27 de enero de 2019
27.01.2019
Entrevista
Eurodiputada cartagenera de Podemos

Lola Sánchez: "Pablo Iglesias e Íñigo Errejón han perjudicado a Podemos con su actitud de macho alfa"

Terminará su andadura en política el próximo mes de mayo "satisfecha de su trabajo" en el Parlamento Europeo, pero apenada por "la deriva" de su partido: "Yo creía que Podemos iba a ser otra cosa"

27.01.2019 | 04:00
Lola Sánchez, en su despacho en Bruselas: "Errejón me vetó en un acto en Madrid, fue una puñalada"

Lola Sánchez recibe a La Opinión en su despacho del Parlamento Europeo, en Bruselas. Una fotografía sobresale por encima del ordenador: es la imagen de su último día de trabajo en el restaurante Parador de La Manga. «Ya habíamos ganado las elecciones, pero yo seguía trabajando. Y la última noche hice una foto y dije: no sé dónde voy ni en qué en me voy a convertir, pero que no se me olvide nunca de dónde vengo», rememora a este diario. Lola Sánchez, que es la dirigente de Podemos que más tiempo lleva ejerciendo un cargo público, apura sus últimos meses como europarlamentaria. En octubre anunciaba su salida de la ejecutiva regional y su renuncia a la reválida del escaño. Dejaba la política. Se lleva una «experiencia personal maravillosa» pero reconoce que ha sufrido «muchas zancadillas», puestas por personas «que admiraba», compañeros de su propio partido. «Lo he pasado muy mal en Podemos porque he estado muy sola», confiesa.

¿De qué se siente orgullosa sobre estos cinco años como eurodiputada?
De haber aprendido a gestionar un escaño en el Parlamento Europeo. No es nada fácil. Yo no tenía experiencia en una institución, ni nunca había hecho política dentro de un partido; tuve que aprender a marchas forzadas a gestionar la institución y sobre cómo funciona un partido tan especial como Podemos, que acababa de nacer. Estábamos todavía conformándonos y creando lo que es hoy: un partido tristemente al uso. Ver la deriva de Podemos ha sido muy doloroso porque la he visto desde dentro.

¿Cuál es la deriva de Podemos?
Convertirnos en un partido al uso y con unos liderazgos muy masculinos, muy fuertes. Y lo que ha pasado estos días es la evidencia de eso. Es la consecuencia de un largo camino que llevamos erróneo. Primero, por despreciar el trabajo de los círculos y por despreciar a la gente de las bases, por no valorar lo valioso que es tener una militancia activa y participativa con voz y con opinión, no sólo con voto. Se nos ha olvidado lo que es mandar obedeciendo, porque ya nada más que se obedece a un pequeño grupo de personas que son las que toman las decisiones. Y además con un carácter muy masculino: todo está lleno de machos alfa que se enfrentan en contiendas por el poder interno.

¿Se refiere a Pablo Iglesias y a Íñigo Errejón? ¿Cree que son dos machos alfa que han perjudicado al partido?
Claro, totalmente. Con sus actitudes: con una constante actitud de liderazgo muy tradicional, muy clásico, muy masculino, muy de ordeno y mando, muy de arriba abajo. Yo creía que Podemos iba a ser otra cosa, sinceramente.

¿Por eso se va?
Por eso me voy, entre otras muchas razones.Una, por la deriva de Podemos y porque se me hace difícil mantenerme aquí. Las personas que hemos sido críticas desde el principio y no hemos sido servilistas de ninguna de las familias ni de ninguno de los líderes estamos fuera de todo. A mí eso me pasó ya en Vistalegre I. Yo estaba con el bloque Sumando Podemos, es decir, que no estaba con Iglesias ni con Errejón. Ellos querían un partido al uso, vertical, llenar el país de secretarios generales€ A mí eso me parecía una barbaridad, me parecía la muerte de Podemos. Desde ese primer momento en el que estuve con Teresa Rodríguez y Pablo Echenique en ese bloque de confluencia, al enfrentarme a Iglesias, él dejó de confiar en mí hasta día de hoy. Ha dado igual el trabajo que yo haya hecho en el Parlamento Europeo. Él habla de que se ha dejado la piel, y es verdad: mucha gente se ha dejado la piel. Pero yo también me la he dejado en Bruselas. Y no he recibido ni un «gracias». No han reconocido mi trabajo. Y lo curioso es que tenemos un trato cordial: cuando he ido a Madrid, me he acercado a ver a Iglesias. Él conoce perfectamente el trabajo que yo he desarrollado aquí. En cuatro años he recibido tres premios internacionales, cosa que no tiene ningún eurodiputado del hemiciclo. No haber recibido de tu propio partido, de tus compañeros y de personas a las que he admirado y en las que he confiado, no haber recibido ni un «hasta luego, gracias»... No me han dado ningún tipo de explicación. No me han llamado ni preguntado qué intención tenía: si yo quería repetir otra legislatura y seguir con el trabajo o si quería irme. Directamente no me han dado ningún tipo de información. Ante esta situación tengo dos opciones: darme de coscorrones contra la pared o mi dignidad va por delante y soy la que se retira con mi trabajo hecho y muy orgullosa.

