02 de abril de 2019
02.04.2019
La Opinión de Murcia
Asamblea

Un acto guapo para personas sensibles

02.04.2019 | 04:00
Un acto guapo para personas sensibles

Es probable que ayer todos ustedes, seres humanos que habitan la Región de Murcia, estuvieran tan tranquilos en sus casas, quizás sin haberse percatado de que en la Asamblea Regional estaban aprobando el documento que marcará nuestras vidas en los próximos años, el nuevo Estatuto de Autonomía que nuestros representantes políticos han estado discutiendo durante los últimos 14 años, y que, por fin, han conseguido consensuar y votar por unanimidad. Por una vez y sin que sirva de precedente, los 45 representantes de los partidos firmaron y votaron todos juntos en unión, y eso es lo más difícil del mundo mundial, así que debemos pensar que el de ayer fue un día importante para nosotros, los de aquí.

El acto comenzó con la firma por todos y cada uno de los diputados del Estatuto, con dos bolígrafos, uno para unos y otro para otros, y siguió con un pleno en el que hicieron uso de la palabra los portavoces de los cuatro partidos con representación, PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos, que le dieron a la mañana un aire nuevo, una cosa bastante especial de aire, diría yo, porque está claro que allí, además de lo del Estatuto, subyacían otras cosas, otras cuestiones que tienen que ver con los días que vivimos de hacer listas y deshacerlas para meter a este hombre o a aquella mujer. Ya antes de comenzar, en la parte del público en la que estaban sentados lo más granado de nuestro poderío político y social (había jueces, rectores, secretarios generales, diputados, senadores, personajes históricos de esta Región, fichajes de los partidos para las próximas elecciones, fichajes de los partidos para las elecciones anteriores y que ahora no han sido fichados para estas, aspirantes a cargos, personas que estaban allí para que los vean, periodistas, fotógrafos, presidentes, jefes y algún que otro subalterno), es decir, que, además del Estatuto, allí había tela del telar.

Rosa Peñalver dijo unas bonitas palabras de introducción, dejando su asiento en la mesa y bajando al atril desde el que hablan los diputados rasos. Como es natural, la mujer está contenta porque ha sido durante su presidencia cuando se ha terminado de peinar y lavar el Estatuto, que la comisión llevaba ya mucho tiempo dale que te pego con que yo quitaría esto pero no puedo porque mi partido no me lo permite, o yo quisiera pero me cuesta, o lo siento pero eso ni pensarlo, y así 14 años. Haber llegado a un acuerdo es muy de destacar y así lo hizo esta señora que ha sido la primera mujer que llega a ser presidenta del Parlamento y que hasta sus peores enemigos dicen que lo ha hecho bien. Quizás por eso es por lo que su partido no la ha puesto en las listas de las próximas elecciones. Qué sé yo.

A continuación les llegó el turno a los portavoces. El primero, Joaquín López, por el PSOE, que hay que ver cómo ha mejorado este joven con el tiempo a la hora de hablar, que se expresa con claridad y pulcritud, de lo cual me alegro porque va a ir al Senado y no me gustaría que dijeran al oírlo «vaya, otro de Murcia», que no es que yo me avergüence de nuestro acento, pero es que estoy hasta las narices de que nos tomen el pelo con lo del «pan, pijo y habas». La cosa iba de lo que fueron todas las cosas de la mañana: que qué bien que hemos sido capaces de consensuar esto, de llegar a un acuerdo, y así sucesivamente. Y adiós que me voy a Madrid, chicos.

Óscar Urralburu, por Podemos, habló con ese toque docto que él les da a las cosas, muy bien de vocabulario, en plan profesor de adultos formados que ya saben lo que vale un peine y han leído a Ruiz–Funes. Fue repasando lo más llamativo del Estatuto, las llamadas a la igualdad, el derecho al sol y demás temas podemitas. Se quejó de que no se hubiese aplicado el lenguaje no sexista, pero es que si empezaban con las pegas gramaticales modernísimas tardaban otros 14 años. Él se queda en la Asamblea –bueno, si lo votan – y parece estar a gusto allí poniendo el toque izquierdoso total, que si no lo pone él, a ver quién lo pone.

Le tocó el turno después a Miguel Sánchez, el portavoz de Ciudadanos, que tenía el problema añadido de que le decía adiós al Estatuto viejo, a su escaño, a la Asamblea, a sus compañeros, a sus contrincantes, a los ujieres, a los periodistas y a una señora que pasaba por allí. Y lo hizo pormenorizadamente, uno a uno y por su nombre, con la voz algo quebrada por la emoción del momento. Tan sensible lo vi que me temí que se pusiera a darle besos y abrazos a todo el mundo, pero la verdad es que se conformó con los halagos orales.

El último portavoz, Víctor Manuel Martínez, del PP, hizo un gran discurso, perfectamente estructurado y con un repaso a todos los puntos esenciales del Estatuto: Cultura, Educación, tradiciones, etc. Dedicó un buen rato a despedirse, como si se fuera de verdad, y lo hizo muy medido, dando las gracias a todo el mundo. Algunos de los prohombres que asistían al acto me comentaron después la valía de este diputado, y me dijeron que no creían que fuesen a prescindir de él. Yo les dije que había leído que el presidente López Miras cuenta con él, lo que no sé es para qué. En fin, las cosas de los partidos.

López Miras pronunció unas palabras para acabar el acto, congratulándose por el consenso. Y yo les voy a decir quiénes fueron los verdaderos triunfadores de la mañana. En primer lugar, todo el mundo recordó a José Antonio Pujante Diekmann, el diputado de IU que falleció hace poco y que fue un gran político y una excelente persona, de lo que yo también doy fe. Y la otra gran triunfadora fue Encarnación Fernández de Simón, letrada mayor de la Asamblea, a la que todos le reconocieron su magnífico trabajo y el de su equipo en la redacción de este Estatuto.
O sea, que un acto guapo, de consenso y tal, emotivo y para personas sensibles. Ya veremos lo que nos depara el destino en la próxima legislatura.

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