16 de febrero de 2019
16.02.2019
Entrevista
Profesora de Lengua de la Universidad de Málaga

Susana Guerrero: "No somos conscientes de que hablamos de forma sexista"

La docente malagueña impartirá el próximo miércoles un taller sobre lenguaje igualitario en la Facultad de Ciencias del Trabajo de la UMU, en Murcia.

16.02.2019 | 18:19
Susana Guerrero, profesora de Lengua de la Universidad de Málaga

Reivindica que evitar el sexismo, contra el que combate, es mucho más que "desdoblar las palabras".

No somos conscientes de que hablamos de forma sexista», sostiene la profesora de Lengua de la Universidad de Málaga Susana Guerrero (Málaga, 1969). La docente, que lleva años explicando la importancia de la comunicación igualitaria, ofrecerá el próximo miércoles un taller en la Facultad de Ciencias del Trabajo de la Universidad de Murcia para mostrar cómo se detecta el sexismo en el lenguaje. Los refranes concentran parte de esos mensajes discriminatorios («De la mujer y el mar no hay que fiar»); aunque otros, por fortuna, han desaparecido porque «hoy serían apología de la violencia», como «La mujer y la burra, cada día una zurra». Pero el sexismo también se encuentra en las expresiones del día a día: «Pórtate como un machote; pórtate como una señorita». Los periodistas tampoco estamos exentos, reprende Susana Guerrero, que da clases también a estudiantes de Periodismo: «En el 90% de los titulares, se nombra antes a los hombres: Nadal y Carolina Marín...». Y eso sí, advierte la profesora, el uso igualitario del lenguaje «nada tiene que ver con la parodia de desdoblar las palabras».

¿Nuestra lengua es sexista? ¿O es el uso?
El uso, sin duda. Porque si dijéramos que el español es una lengua sexista, no tendría sentido hacer talleres y corregir nada. Es decir, si es sexista, no podemos cambiar nada. Sin embargo, la lengua española tiene una riqueza enorme y podemos cambiar la manera de decir las cosas. Son los usos: la podemos usar de un modo sexista, como la podemos usar de un modo racista u homófobo. La lengua es un instrumento, que se puede utilizar bien o mal.

¿Cuál es la base del sexismo en el lenguaje?
Hay un sexismo que es social, histórico e institucional. Es decir, la sociedad ha sido construida basándose en los hechos de un grupo privilegiado, que han sido los hombres tradicionalmente. Es el androcentrismo, con un hombre en el centro de la humanidad hasta el siglo XX. El hombre ha hecho el arte, la política, la ciencia, el pensamiento€ Y el lenguaje muestra eso; el lenguaje refleja la realidad y al final se hacen expresiones que son estereotipadas. Si había dos géneros gramaticales en España, el masculino y el femenino, si hubo que elegir a uno que englobe a los dos, se escogió al masculino porque tiene un privilegio y un prestigio que no tiene el femenino, desgraciadamente.

¿Somos conscientes de que hablamos de una forma sexista?
Creo que no. La lengua la adquirimos como lengua materna y la reproducimos simplemente. En mi experiencia en los talleres, a mucha gente se le enciende la bombilla y por primera vez se da cuenta de que lleva mucho tiempo usando expresiones que podría usar de otra manera. Un ejemplo: en español podemos insultar a un hombre en femenino y lo insultamos doblemente. «Paco, eres una cotilla». Es una manera de decirle que además de ser cotilla es como una mujer; de ahí que muchas veces se utiliza el insulto «eres una nenaza» o «has jugado como una señorita» para descalificar al hombre. Esto se hace porque el femenino está desprestigiado y se insulta a los hombres en femenino. Eso no se hace al revés. A una mujer no se le ofende más porque se la insulte en masculino. Lo masculino es prestigioso. Por eso algunas mujeres se autodenominan en masculino cuando nombran su profesión: soy médico o soy abogado, dicen, cuando si es una mujer debería decir que es médica o abogada. Ese prestigio que tiene lo masculino hace que exista el complejo de usar la forma femenina, porque está asociada con cosas secundarias. Las profesiones que se feminizaron rápidamente fueron las de bajo estatus social: sirvienta, dependienta€ Pero arqueóloga o médica son profesiones nuevas. Por eso cuesta nombrarlas en femenino, que es lo correcto gramatical y morfológicamente.

