Abel López Martínez e Israel Gil han sido los encargados de recibir a los primeros aviones comerciales y al Falcon del rey que este martes tomaban tierra en el aeropuerto de Corvera. Son dos de los miembros del equipo de controladores que guiarán a los pilotos dentro del espacio aéreo asignado al nuevo aeródromo y que por primera vez han vivido la experiencia de «quitarle el plástico» a una torre de control. «Pocos aeropuertos se pueden abrir en España», decía con entusiasmo Israel Gil, que muestra como una reliquia la ficha técnica del vuelo inaugural, una cinta de papel en la que están recogidas las claves y las referencias de la operación de aterrizaje.

Además de dirigir las operaciones de los aviones durante el aterrizaje y el despegue, los controladores ordenan los movimientos que deben realizar una vez en tierra para aproximarse a la terminal o esperar la señal de partida. Fuera del espacio de Corvera asume el control de los vuelos la torre de la Academia General del Aire de San Javier.

En su primer día, a pesar de los inevitables nervios del estreno, el buen tiempo acompañó e incluso permitió que el vuelo inaugural, procedente de Reino Unido, llegara con adelanto. Ellos desarrollan su trabajo en coordinación con los controladores de San Javier, mediante un acuerdo de colaboración que permite operar de forma «segura, eficiente y ordenada», indicaba Albel Martínez, responsable del equipo de la empresa Ferronats que se adjudicó el contrato de Aena para realizar la labor de control desde la torre de Corvera durante un periodo de ocho años. Asegura que el aeropuerto ofrece unas condiciones muy favorables, dado que la pista dispone de «dos puntos de espera en cada cabecera», lo que permite ordenar la salida de los vuelos en función de las características de cada avión, y de una calle de salida rápida, que facilita un menor tiempo de ocupación de la pista. Sostiene que estas facilidades «ahorran mucho dinero».

La torre de Corvera abarca una zona de unos ocho kilómetros de diámetro y también es la responsable de los vuelos privados que realizan las avionetas del aeródromo de Los Martínez del Puerto, «que está reconocido por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA)». Los pilotos de estos aviones privados están obligados a pedir autorización un minuto antes de despegar y deben esperar a que les autorice para poder volar. También existe otro aeródromo en Alhama, cuya actividad debe coordinarse igualmente.

La formación de los controladores incluye 90 horas de ejercicios en un simulador y se complementa con otro periodo en la torre. Ocho personas integran el equipo de Corvera, del que también forman parte, Isabel Cremades y Laura Lacaba, que están completando su adiestramiento.