¿Siente pena por todo lo que ha pasado en Podemos?
Muchísima. Podemos es un poco hijo mío. Podemos es hijo de miles de personas en todo el país y fuera de España€ Me entristece el sentido patrimonialista que tienen algunas personas con el partido.

¿Le pasará factura en las elecciones?
Lamentablemente sí. Me temo que nos va a costar bastante levantar cabeza. No sabría cómo hacerlo€ Yo no tengo capacidad de hacerlo, no estoy en ningún órgano interno de Podemos.

¿No supone una decepción en un partido que ilusionó a mucha gente desencantada de la política?
Eso es. Gente como yo que no creía en los partidos, gente como yo que nunca nos habíamos acercado porque veíamos cómo eran: una red clientelar de favores, de amigos€ Pusimos toda la carne en el asador, nos tiramos a la piscina sin saber si estaba llena o vacía, porque sacamos cinco eurodiputados pero nos podíamos haber ido a nuestra casa. Es muy fácil subirse al carro cuando sabes que tiene éxito, que es lo que pasó tras las europeas. Vino una oleada de gente, y yo encantada, pero venía con otro ánimo de cortar ese desborde que se estaba produciendo y que hubiera sido lo bonito: que fuera una cosa incontrolable en los territorios; que se hubieran desbordado los círculos y que hubiera sido una herramienta y no un fin en sí mismo.

¿Qué opina de la decisión de Errejón?
Entiendo que dentro de Podemos haya distintas corrientes ideológicas.Otra cosa es cómo se solucionan los conflictos que originan las diferencias ideológicas. Y en este caso se ha resuelto de la peor manera posible, que es la ruptura o el enfrentamiento. Errejón, siempre lo ha querido, quiere un espacio propio para desarrollar sus tesis. Ahí tenía a Madrid. Iglesias le perdonó sus traiciones anteriores, lo pone para Madrid, la militancia de Madrid le apoya€ Si Errejón hubiera preguntado a la militancia de Madrid «¿Nos aliamos con Carmena?», le habrían dicho que sí. Podía haber hecho una consulta. ¿Hacemos una consulta para el chalé y no hacemos una consulta para algo tan importante como esto? ¿Dónde queda la participación? Errejón ha tomado una decisión unilateral que hace muchísimo daño a Podemos. Pero aquí no hay un verdugo y una víctima. El verdugo no es Errejón y la víctima, Iglesias. Todos son verdugos. Entre todos se han cargado Podemos. Por tener ese sentido tan patrimonialista, siempre les ha dado miedo no controlarlo, que se desbordara en los territorios, que la gente se autoorganizara y se autogestionara. Siempre han buscado el control. Yo sinceramente me siento un poco engañada.

¿Tan mal lo ha pasado?
Lo he pasado muy mal porque he estado muy sola, cuando no zancadillas. Mire, cuento una que no había revelado. Acababa de pasar Vistalegre I, a principios de 2015. Yo estaba en plena campaña antiTTIP. Me invitaron de un círculo del sur de Madrid a explicar un TTIP. El círculo se lo curra e invita también a Errejón, pero cuando él supo que yo iba a ir, Errejón dijo: si ella va, yo no voy. Me vetó. Y yo no era nadie, nunca he tenido poder dentro de Podemos. Sólo iba a hablar del TTIP, sólo iba a hablar de mi libro. Me quedé muerta. Eso denota una forma de funcionar que para mí fue una puñalada. ¿No somos compañeros? ¿No estamos en el mismo barco remando en la misma dirección? Cómo era posible que una persona, a la que yo admiraba, diga: si va Lola, yo no voy. No lo pude entender. Ese tipo de cosas€ Lo he pasado muy mal€

¿Con Podemos Región de Murcia tiene el mismo desencanto?
Bueno€ No, porque cuando empecé a trabajar aquí, me volqué tanto en Bruselas que cuando el partido comienza a crearse orgánicamente, a Óscar (Urralburu) no lo conocía. Lo conocí cuando ya era secretario general. Me desvinculé de aquello porque consideré que en Bruselas hay bastante trabajo y nadie es imprescindible y hay sitio para todos. Por eso en Murcia nunca he sido muy activa orgánicamente dentro del partido.

