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Historias de Cartagena

El maestro y los compañeros de clase de Isaac Peral

Recordamos su estancia en Cartagena con motivo de la apertura de la Casa Museo

Dibujo de Isaac Peral en una guía de Cartagena de 1916

Dibujo de Isaac Peral en una guía de Cartagena de 1916 / L.O.

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La inauguración esta semana pasada de la Casa Museo de Isaac Peral me da pie para recordar su breve estancia en nuestra ciudad durante su infancia, la figura de su primer maestro y algunos de sus compañeros de clase. Poco imaginaría el insigne inventor que la persona que le enseñó sus primeras letras, Luis Briz y Bartolomé, iba a recordar a su antiguo pupilo nada más finalizar con éxito las pruebas de navegación de su sumergible en 1890.

La verdad es que se esperaba que Peral visitara su ciudad natal y por ello se prepararon todo tipo de actos para honrar a nuestro ilustre paisano. El viejo profesor echó mano de su libro de matrículas para convocar a sendas reuniones a quienes habían sido alumnos suyos durante el corto periodo que Peral asistió a su escuela desde junio de 1857 a junio de 1858. Y fue tras uno de estos encuentros cuando todos ellos decidieron mandarle un telegrama con estas palabras: “Si alguna vez los corazones laten a impulso de un sentimiento grande, santo y sublime es esta en que agrupados en torno de nuestro maestro, bajo el pedazo de cielo que fuera testigo de nuestras primeras alegrías, y en el lugar en que recibieran nuestras inteligencias el primer destello de la ciencia, acordamos enviar la más entusiasta felicitación a nuestro condiscípulo Isaac Peral, gloria de Cartagena y orgullo de España”.

En el Asilo de San Miguel se bordó un estandarte de raso por ambas caras, con esta sencilla inscripción: “A Isaac Peral su profesor y condiscípulos de la primera enseñanza”. Completaban dicho estandarte una rama de laurel y otra de roble, una preciosa orla, gruesas borlas y cordones y una corona de plata sobredorada por remate de la vara, todo ello bordado en oro. Además pensaban regalarle un artístico álbum de tapas alemanas con los retratos y firmas de todos ellos y una dedicatoria del profesor Briz pero Peral nunca volvió a la ciudad que le vio nacer. En un telegrama dirigido al alcalde y ante la posibilidad de que la acumulación de personas que deseaban conocerle pudiera dar lugar a la introducción del cólera en Cartagena manifestó su irrevocable propósito de aplazar la visita.

Ángel (izquierda) y Justo Aznar Butigieg, compañeros de Peral

Ángel (izquierda) y Justo Aznar Butigieg, compañeros de Peral / L.O.

De todos sus compañeros de clase por evidentes razones de espacio he hecho una selección, pues fueron cuarenta y dos sus contemporáneos, desde un humilde obrero que nunca se había puesto una chaqueta y del que no he podido conseguir su nombre hasta un ministro. Este último el General Ángel Aznar y Butigieg ocupó el Ministerio de la Guerra en 1910 y la Corporación municipal acordó que la calle Jara cambiase su nombre por el del ministro.

Su hermano Justo, militar como él, se casó con la hija del rico propietario minero Andrés Pedreño y abandonó el ejército para dedicarse a los negocios de su suegro, su residencia era la actual iglesia de los Padres en la calle Jabonerías. Del gremio del comercio encontramos a Niceto Pagán Romera que regentó durante varias décadas una tienda de cristales en la calle del Cañón, entonces llamada de Osuna, negocio que luego dirigió su hija. Otro compañero fue Angel Avalos Fuertes, licenciado en Medicina, nombrado médico forense del Partido Judicial de Cartagena en 1876 y que ejerció como médico cirujano especializado en enfermedades de la mujer con consulta en el número 9 y 11 de la calle San Francisco.

No podía faltar un músico, Leandro Morata Miguel, profesor de piano y organista que fue de la iglesia de Santo Domingo. Ramón Laymon Moncada llegó a ser diputado provincial, cónsul de los Estados Unidos y Méjico y director de la Fábrica de Gas.Lo que son las casualidades el destino quiso que su compañero Laymon coincidiera en 1909 como jurado de un concurso de nuestras fiestas de verano con Manuel Dorda Mesa, el gran artífice y responsable de que los restos de Peral acabaran en nuestra ciudad dos años después.Y finalizo esta historia con una frase pronunciada en 1889 por el maestro de Peral en una conferencia a un grupo de escolares de Santa Lucía y que dijo lo siguiente: “con el estudio y la aplicación, unidos a una honradez acrisolada, se logra alcanzar los más altos puestos en la sociedad”.

El callejón de Zorrilla, ubicación de la casa natal de Peral, en los años setenta del Siglo XX, al fondo la calle San Francisco.

El callejón de Zorrilla, ubicación de la casa natal de Peral, en los años setenta del Siglo XX, al fondo la calle San Francisco. / L.O.

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