24 de agosto de 2019
24.08.2019
La Opinión de Murcia
Entrevista

Joaquín Sánchez: "La sotana es un paraguas que nos protege a mí y a los pobres"

Hijo de guardia civil "desertor del arado", el cura es miembro de la Cumbre Social y de las plataformas Pro Soterramiento del AVE y de Afectados por la Hipoteca

24.08.2019 | 11:30
Joaquín Sánchez: "La sotana es un paraguas que nos protege a mí y a los pobres"

"La sotana me protege y protege a los pobres. Es como un paraguas para el débil y como un puente para el poder", sostiene Joaquín Sánchez, activista en innumerables causas humanitarias y sacerdote incómodo para la jerarquía de la iglesia. "Me quieren más fuera que dentro", asegura en una entrevista con EFE.

Hijo de guardia civil "desertor del arado", el cura Joaquín Sánchez es capellán de la cárcel de Murcia y del psiquiátrico Román Alberca de El Palmar, además de sindicalista, miembro de la Cumbre Social y de las plataformas Pro Soterramiento del AVE y de Afectados por la Hipoteca, entre otras muchas, y voluntario de organizaciones de lucha contra la pobreza y la exclusión.

Recién llegado del campo de refugiados de Ritsona, en Grecia, tras su estancia en julio en Mozambique en un comedor infantil, este sacerdote cita a EFE en el hospital psiquiátrico del Servicio Murciano de Salud, al que fue destinado en 2007 tras años de desencuentros con los sucesivos obispos por su activismo social y su postura sobre el celibato o el sacerdocio femenino.

"Llegué castigado hace doce años y estoy feliz", asegura al ser preguntado por su relación con los enfermos que irrumpen en la entrevista cada pocos minutos para besarle la mano, pedir unas monedas, hacerle reproches por haberse olvidado de felicitar un santo o gritarle desde la distancia un insistente "te quiero, Joaquín".

Nacido en 1962 en Vilanova de Sau, Barcelona, y criado en la casa cuartel de Moratalla, donde su padre era el sargento del puesto, el "cura antidesahucios" se muestra convencido de que "hay que luchar para aliviar el sufrimiento humano", y eso -clama- "por supuesto merece la pena" a pesar de que tenga como contrapartidas "enfrentarse con los poderes, muchas veces religiosos".

Con media docena de detenciones a sus espaldas, dos multas y varios juicios pendientes por ocupación de bancos, este cura que llama a la desobediencia cívica desde que tiene conciencia de sí mismo se siente mucho más querido "fuera de la iglesia que dentro" y subraya firme: "estoy seguro de que si me fuera de cura, les haría un favor".

Joaquín Sánchez reconoce que la sotana le otorga una situación "privilegiada" cuando participa en manifestaciones, sentadas u ocupaciones de entidades bancarias, si bien conoce el significado del miedo y ha sufrido algún que otro golpe en cargas policiales durante huelgas generales o protestas ciudadanas.

Sobre el miedo, afirma: "cuando estoy en una acción comprometida, cuando estoy en un banco tirado en el suelo o detrás de una pancarta estoy rezando porque tengo miedo. Temo la violencia y que la cosa se vaya de las manos, y pido siempre mientras protesto por que termine bien y por que no haya sufrimiento para el pobre".

Este "antisistema", que aspiró a la secretaría general de Podemos en Las Torres de Cotillas y está a la espera de que el ayuntamiento le permita pagar el IBI del piso parroquial en el que vive, como ha pedido, subraya la extraordinaria evolución que han experimentado en las últimas décadas las fuerzas de seguridad del Estado en especialización profesional y, sobre todo, "humanidad" en el trato.

"Ahora estoy operado de las dos caderas y lo saben. En los desalojos, cuando estoy tirado, me cogen de los brazos y actúan con consideración. Incluso me llegan a preguntar '¿por qué nos haces esto, cura?" (...) y es que la sotana representa la ética y los valores que sienten suyos", reflexiona.

Hay contadas excepciones -recuerda- y una de ellas fue la actuación indiscriminada de un antidisturbios que fue en su búsqueda al disolverse una manifestación en el segundo día de protestas violentas en las vías del tren. "Estábamos en Ronda Sur, ya habíamos terminado, y un policía fue a por mí. Recibí muchos palos", explica sereno.

Enlaza decenas de anécdotas de su infancia y juventud, en la que se recuerda "muy activo e hipersensible", siendo delegado estudiantil, novio de una chica de la que cayó rendido o incluso aspirante frustrado a la alcaldía de Moratalla por tener solo 16 años, con reflexiones sobre el sentido de la vida y la entrega a los demás.

"Si algo he aprendido es que la vida es una lucha continua por tu libertad y que nunca pediré permiso por nada", afirma antes de aclarar que esa "rebeldía" significa asumir la responsabilidad plena de los errores, y pedir perdón y rectificar. "Si me equivoco, me equivoco yo, no el obispo. Por eso jamás pido permiso".

"Yo voy a dialogar, a exponer lo que pienso, a buscar la concordia..., pero nunca a pedir permiso. Prefiero pedir perdón antes que permiso", asegura, convencido de que esa libertad de actuación va siempre ligada a aceptar que "vas a entrar en conflicto con el poderoso, del tipo que sea, porque si no te da permiso siente que no te domina ni te controla".

Joaquín Sánchez hace continuas referencias a su padre, un hombre conservador "muy especial", que ejerció la paternidad de forma activa por la enfermedad de su mujer, y quien le enseñó que la "bondad está por encima de la maldad y que hay que elegir entre esos dos caminos. No hay más".

De esa época recuerda como "impactante" su primera detención en una protesta estudiantil en segundo de BUP porque aprendió "que las personas están por encima de la ideología" al sentir el apoyo de mucha gente de derechas y el "abandono" de quienes habían hecho huelga como él, pero se habían librado del arresto.

Entre esos primeros años de democracia y la actualidad han pasado por la vida de Joaquín Sánchez estudios de Teología, su ordenación como sacerdote en 1987, idas y venidas en su relación con el Vaticano -hoy de admiración por el papa Francisco-, miles de desahucios paralizados y una infinita lista de "inmigrantes, prostitutas, pobres, ancianos, locos y presos" a los que dedica su ejercicio pastoral.

Del papa, explica: "me salvó de que me echaran de la iglesia. Esa foto hizo daño y soy todavía cura gracias a él", apunta al recordar su poco protocolaria imagen en el Vaticano, vestido con una camiseta de "Stop desahucios", junto a un sonriente pontífice. "Su respaldo aquí gustó poco, la verdad.

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