16 de febrero de 2019
16.02.2019
La Opinión de Murcia
Proyecto

Independientes con Fundown

La Fundación Síndrome de Down de la Región de Murcia tiene un innovador proyecto para que personas con discapacidad aprendan a emanciparse de sus familias

16.02.2019 | 18:34
Usuarios de Fundown debaten sobre el cuadrante de tareas en el Centro de Cabezo de Torres.

Cómo se enseña a una persona con discapacidad a ser independiente? Juanjo Velasco, uno de los responsables de Fundown, afirma, aunque con otras palabras, que cuando intentan explicar su método, ellos señalan la Luna y el mundo suele mirar al dedo.

Sí, Fundown, la Fundación Síndrome de Down de la Región de Murcia, tiene una respuesta a esta pregunta. Tienen un proyecto que consiste en que jóvenes con discapacidad compartan piso con un mediador para aprender a ser autónomos. Y sí, tienen cronogramas para repartirse quién cocina o quién limpia cada día. Pero eso no es lo importante.

«Nunca la relación, en un contexto como este, entre una persona con y sin discapacidad había sido desde la amistad. Siempre había sido desde la profesionalidad. Una relación desigual: tú me enseñas, tú me formas, tú me dices...». Esa es la Luna a la que señala Velasco.

El proyecto es simple: dos personas con síndrome de down o con discapacidad intelectual comparten piso con un mediador, joven como ellos, que les ayuda a formarse en «la universidad de la vida», como lo llama Velasco. «Lo importante es la edad porque hasta ahora las personas con discapacidad solo se juntaban con gente con discapacidad, no veían otro mundo».

El objetivo es que después de cuatro años sean capaces de emanciparse de sus familias. Por eso, todos ellos estudian o trabajan además de estar en Fundown. Víctor López, de 24 años, cursa un módulo de informática en la UMU y es su segundo año en el centro. Asegura que «fue agradable la bienvenida y sigue siendo muy agradable. Aquí, digamos, te haces tu independencia y no vives siempre, por decirlo así, de tu mamá».

Las ganas de vivir sin depender de nadie es la carta de presentación de todos. Natalia Caracuel, de 21 años, lo deja claro en primer término, para después explicar la organización. Un cuadrante para las tareas y otro para las comidas del día. Y añade: «Yo hago emperador en salsa verde, es mi especialidad».

Francisco Javier Ferrer lleva un año en el proyecto. ¿El motivo por el que está? «Yo quiero luchar para ser independiente y enfrentarme a mis miedos», explica. Gracias a su estancia se ha encontrado con una pasión: «Mi mediadora, Nuria, está estudiando en la Escuela de Arte Dramático. Muchas veces he ido a ver sus obras de teatro y gracias a eso, gracias a ver a mi mediadora actuar he descubierto que me gusta el teatro».

Cuando habla de la convivencia en el piso, Ferrer hace hincapié en la relación entre ellos. «Cuando hay conflicto, nos sentamos y lo arreglamos. Yo convivo con mi mediadora, Nuria, y con Javi. Pero para mí, mi mediadora no es mediadora, es una amiga más, es una compañera, una colega. Todos los mediadores son jóvenes, no hay ninguno mayor».

Las asambleas en las que se habla de los problemas que pueden surgir con la convivencia son el pan de cada semana. Mientras, Víctor, Natalia y Francisco Javier explican que las decisiones se toman de forma democrática y se debate cuando hay algún conflicto, Eva Montoya, otra mediadora, nos enseña una caja de cartón con una abertura en la que se lee: buzón. «Aquí vamos poniendo lo que nos parece bien o mal de los compañeros. Un día a la semana lo abrimos, hacemos una asamblea y lo comentamos», asegura.

Es el método que utilizan para limar las asperezas que van surgiendo y que les permite superar un escollo personal que comparten los tres: «Si no hacemos estas asambleas, nos lo tragamos todo. Los tres tenemos una personalidad que nos cuesta un poco decir las cosas. Entonces hacemos la asamblea, lo hablamos y ya está».

Sobre la mesa en la que están sentados mediadores y usuarios están los cuadrantes que reparten las tareas del hogar y otros aspectos de la convivencia. El dedo. Sin duda, necesario para ser independiente, pero no el espíritu del proyecto.
El espíritu del proyecto, que los habitantes del centro valoran por encima de todo, nace de un cambio de mentalidad.

Vivir como los estudiantes

El centro en el que se desarrolla se sitúa en el Cabezo de Torres y nació en 2012. Hay doce pisos en las instalaciones y otros once fuera. Sin embargo, la iniciativa es anterior y ya ha cumplido dos décadas. Juanjo Velasco explica que empezó cuando personas con síndrome de down se juntaron con universitarios y fueron a la fundación a contárselo:

-Hemos pasado unos días con los estudiantes y queremos vivir como viven ellos.
-¿Cómo viven ellos?
-Pues salen de fiesta, fuman, beben, vuelven por la noche tarde. Nosotros queremos hacer eso.

Velasco recuerda que pensaron «por qué no ponemos a los dos mundos, que estaban separados, juntos». Con este cambio de perspectiva nació el proyecto. «Es verdad que el mediador guía, nosotros les damos algunas pequeñas instrucciones, pero les decimos «la persona con discapacidad también te puede enseñar a ti»».

Después de veinte años desde que nació la idea, por Fundown han pasado mediadores de lo más dispares. Por supuesto, estudiantes de Trabajo Social o Psicología, pero también personas de Derecho o de Matemáticas.

«Esto es algo que te marca de por vida. Me he encontrado con personas que fueron mediadores hace 10 años y aún tienen en cuenta lo que aprendieron, no tratan igual a las personas en su trabajo, por ejemplo», cuenta Velasco.

En cuanto a las personas con discapacidad, el último paso de su formación es elegir dónde quieren vivir, por qué, con quién y cómo van a pagar las facturas. Unas decisiones que toman ellos, aunque reciban asesoramiento de Fundown. Trabajan todos en empresas ordinarias en la Región, apunta Velasco, «no creamos ninguna empresa para personas con discapacidad. Están en un entorno normalizado».

El dedo son las tareas, los cuadrantes, los horarios. La Luna está más allá del síndrome de down o la discapacidad intelectual de estos jóvenes. Está en que tienen veinte años, y con veinte años vas de concierto, al teatro, sales con amigos, te enamoras, te dejan, viajas o nada de lo anterior. Pero decides qué hacer. Lo explica María del Pilar Olivero, abogada argentina que dejó su trabajo para venir a Murcia a ser mediadora un año en Fundown:

«No sé si es tan diferente mi trabajo aquí porque en realidad el derecho está en todos lados. Lo que ellos están luchando acá, la independencia, es un derecho también. Y se lo negamos».

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