novilleros de Cieza. Primero porque soy ciezano y escuché mucho hablar de él. Mis padres se lamentaban del mal nombre que habían dejado al pueblo. En segundo lugar, porque lo tiene todo para ser una gran historia, incluyendo el punto folclórico que hubiera exigido Hemingway. Además, los Yepes han seguido dando titulares suceseros, pero siempre parecían indignas secuelas de aquel episodio.

¿Se llega a empatizar con un criminal?

No. Empatizo, y debo, con las víctimas. Son las víctimas a las que hay que proteger. A los delincuentes hay que entenderlos, por humanidad y por curiosidad científica. Cuando empecé en los sucesos, el responsable de prensa de la Policía Nacional, Paco Blas, me presentó a otro de los veteranos de su cuerpo, 'El Vita', que para explicarme bien cómo se jugaba a esto de policías, ladrones y periodistas, me invitó a comer huevos fritos con chorizo en un bar cercano a la Jefatura Superior y me dijo: «Nene, esto son historias de buenos y malos». Y apuntándome con el cuchillo manchado de rojo (por el chorizo), concluyó: «Y no olvides quiénes son los buenos». Procuro no olvidarlo.

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