Pero se presentó a las primarias en 2017.
Sí, claro. Yo no quería presentarme, no tenía intención de dejar de lado este trabajo; pero al final me convencieron varias familias, que no son las que tienen la mayoría en Murcia, con el argumento de que es fundamental que hubiera pluralidad. No podía ser que en unas elecciones a los órganos internos sólo se presente una lista. Para eso no hagas elecciones€ El resultado fue para mí muy bueno. Pude seguir desarrollando mi trabajo en Bruselas al 100% y conseguí que hubiera pluralidad. ¿Qué sucede? Que una cosa es que tú consigas pluralidad y otra cosa es que es esos órganos funcionen. Si ese órgano no funciona porque no es el órgano auténtico de deliberación política, al final da lo mismo que haya pluralidad. Y eso es lo que ocurre en Murcia, como en tantos territorios. En Murcia, en el Consejo Ciudadano Autonómico muy poquitas cosas se deciden. Yo he estado en esa ejecutiva y no se decide todo lo que se hace.

¿Cree que Podemos Región de Murcia ha tomado la deriva que usted lamenta o está a salvo de esos vicios?
Esos vicios han permeado a todos los territorios. El invento de los secretarios generales ha sido nefasto. Porque en la mayoría de los casos, salvo honrosas excepciones, que las hay, se han convertido en gente muy autoritaria, gente que confunde el liderazgo político y administrativo con el liderazgo personal. Al final, se han creado las mismas redes clientelares en los territorios y da igual la familia: hay territorios que son 'pablistas' y otros que son 'errejonistas', pero las dinámicas son las mismas: expulsión del que disiente y creación de redes clientelares. Las mismas personas, copando todos los puestos.

¿Lo detecta en Óscar Urralburu?
Claro. Me comentan que Javi Escarabajal, que fue el secretario general de Cartagena, se presenta en las listas municipales de La Unión. ¿Qué hace un señor de Cartagena presentándose en La Unión? ¿Por qué no dejan a la gente de La Unión que se presenten y se organicen? Y Lorena Lorca, que también está en el Consejo Ciudadano Autonómico, va en las listas de Torre Pacheco. Y es una chica que no es de Torre Pacheco. La ciudadanía de esos sitios, ¿cómo lo ve? No es normal. Al final lo que se quiere es copar todos los cargos, tenerlo todo controlado. Da la impresión de que no te fías de la gente.

En corto

Cuando llegue el mes de mayo, ¿va a sentir una liberación?
Huy, por un lado, sí. Pesa mucho un escaño, eh. Supongo que depende de cómo se lo tome uno, pero defendí tanto nuestros principios éticos en campaña que me los grabé a fuego. A veces, estoy fuera, el autobús tarda mucho en venir y pienso en pedir un taxi. Y digo, ¿y si me ven cogiendo un taxi? Ya ves tú, me puedo coger un taxi, me lo pago con mi salario. No, va, pues me voy andando. Es algo que me puse yo, y seguramente sea excesiva, pero prefiero quedarme corta por este lado que pasarme por otro. Tengo ganas de convertirme en una persona normal y corriente, y de no sentirme juzgada.

¿Cuál será su futuro?
Me voy a ir a descansar. Aunque no lo he pensado, una cosa sí tengo clara: quiero irme a vivir al campo para, si es posible, vivir del campo. Tal vez vaya a algún sitio del norte de España, donde la tierra sea más accesible.

¿Volverá a la política?
Creo que nunca podré dejar de ser política, por eso me quiero ir al campo porque quiero experimentar qué es hacer política con tu propia vida. Quiero no tener jefes ni dar explicaciones a nadie.

¿Cómo ha sido su vida en Bruselas?
Desde el principio me planteé mudarme a Bruselas, no me gusta viajar en avión, no porque le tenga miedo ni nada, sino porque es un gasto brutal. Me duele bastante estar cogiendo aviones a menudo. Hay compañeros que van a hoteles, pero yo me propuse estar aquí mucho tiempo y dedicarle mucho tiempo. Me alquilé un pisito, vengo en autobús todos los días. Paso mucho tiempo en este despacho, suelo quedarme en Bruselas los fines de semana. Por haberme volcado tanto en el trabajo, la experiencia personal ha sido muy satisfactoria.

¿Qué tal es su relación con Ramón Luis Valcárcel, su colega murciano de escaño?
Al principio me lo cruzaba y lo saludaba, pero no me respondía al saludo. Debe de ser tímido. Dejé de saludarlo. Y la semana pasada coincidimos en un ascensor, y es como si fuera un alemán. Ya no hay ni «hola» ni «adiós».

¿Ha descubierto en Bruselas cómo funciona el mundo?
No he descubierto nada nuevo. Los que mandan son el dinero y el poder económico: los bancos y los fondos de inversión. Y eso aquí se ve con mucha crudeza. Se ve muy claramente. Hay ejemplos a miles: enmiendas que meten los grupos parlamentarios que vienen directamente con el sello de la empresa. Muchas veces abro una carta que procede de la patronal de la banca proponiendo enmiendas, que luego ves introducidas por otros grupos.

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