22 de junio de 2019
22.06.2019
La Opinión de Murcia
Pintando al fresco

Oposiciones

21.06.2019 | 20:55
Oposiciones

Mientras que ustedes están leyendo esto, tan tranquilos, muy cerca se están examinando de oposiciones a la Enseñanza un montón de hombres y mujeres que se juegan mucho. Se juegan la tranquilidad de un trabajo fijo, un sueldo normal, sin grandes cifras, pero suficiente para ir tirando, y quizás una boda que se hace posible, tener un hijo o dos, desarrollar la vocación que han tenido siempre. En fin, yo qué sé cuántas cosas piensa uno cuando está preparando unas oposiciones, y, un día, levanta la cabeza de los apuntes y se pone a soñar.

Todos los que están sentados en esas aulas han estudiado, aunque bien es verdad que no todos lo mismo, ni en las mismas condiciones. No es igual estar dedicado únicamente a preparar las oposiciones que estar trabajando y estudiando, circunstancia esta que en la Enseñanza se da bastante a menudo. Eres interino y a la vez preparas la oposición. Eso quiere decir que fundamentalmente estudias cuando acabas el trabajo o antes de empezar. Suele ser normal levantarte a las 5 o a las 6, dedicarle unas horas al estudio, ir al colegio o al instituto a trabajar, pasar el día, llegar a tu casa, ducharte y ponerte hasta que el cuerpo aguanta. Y corregir tus propios exámenes, preparar las clases, rellenar papeles, informes y leches en vinagre.

¿Y los fines de semana? Puedo asegurarles que eso es lo peor. Mientras que los demás descansan, tú has de buscar el lugar más tranquilo posible, quizás una casa de veraneo en invierno, y retirarte allí tratando de sacarle partido al tiempo del que en esos días dispones. Sin lugar a dudas es un sacrificio, cualquiera que sean tus circunstancias. Si eres joven y soltero, hay que aguantar las naturales ganas de vivir, de salir, de etc., etc., y centrarte en los temas de la oposición mientras te hierve la sangre. Si estás casado y tienes críos, todavía más cabreo al no poder estar con ellos ni siquiera esos fines de semana después del trabajo diario. Puedo asegurarles y les aseguro que no hay nada más duro que estar un sábado del mes de enero, solo en una casa de Cabo de Palos, estudiando El Adjetivo y su comparación, según R. Quirk, contrastándolo con otros autores. Me dan ganas de vomitar al recordarlo.

Además, estos hombres y mujeres que están ahora mismo examinándose ahí cerca de nosotros, han mirado alrededor y han visto a los otros que están haciendo lo mismo que él o que ella, y saben que no todos van a entrar, que en alguna especialidad se presentan 15 por plaza, o sea, que sobran 14 de los que lo rodean. Y no se crean que son muchos. En otras oposiciones ha habido bastantes menos. Y también está lo de la dificultad de los exámenes y la forma de corregirlos. En las últimas que se celebraron aquí el año pasado para profesores de instituto, la escabechina fue total y los gritos de dolor dieron la vuelta al mundo. Un examen complicado tiene la ventaja de que demuestra claramente quién ha estudiado y quién no lo ha hecho, pero, si se pasan al ponerlo complicado, puede ocurrir un desastre como el del año pasado. Hace años, un tribunal de Inglés puso como texto un trozo de La conjura de los necios, de John Kennedy Tool, que era un poco canallada, porque se trata de inglés americano y encima con giros barriobajeros y léxico propio de gente iletrada. Resultaba muy difícil, pero se justificaba en que había 17 plazas para alrededor de 1.000 opositores. O sea, que había que saber para poder conseguir una.

Y luego viene lo del concurso, que no es moco de pavo, porque está claro que la experiencia debe ser algo muy cuantificable. Que Dios reparta suerte.

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