07 de abril de 2019
07.04.2019
La Opinión de Murcia
Instituto Armado

Abiertos 24 horas

Los agentes que se encuentran destinados en la sección del Núcleo de Servicios de la Guardia Civil ven de todo: desde paisanos que van a dar gracias hasta sujetos que afirman que desean ser arrestados y hacen méritos para ello

07.04.2019 | 04:00
Los agentes Belda y Balanza, en la puerta principal de la Comandancia.

Francisco Belda tiene 52 años de edad y lleva 33 en la Guardia Civil. Raquel Balanza tiene 44 y los últimos 17 los ha dedicado al Cuerpo. Son dos de los agentes que se encuentran destinados en la sección del Núcleo de Servicios de la Comandancia de Murcia.

Un lugar, en la plaza Inocencio Medina Vera, que está abierto 24 horas, todos los días del año. Por tanto, en la puerta siempre tiene que haber agentes de servicio. Profesionales que trabajan en tres turnos. Y que se encuentran de todo: desde ciudadanos que preguntan qué tienen que hacer para jurar bandera a paisanos que entran a contar sus historias y, en ocasiones, a dar las gracias por los servicios prestados en anteriores ocasiones.

Los guardias que trabajan en la puerta (en la Comandancia hay dos: la principal, para las personas que van a pie, y la trasera, para los vehículos) también se ocupan de vigilar el centro de detención, esto es, el calabozo más grande de todos los que tiene el Instituto Armado en la provincia. En concreto, explican Belda y Balanza, se dedican, con la ayuda de un sistema cerrado de vídeovigilancia, a la custodia de los arrestados, así como a vigilar el perímetro de toda la Comandancia. Los agentes llevan a cabo, asimismo, rondas de control de los vehículos estacionados en la zona. «Tenemos un circuito cerrado de televisión, está todo permanentemente controlado», manifiesta Francisco Belda.

Más cosas que hay que hacer: todos los días se iza la bandera. Está en la puerta principal de la Comandancia. A las ocho de la mañana. Y luego se procede a su arriado, a las ocho de la tarde.

No solamente en la Comandancia está esta figura: en cada cuartel de la Región hay al menos un guardia de puerta, atendiendo el teléfono o recibiendo a las personas que acuden al cuartel.

Cámaras y agentes que han dado lugar a esclarecer delitos en apenas minutos. Por ejemplo, los guardias civiles vieron, como en la misma plaza de la Comandancia, le quitaban el teléfono móvil a una persona. En otra ocasión, un individuo intentó robar una moto en la misma puerta de la barrera. Alegó que no sabía que eso era la Guardia Civil. Y les ha pasado que han tenido que socorrer a gente: viandantes que han sufrido un infarto, los agentes han visto por las cámaras cómo se desplomaban y han acudido a reanimarlos hasta la llegada de los sanitarios. Les han salvado la vida.

En su puesto de trabajo, la amabilidad es su santo y seña. «Somos la primera cara que ve el ciudadano de la Guardia Civil», señala Francisco Belda. «Si podemos solucionarle el problema, lo hacemos. Si no, le derivamos a las distintas unidades», destaca. Todo ello «con el mejor trato posible», hace hincapié.

A la hora de estar en la puerta, los agentes han de tener presente «que la uniformidad esté en perfecto estado», ya que «son la imagen de la Guardia Civil». «Se nos requiere lo que a todos, pero un poco más», afirman.Raquel Balanza valora el día a día con los ciudadanos y remarca que «nuestro trato hacia ellos es exquisito». Un '¿en qué puedo   atenderle, caballero?' para que «cuando esa persona se vaya, lo haga pensando en lo bien que ha sido tratada», apostilla.

Además, prosigue la agente, se da la circunstancia de que «aquí viene mucha gente detenida, muy nerviosa, a la que le sobrepasa la situación». En esos momentos, los guardias civiles se ocupan de su bienestar: desde el que pasa por tranquilizarles o directamente llamar al 112, si es necesario. «Tenemos que garantizar su integridad física», asevera Raquel Balanza cuando habla de las personas que pasan por el centro de detención de la Comandancia.

Emplazadas en la planta baja de la Comandancia, por las dependenciasde los calabozos pasan (y, en la mayor parte de los casos, pernoctan) los detenidos antes de pasar a disposición judicial. En el centro de detención hay seis celdas. Como máximo, cada una de ellas acogerá a un mismo inquilino el tiempo mínimo imprescindible para su pase a disposición judicial y como máximo 72 horas.

Coinciden Belda y Balanza en que «la psicología que se tiene que utilizar con el ciudadano aumenta en el caso de los detenidos», por lo que es de vital importancia saber mantener «la calma».

Belda calcula que pasan por ahí «una media de cincuenta o sesenta personas al día». Preguntados por las cosas raras que han visto en su oficio, rememora que una vez llegó un sujeto «que quería que lo detuvieran». «Vengo a que me detengan, ¿qué puedo hacer?», dijo y finalmente, «a pesar de que se le intentó tranquilizar, el tipo tiró una piedra al cristal de la garita de guardia y se le detuvo», explica el agente.

En otra ocasión «hubo un atracador que robó un banco y vino aquí con el arma, a entregarse», apostilla. De hecho, el delincuente lo admitió: «Acabo de robar un banco», sentenció.

Raquel Balanza, por otro lado, comenta que «el día del Sorteo de Navidad de la Lotería Nacional, vino una señora, poco antes del mismo sorteo, que quería poner una denuncia porque había perdido los décimos».

Belda apunta que el trabajo de la puerta «es ameno, porque, dentro de tu rutina, cada día es distinto y te puedes encontrar de lo más inverosímil a lo más creíble». Y luego hay quien se acuerda toda la vida del favor que le hizo un agente anónimo. «En la estación del tren, una vez se me acercó un chaval y me dijo: «Usted es guardia civil. Es usted mi ángel». Yo no le conocía. Me explicó que había estado detenido y que yo le llevé un bocadillo y le consolé.
Y el chaval vino a decírmelo», comenta Francisco Belda.

Mientras los agentes Belda y Balanza atendían amablemente a LA OPINIÓN en la puerta de la barrera, por donde salen y entran los vehículos a la Comandancia, una señora que pasaba por ahí con su carrito de la compra les requirió un momento para preguntarles cuáles eran los pasos que ella tenía que seguir para jurar bandera, que era algo que le hacía mucha ilusión. Hay que rellenar una solicitud y mandarla a Defensa. Necesita tres requisitos: tener los 18 años, ser española y no haber sido declarada incapaz.

La institución de la Guardia Civil fue creada el 28 de marzo de 1844 y reformada el 13 de mayo del mismo año por Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada, que fue el primer director general. Por tierra, mar y aire se dejan la piel los alrededor de 2.000 agentes (la mayoría varones, solo 72 son mujeres) que trabajan en la V Zona de la Guardia Civil, la que corresponde a la Región de Murcia. En la sede (la Comandancia de Murcia) y los distintos cuarteles se reparten los profesionales del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona), la Policía Judicial, los equipos ROCA (Robos en el Campo) y los Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX), entre otros departamentos.

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