¿Son muy comunes las expresiones que tenemos que desterrar por sexistas?
Sí, son bastantes. Cuando una mujer grita o levanta la voz es una histérica, mientras que si lo hace el hombre se acepta como normal. En el tráfico, si hay un problema: «Mujer tenías que ser». Y también hay frases sexistas para los hombres. Expresiones como «eres un calzonazos» para decir que un hombre no tiene autoridad proceden de los estereotipos puros y duros, que no tienen sentido. No hay que confundir atributos que son de personas para ponérselos a hombres y mujeres. Estoy en contra de las generalidades. Dicen que las mujeres somos malas. Me gustaría saber el estudio científico que ha demostrado que somos más malas que los hombres. Sólo habría que mirar los datos de cárceles y delitos...

¿Y por qué decimos «la Pantoja» y no «el Serrat»?
En el ámbito folclórico, sí se hacen apodos para ellos y para ellas. Pero en ámbitos como la política y la economía jamás encontramos un determinante delante de un nombre masculino y sí delante del femenino. Nunca se dice «el Zapatero» ni «el Rajoy», pero sí «la Soraya€ Siempre es más fácil tomar lo femenino de forma despectiva y sin embargo el hombre se relaciona con la seriedad. El tratamiento no es asimétrico.

¿Y cómo se puede corregir?
La única manera es la formación. Yo creo en la educación. Hay gente que no ha oído hablar de lo que es el lenguaje no sexista o el uso igualitario del lenguaje y la mayoría tiene una idea equivocada. Cuando lo pregunto en los cursos, todo el mundo piensa que se refiere a una persona que va a decir: «Buenas tardes a todos y a todas, y queridos y queridas». Se quedan con la parodia. El lenguaje igualitario abarca muchas más cosas. Es algo serio y estudiado por muchas lingüistas. Pero no llega a los medios de comunicación; llega si alguien dice «miembro» o «portavoza» y se arma el escándalo€ Eso es lo que queda. Falta formar a la gente y explicarle cómo funciona la lengua, que cambia cuando cambia la sociedad. Y la sociedad está cambiando afortunadamente. Hay mujeres en todos los ámbitos y la lengua tiene que nombrarlas cuando llegan a ese sitio. Una lengua viva es una lengua que cambia para adecuarse a la nueva realidad. Y eso pasa en todas las lenguas, como ocurre en la inglesa, donde se han cambiado tantas palabras que acaban en man por person.

¿Y qué opina cuando escucha los plurales desdoblados?
Hay ocasiones puntuales que tienen sentido. Por ejemplo, al principio de un discurso. Es una manera de mostrar que te diriges a todo el mundo. Pero es insostenible utilizar todo un discurso con formas desdobladas. La lengua da muchas posibilidades: puedes utilizar nombres abstractos, colectivos, perífrasis que no desluzcan el estilo; podemos utilizar las palabras que no tienen marca de género de la lengua española, como en vez de «el cual» ponemos «quien». Hay muchos recursos para utilizar un lenguaje que sea igualitario y no quedarnos sólo en el masculino genérico. Las formas desdobladas son correctas, pero abusar de ellas produce cacofonía. En el fondo es utilizar un poco de sentido común.

¿Considera que hay que revisar el diccionario?
Se puede revisar poniendo marcas de uso a las palabras, pero no eliminando palabras que se emplean. No por quitar una palabra del diccionario desaparece de la realidad. El diccionario tiene que ser una obra de consulta que nos ayude. Si una persona extranjera que no sabe español escucha la palabra «zorra» y va al diccionario y no existe la palabra, entonces nunca sabrá que acaba de escuchar un insulto. Las palabras, nos gusten o no, tienen que estar, pero bien marcadas. Que te explique que una palabra como «zorra» es despectiva y un insulto. El problema del diccionario es que hay palabras que no están marcadas, y eso sí que hay arreglarlo. Un instituto propuso a la academia que quitara el término fregona como criada. Pero entonces no entenderíamos el personaje de Cervantes de la Fregona. Esa palabra se tiene que quedar, pero señalando que es anticuada.

¿Qué opina de la propuesta de revisar lingüísticamente la Constitución?
Además de aspectos lingüísticos, habría que revisar muchas más cosas de la Constitución, como la Ley Sálica.

La RAE ha estado en el punto de mira del feminismo.
La Academia se ve condicionada porque hay muchos hombres, porque ha sido tremendamente tradicional y porque no ha sabido dar respuesta a los nuevos cambios. Aunque a su manera también está cambiando, como cuando aclaró que Consejo de Ministras y Ministros era correcto. Esa es la Academia que hace falta.

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