22 de junio de 2019
22.06.2019
Especial
Murcia CityHub
Director de Ingeniería y Analytics de Iecisa

Manuel Aranda: "Debemos tratar nuestra identidad digital igual que la no digital"

"La tecnología ya atiende de forma digital a las personas que llegan a las ciudades a través de casi cualquier medio de transporte y elimina barreras como el idioma o la falta de datos sobre servicios locales"

22.06.2019 | 04:00
Manuel Aranda, durante una de sus intervenciones en el evento Murcia CityHub.

El desarrollo sostenible de las ciudades es un tema estratégico que se ha tratado en el evento Murcia CityHub, organizado por este periódico junto con el Ayuntamiento de Murcia, Prensa Ibérica y Manager Focus. Este desarrollo conlleva también la digitalización de numerosos procesos, tanto dentro del ámbito privado como del público, y, sin duda, también nuevos hábitos de vida.

Director de la división de Ingeniería y Analytics de Informática El Corte Inglés (IECISA) y experto en estos temas, Manuel Aranda nos ofrece algunas claves sobre cómo es necesario afrontar estos nuevos desafíos.

Usted ha participado en Murcia CityHub, donde se han analizado los retos que tienen hoy las ciudades. Desde su perspectiva, ¿cuáles destacaría usted?
Probablemente, el mayor reto es hacer los servicios digitales sostenibles en el tiempo y mantenerlos actualizados atendiendo a las necesidades puntuales de los ciudadanos. Hay camino por recorrer, especialmente en movilidad, uno de los servicios más complejos a los que cada día se enfrentan las ciudades. Las plataformas MaaS (Mobility as a Service) permiten el uso de múltiples servicios de movilidad y opciones para llegar de un punto a otro de la ciudad con certeza en los tiempos de desplazamiento independientemente del tráfico o de las condiciones, de una forma rápida y eficiente energéticamente y con la comodidad de un pago sin tarjetas o efectivo.

Por otro lado, las ciudades deben escuchar a los ciudadanos o visitantes y adaptarse a sus necesidades. Afortunadamente, la tecnología permite hoy atender a las personas que llegan a las ciudades a través de casi cualquier medio de transporte de una forma digital, mejorando su experiencia desde el minuto uno, eliminando barreras como el idioma o como la falta de información sobre la oferta de servicios de la ciudad. Los servicios digitales se han convertido en el principal medio de comunicación entre las personas y la ciudad.

Esta cada vez mayor digitalización conlleva, por otra parte, riesgos en lo que se denomina «ciberseguridad». ¿Podría enmarcarnos este desafío? ¿De dónde vienen las principales amenazas?
Hoy en día, la tecnología y la hiperconectividad son los dos factores clave de desarrollo en el marco de las smart cities. Los ciudadanos dan por hecho que los servicios son digitales, y no solo los nativos digitales, sino que todos los ciudadanos confían en poder acceder a los servicios públicos de forma digital. En paralelo, nuestra confianza en la tecnología es creciente por su proximidad, por la facilidad de uso y por la velocidad de acceso a los servicios que proporciona. Esa confianza supone un riesgo si no va acompañada de una concienciación imprescindible en el uso de la tecnología y en unas medidas mínimas que reduzcan la posibilidad de que se materialicen amenazas contra nuestra privacidad o contra el uso de nuestra identidad en un mundo de servicios digitales.

En el mundo de las smart cities, los expertos hablan de 50.000 millones de «cosas» conectadas en 2020. Hablamos de sensores que hacen encenderse las farolas y los semáforos o que controlan el caudal de agua de riego o hasta de sistemas de información embarcados en el transporte público. La prioridad de la industria ha sido poner a disposición del mercado equipos económicamente eficientes, priorizando el precio sobre la robustez desde el punto de vista de la seguridad. En ese contexto, los servicios digitales de las ciudades necesitan ser protegidos frente a las amenazas del mundo «cíber».

A menudo son las personas las que facilitan, sin darse cuenta, la entrada a los ciberdelincuentes, ya sea a nivel particular o, incluso, dentro de las organizaciones. ¿Nos podría dar algunas medidas básicas para todos?
Es cierto. Siempre decimos que el eslabón más débil es el factor humano. Es necesario invertir mucho más en concienciación y en formación en seguridad tanto de los ciudadanos como de los prestadores de servicios públicos. Las medidas básicas de protección pueden ser muy simples y efectivas, como tener passwords en dispositivos móviles y no permitir el uso de la cámara y el micrófono o el acceso a la galería de fotos o a documentos a las aplicaciones que no lo necesiten.

Como recomendación general, deberíamos hacer un uso de nuestra identidad digital (usuarios, passwords, número de teléfono, correo electrónico...) como lo haríamos en el mundo no digital. ¿Daríamos la dirección de nuestra casa a cualquiera que nos la pidiera?

La identidad digital es otro campo que está experimentando una gran evolución. ¿Hacia dónde avanzamos y de qué forma se integra en el día a día de los ciudadanos?
Recientemente ha aparecido en el mundo digital el concepto de "identidad soberana", una idea en la que IECISA está trabajando dentro del consorcio Alastria (asociación de empresas españolas para el desarrollo de un ecosistema blockchain). La base es que la tecnología permite hoy generar una identidad biométrica, única y completa para su uso en el mundo digital. El ciudadano sería propietario (soberano) de su identidad y podría decidir qué información comparte en cada caso con ciertos servicios digitales: un banco o la Administración no nos pide la misma información para usar sus servicios que clouds públicas como Facebook o Instagram. La biometría permitirá acabar con la multiplicidad de contraseñas y la tecnología blockchain garantizará la integridad de las transacciones realizadas desde una identidad verificada por medio del consenso.

En el futuro permitiré que mi banco comparta los datos mínimos que yo quiera con otros bancos de los que no soy cliente, sin necesidad de gestiones adicionales por medio de la identidad soberana. Podremos consumir servicios de entidades de las que no somos clientes administrando nuestra identidad en función de los servicios que queramos consumir.

Un aspecto importante para la sostenibilidad dentro de este desarrollo y transformación digital es la integración de todos en el proceso. ¿Cuáles son para usted las claves?
Una vez dado el paso hacia una ciudad conectada y hacia la evolución de los servicios digitales, solo queda extenderlos a todos los ciudadanos. Para ello hacen falta políticas de fomento que consigan que las personas se sientan parte de la comunidad, a través del uso interactivo de los servicios, la simplificación y la facilidad de uso, incorporando a los colectivos menos digitales, como los mayores o las personas en riesgo de exclusión social, y desarrollando nuevos servicios que sean fruto de la interacción de los ciudadanos con la ciudad. La ciudad también debe escuchar.

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