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Ocio

Agua Bar, Equilibrio, La Calle… la noche perdida de Cartagena que muchos todavía no han olvidado

De Cuatro Santos a la Plaza del Rey, un recorrido por aquellos garitos donde sonaban rock, electrónica y punk antes de que la ciudad bajara la persiana

Agua Bar, Equilibrio, La Calle… la noche perdida de Cartagena que muchos todavía no han olvidado

Agua Bar, Equilibrio, La Calle… la noche perdida de Cartagena que muchos todavía no han olvidado / L. O.

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Juanjo Raja

Juanjo Raja

Cartagena siempre supo guardar sus secretos mejor que nadie. Una ciudad que enterró flotas, imperios y crisis industriales sin perder del todo la compostura. Pero hay pérdidas que no vienen en los libros de historia y que duelen de otra manera: las de los sitios donde uno era joven, donde la noche no tenía hora de cierre y donde el barman te conocía por el nombre antes de que abrieras la boca. Bares que un día bajaron la persiana y se llevaron consigo algo que no tiene repuesto. Estos son algunos de ellos.

Agua Bar, el alma del rock en Cuatro Santos

En la calle Cuatro Santos había un bar que olía a otra Cartagena. Se llamaba Agua Bar y era, desde el primer momento, un sitio distinto a todo lo demás. Nada de música comercial, nada de éxitos de radio. Aquí mandaba el rock, el pop rock, y sobre todo los grupos locales: bandas como los Kante Pinrélico, aquella formación punk cartagenera que, contra todo pronóstico, sigue en activo décadas después. Era el sitio de la movida local, el escenario natural de una clientela alternativa que buscaba algo más que una copa.

Pero Agua Bar tenía un ingrediente que no se aprende: tenía a Primi. Así le llamaban todos. El alma del garito, el tipo que te conocía por el nombre y que hacía que entrar allí fuera como llegar a casa. En una época sin móviles ni redes sociales, ese vínculo entre el camarero y la clientela era lo que convertía un local en un lugar de culto.

Entrada al Agua Bar de Cartagena.

Entrada al Agua Bar de Cartagena. / L. O.

Y la fama corría. Los viernes, la gente llegaba desde Murcia capital para salir por Cuatro Santos. Había noches en que la zona estaba tan llena que casi no se podía caminar. Cartagena, entonces, sabía hacer noche como pocas ciudades.

Uf! Equilibrio, el discobar más moderno de la ciudad

Su nombre completo era Uf! Equilibrio, aunque todo el mundo lo llamaba simplemente Equilibrio. Estaba en la Cuesta de la Baronesa y era, para quien lo vivió, una ventana abierta al futuro. Electrónica, post punk, new wave. Decoración de neones. Una pista para bailar que no era exactamente una discoteca (era un discobar, esa categoría a medio camino que la época sabía valorar mejor que nadie) pero que se llenaba noche tras noche.

Logo de ¡Uf! Equilibrio.

Logo de ¡Uf! Equilibrio. / L. O.

Equilibrio representaba algo más que un local de copas. Era la prueba de que Cartagena, en plena etapa de resurgir tras la crisis industrial, tenía pulso cultural propio. La calidad musical era altísima, y eso se notaba: no ponían cualquier cosa. Cada sesión era una declaración de intenciones. El tipo de sitio que, cuando cierra, deja un hueco que ningún otro puede llenar exactamente igual.

La Calle, el punto de encuentro de toda la ciudad

La Calle era, casi literalmente, una calle por dentro. Al entrar, el local te recibía con bordillos, señales de tráfico y toda una escenografía de asfalto y ciudad que hacía que te preguntaras si habías entrado o seguías fuera. Era más luminoso que el resto, más abierto, para todo tipo de público. No tenía un estilo musical marcado: lo suyo era ser el sitio donde cabía todo el mundo.

Interior de el bar La Calle, en Caratagena.

Interior de el bar La Calle, en Caratagena. / L. O.

Y esa era su verdadera magia. En una época sin teléfonos móviles, cuando quedar era un ejercicio de fe y coordinación, La Calle era el punto de referencia. "Nos vemos en La Calle", se decía. Y funcionaba. Allí confluían grupos que luego se dispersaban hacia otros locales, pandillas que se cruzaban sin haberlo planeado, desconocidos que acababan siendo amigos. Era el corazón de una noche que todavía no sabía adónde iba.

Mezclas, vanguardia oscura en la calle Bodegones

Mezclas estaba en la calle Bodegones y era, sin discusión, el sitio más de vanguardia de Cartagena. EBM, dark wave, gótico, la electrónica más dura que llegaba desde Valencia: todo aquello que sonaba raro y excitante encontraba aquí su hogar. Su estética era oscura, su público también, y eso era exactamente lo que lo hacía especial.

Una noche en el Mezclas de Cartagena.

Una noche en el Mezclas de Cartagena. / L. O.

Mezclas demostraba que Cartagena no era una ciudad de una sola tribu. Había espacio para lo alternativo, para lo que aún no tenía nombre del todo, para el que llegaba diciendo "ponme lo último". Y lo último, en Mezclas, era siempre algo que el resto de la ciudad todavía no había escuchado.

Tragaluz, el refugio de los verdaderos noctámbulos

Tragaluz estaba en el entorno del Teatro Romano, en un edificio que ya no existe. Era un local canalla, pero en el mejor sentido de la palabra: festivo, sin pretensiones, honesto. No era para los que salían temprano. Era para los que llegaban tarde, para los que sabían que la noche todavía tenía más que dar cuando el resto ya recogía.

Imagen del antiguo bar cartagenero Tragaluz.

Imagen del antiguo bar cartagenero Tragaluz. / Cartagena Antigua

Los que frecuentaban Tragaluz eran clásicos de la noche cartagenera, gente que conocía cada recoveco de la madrugada. Allí se montaban fiestas serias, con buena música, y el ambiente tenía esa energía de las últimas horas: algo más libre, más intenso, como si las reglas se relajaran un poco cuando el reloj avanzaba. Un sitio que, cuando cerraba sus puertas, significaba que la noche había terminado de verdad.

Rockefeller, el discobar de la Plaza del Rey

Rockefeller era un discobar en la zona de la Plaza del Rey y tenía algo que pocos locales conseguían: varios ambientes en uno. Una zona para sentarse y tomarse algo con calma, otra para bailar cuando el cuerpo lo pedía. No era un sitio excluyente ni para un público concreto: era amplio, acogedor y sabía recibir a todo el que llegara.

Posavasos del bar de Cartagena Rockefeller.

Posavasos del bar de Cartagena Rockefeller. / L. O.

Formaba parte de ese tramo avanzado de la noche al que se llegaba después de haber recorrido otros locales. En aquella época se salía desde las nueve de la noche y las madrugadas se estiraban hasta donde llegaban las fuerzas, así que Rockefeller era para los que todavía tenían ganas cuando otros ya bostezaban. Un sitio que completaba la noche sin pretender ser el primero ni el último, simplemente siendo necesario.

Cartagena tuvo una noche que muy pocas ciudades de su tamaño pudieron presumir. Rock, electrónica, dark wave, punk local, pistas de baile y barras en las que te conocían por el nombre. Todo eso existió, y durante un tiempo fue real y fue nuestro. Hoy solo quedan las historias. Pero las historias, cuando son buenas, no desaparecen del todo.

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