Las cuatro monjas de clausura que quedaban en el monasterio de la Santa Faz, donde las Clarisas custodiaban desde hace 500 años la reliquia, abandonaban el martes el convento rumbo a Cieza, con lo que la Faz Divina se quedaba sola y sin las hermanas que llevan siglos protegiéndola.

A raíz de la marcha de las monjas, la Policía Local tiene una patrulla de guardia permanente en las inmediaciones del monasterio, especialmente en los accesos a la reliquia, ya que el tránsito de 'custodios' cada dos horas obliga a abrir la puerta del templo con frecuencia, hasta de madrugada.

En Alicante, el deán de la Concatedral de San Nicolás, Ramón Egío, aseguró el pasado domingo, desde el altar del templo, que «el Obispado y el Cabildo están desconcertados ante la salida inesperada, que henos conocido por parte de las Hermanas Clarisas con posterioridad». Ante el problema de que la Santa Faz se quedara sola, el deán expresó con rotundidad: «Salvamos la situación como pudimos».

Antes de llegar a este punto crítico, Egío explicó que se habían mantenido «muchas reuniones y encuentros con responsables de la orden de las Clarisas y el obispo», tras las que no hubo solución al problema, sobre todo teniendo en cuenta que «el obispo no puede tomar parte de las determinaciones dentro de una comunidad religiosa. Solo puede rezar y apaciguar la situación».

Las palabras de Ramón Egío en plena misa levantaron unos segundos de aplausos en la nave central de la iglesia. Sin embargo, esa tregua no fue muy duradera. Minutos después, una mujer que pasaba recogiendo la colecta musitaba: «Han echado a las monjas, las han echado. Nos están contando una milonga». Y ese descontento se multiplicó en la puerta del templo, donde se vivió una escena de tensión al salir de misa, con Ramón Egío todavía vistiendo el alba y la estola de sacerdote.

Una plataforma ciudadana empezó a recoger en internet firmas de apoyo a las monjas (casi un millar en la primeras horas) con una carta dirigida al Papa Francisco en la que piden que se respete a la comunidad inicial de las Clarisas y que vuelvan las hermanas más mayores trasladadas hace meses a otros conventos.

En su nueva casa, en la comarca de la Vega Alta, las Clarisas «están bien, con nosotras, haciendo una vida normal», explicó a este periódico por teléfono la madre superiora, María José.

La Iglesia fuerza la salida de las monjas aprovechando la reorganización que está acometiendo la orden franciscana, a la que pertenecen, para cumplir con una nueva disposición del Vaticano que obliga a cerrar los conventos con menos de cinco religiosas. La causa, la crisis de vocaciones.

Este problema de los conventos vacíos y la falta de vocaciones se vive en la Región de Murcia: en Yecla, este mismo año cerró un convento. Las religiosas de la Real Piedad de Cehegín se marcharon hace dos a distintas casas por España. Las monjas de la Madre Teresa de Jornet dejaron Jumilla y se fueron a Valencia. Y de Caravaca de la Cruz, las hermanas de Santa Teresa de Jesús pasaron a la ciudad de Cartagena.

En Lorca se ha dado este año uno de los casos más sonados con respecto al cierre de conventos y falta de vocación. El convento donde se veneraba a la Patrona de Lorca, la Virgen de las Huertas, acogió el pasado mes de septiembre la última misa en el día de su festividad con la presencia de la orden franciscana, que la ha custodiado a lo largo de los últimos 550 años y que se marcharon del centro por la falta de vocaciones,