Historia
Cartagena, cantera de ánforas para todo el Mediterráneo
La profesora Berrocal presenta una tesis doctoral en la que reconstruye la red de distribución de los recipientes elaborados en Isla Plana

María del Carmen Berrocal estudia una de las ánforas que ha utilizado para elaborar su tesis doctoral. / L. O.
María del Carmen Berrocal Caparrós, profesora de Arqueología e Historia Antigua del Centro Asociado de la UNED en Cartagena y docente de Geografía e Historia en el instituto Isaac Peral, defendió este 13 de julio su tesis doctoral sobre la producción de ánforas tardorromanas en la costa meridional de Carthago Spartaria entre los siglos III y VI d. C, habiendo obtenido la calificación de sobresaliente cum laude y opción a premio extraordinario nacional. El trabajo, centrado en la figlina de El Mojón, junto a Isla Plana, profundiza en el papel de este enclave alfarero dentro de la actividad económica y comercial de la Cartagena tardoantigua, aportando nuevas claves sobre la fabricación,usos y comercialización de estos recipientes cerámicos en un periodo decisivo para la historia del sureste peninsular.
Berrocal explica que la alfarería en la que se basa su investigación estuvo en funcionamiento desde finales del siglo II hasta mediados del siglo VI después de Cristo, casi cuatro siglos en los que ha seguido la pista a una producción cerámica hasta ahora "invisible arqueológicamente".
Según la investigadora, la principal novedad de su tesis es demostrar que ánforas fabricadas en el ámbito de la antigua Cartago Nova, después Carthago Spartaria en época tardía, circularon por distintos puntos del Mediterráneo occidental asociadas al comercio de productos de salazón procedentes de la factoría del Puerto de Mazarrón y distribuidos a través del importante puerto comercial de Cartagena.
La profesora subraya que se trata de una producción no abundante especialmente, pero sí con una gran distribución comercial ya que ha sido localizada en numerosos yacimientos, lo que le ha permitido identificar con detalle un fenómeno económico y comercial no descubierto hasta el momento para una producción anfórica del sureste español. El resultado de ese trabajo de rastreo y documentación se ha plasmado en una tesis de unas 2.000 páginas sobre una producción que considera de una difusión "extraordinaria" y que le ha llevado más de diez años elaborar tras analizar más de 40.700 fragmentos.
La investigadora destaca que una de las claves de su tesis ha sido poder seguir el rastro de estas ánforas más allá del propio lugar de fabricación en El Mojón por todo el Mediterráneo occidental hasta el Atlántico marroquí. Berrocal explica que ha identificado estas manufacturas cartageneras en distintos contextos arqueológicos, desde pecios hasta almacenes portuarios y basureros de consumo.
Entre los ejemplos más llamativos cita un barco hundido en la entrada del mar Tirreno, entre Sicilia y Cerdeña, localizado en los años noventa, donde aparecieron unas ánforas hasta entonces desconocidas y llamadas como ‘Isis’ por el nombre del pecio. Al analizarlas, asegura que pudo reconocerlas "perfectamente" como envases procedentes de El Mojón. También ha documentado su presencia en almacenes comerciales como Nápoles o el puerto de Roma, lo que le ha permitido reconstruir una red de distribución comercial marítima que partía de Cartagena.
Berrocal interpreta que la presencia de estas ánforas en numerosos puntos del Mediterráneo, aunque no en grandes cantidades, apunta a un producto apreciado y de calidad hecho con pescado azul. La investigadora sostiene que el hecho de que se consumiera en lugares tan diversos indica que las salazones y salsas transportadas tenían un sabor agradable y eran valoradas por quienes las adquirían.
Según explica, se trataba de un producto que no se comercializaba masivamente, pero sí alcanzaba muchos mercados, lo que refuerza la idea de una producción selecta. Además, subraya que esas salazones viajaban en ánforas pequeñas fabricadas expresamente para contenerlas, lo que revela una elaboración pensada para un producto concreto y con demanda propia.
La profesora señala que en las ánforas tenían una singular decoración incisa a base de bandas paralelas y onduladas ni especialmente compleja, pero sí «fácilmente identificativa». Lo que más le ha sorprendido durante la investigación, apunta, ha sido la amplia difusión mediterránea de estas ánforas, un aspecto que llamó la atención tanto a ella como a sus directores de tesis y al tribunal.
Ese rastreo ha sido posible, añade, gracias a la identificación inicial de las piezas y al estudio tipológico, que ha permitido distinguir hasta 17 tipos distintas de ánforas fabricadas en El Mojón. Berrocal relaciona esa variedad con las modas comerciales de la época: cuando determinados productos tenían éxito en los mercados, los talleres producían envases similares para adaptarse a esa demanda.
Berrocal explica que una parte esencial de la investigación ha sido el uso de la arqueometría, una técnica científica que permite identificar los componentes mineralógicos de las ánforas para determinar su origen con mayor precisión. La investigadora señala que ya no basta con reconocer una pieza por rasgos formales, como el cuello o la forma del recipiente, sino que es necesario analizar su composición petrográfica para diferenciarla de otras producciones similares. Para ello, las muestras fueron estudiadas en el laboratorio de la Universidad de Barcelona, donde se determinaron las características técnicas de las pastas cerámicas, sus componentes geológicos e incluso la temperatura estimada de cocción.
Según Berrocal, uno de los rasgos más identificativos de las ánforas de El Mojón es la presencia de micas moscovíticas, pequeñas partículas brillantes y plateadas que se aprecian en la pasta cerámica. El estudio partió de los materiales recuperados en el propio alfar de El Mojón, donde una excavación de urgencia realizada en el 2000 sacó a la luz más de 40.700 fragmentos cerámicos, de los que unos 24.000 correspondían a recipientes anfóricos. A partir de ese conjunto inicial, la investigación fue ampliando el foco hacia otros yacimientos y puntos de hallazgo, hasta componer un mapa general de distribución y comercialización de esta producción cartagenera por el Mediterráneo.
Actualmente, en el lugar donde se excavaron los restos del alfar en el yacimiento de El Mojón y que fueron extraídos en su momento, se encuentra construida una urbanización de cinco torres de viviendas.
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