12 de junio de 2019
12.06.2019
Apuntes al natural

No fue un pregón

El pacto de Ciudadanos con el PP y Vox era ya cosa cantada, y el advenimiento de Alberto Castillo como presidente muy comentado

12.06.2019 | 04:00
No fue un pregón

Pues que era el día de la constitución de la Asamblea para esta legislatura, que es la décima, y allí estábamos una vez más dispuestos a fijarnos mucho para poder contarles a ustedes, los que no asistieron porque tenían que ir a trabajar, lo que pasó en ese edificio cartagenero tan peculiar. Vamos a ver si yo soy capaz de darles aquí unas pinceladas del ambiente que se creó en este mundo de la política murciana, que estaba de estreno ayer, por más que algunos y algunas ya estaban estrenados de otras legislaturas.

En primer lugar, hay que decir que había algunas autoridades y personajes, en funciones, o en perfecto desempeño de sus cargos. Antonio Gómez Fayrén, José Antonio Cobacho, Juan Antonio de Heras, Carlos Collado, Ana Belén Castejón, Noelia Arroyo, Antonio León Garre, y un largo etcétera, con algunos uniformes de la Marina y de Tierra, o sea, que hasta ahí muy bien, como en las grandes ocasiones (luego ya veremos a los que vienen cuando se debata el problema de los accesos a los pueblos del Noroeste).

Es menester decir aquí también que aquello estaba lleno de padres, madres, esposas, maridos, hijos e hijas de los diputados y diputadas que venían para ser testigos de la toma de posesión de sus hijos, maridos, esposas, etc. Siendo la sesión lo que era – 45 juramentos o promesas, tres votaciones y un discurso-, en total, 2 horas de reloj de mete la papeleta y saca la papeleta, la presencia de los chiquillos se veía un poco cruel para ellos, porque sí que es verdad que su padre, o su madre, salían allí con un papel en la mano, pero había que esperar a que los otros 44 metieran la cosa para que el progenitor saliera otra vez. Y, oye, había chiquillos, incluso muy pequeños que no se enteran de nada. Menos mal que el diputado que tiene 10 hijos no se los trajo, porque aquello habría parecido ya un jardín de la infancia.

En cuanto a los temas de conversación, pues que ya saben ustedes, que donde dije digo, digo Diego. El pacto de Ciudadanos con el PP y Vox era ya cosa cantada, y el advenimiento de Alberto Castillo como presidente muy comentado desde distintos ángulos. El rollito de que por fin había un presidente que no pertenecía al bipartidismo era promulgado por cualquier miembro o miembra de Ciudadanos que te encontraras, y que lo que querían decir cuando hablaban de regeneración era esto, fíjate tú. El mundo PP ardía en fiestas, aunque muy comedidos en sus comentarios todavía, no vaya a ser que se tuerza la bicoca. Uno de ellos, con el que tengo mucha confianza, y que está algo cabreado con la cúpula, me decía: «Ya verás cuando los pipiolos estos de Ciudadanos lleguen a San Esteban. Los míos tienen ya el rabo más que pelado y sabrán cómo torearlos».

Con Pascual Salvador, líder de Vox, charlé un rato. Se le veía contento. Ha sacado lo que tenía que sacar y los otros han tragado lo que tenían que tragar, así que puede relajarse. Por cierto, los cuatro diputados juraron su cargo y añadieron al final de la fórmula habitual «..y España», como si ellos sí tuvieran en cuenta a nuestro país y los otros no. Claro que también los de Podemos añadieron no sé qué de la democracia y la gente. Cada loco con su tema, que decía mi madre.

Vistos de cerca, podías comprobar que las diputadas y diputados se habían puesto limpios para este día. Quiero decir que habían elegido con cuidado qué ropa se ponían. En general, ellos con poca imaginación: trajes de toda la gama de azules desde el azafata chillón al oscuro noche en su mayoría, y con corbata todos menos Urralburu, que iba de vaqueros con americana y sin que le colgara nada del cuello. Ganas de destacar y parecer más progre. Ellas, más imaginativas, según comentó una periodista, cubrían con sus vestimentas la gama que va desde la celebración de una boda, a la discreción más absoluta. Yo no entiendo mucho, pero efectivamente sí que parecía que alguna iba a una boda. Oye, allá cada cual.

Para terminar, quisiera dejar constancia aquí de la mala uva que a veces tiene la gente. En un momento del acto, alguien preguntó: «¿Qué falta para que esto acabe?», a lo que un periodista respondió: «Ya solo queda el pregón de Alberto Castillo». Es verdad que Castillo es un especialista en pregones, pero se trataba del discurso institucional del presidente de la Asamblea. Cuánto cachondeo, oiga. Bien es verdad que tuvo su 'momento pregón' cuando empezó a hablar de «¡la gente que habla en la calle del Carmen de Cartagena, los que se toman una cerveza en la Trapería de Murcia, en la Corredera de Lorca, los de Alhama y los de Totana!, etc», pero, hombre, en general, no fue un pregón, fue un discurso. Es que son ganas de ofender. Ustedes no saben cómo está el mundo del periodismo.

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