Infraestructuras
Cartagena vive el ‘boom’ de los centros deportivos privados
En los últimos tres años han abierto sus puertas numerosas cadenas nacionales de gimnasios aumentando exponencialmente la oferta

Uno de los centros deportivos que ha abierto sus puertas en la plaza Juan XXIII recientemente. / Loyola Pérez de Villegas
Durante décadas, Cartagena ha vivido una contradicción difícil de justificar: una ciudad de más de 200.000 habitantes con una clara tradición deportiva, pero con una red de infraestructuras insuficiente y descompensada. De hecho, durante años los ciudadanos han cuestionado que la oferta no estaba a la altura de las necesidades reales de la población.
Sin embargo, en los últimos tres años, la situación ha dado un giro tan radical que podría calificarse sin exagerar de desarrollo precipitado por su rapidez y concentración, ya que en Cartagena hemos pasado de tener como referencia a la piscina municipal y a las obsoletas instalaciones del pabellón municipal de deportes a la variada oferta liderada por la inversión privada.
De hecho, el cambio más visible ha llegado de la mano del sector privado. Cartagena ha visto cómo, en muy poco tiempo, han proliferado gimnasios de grandes cadenas y nuevos conceptos fitness, ocupando espacios antes degradados o en desuso.
Un ejemplo paradigmático es la transformación de la plaza Juan XXIII, donde una cadena nacional ha impulsado un gran gimnasio, contribuyendo a la revitalización de la zona.
A esto se suman nuevas aperturas con superficies superiores a los 1.000 m² como Viva gym o Basic Fit en los antiguos cines de Alfonso XIII, con equipamientos de última generación, reflejando una apuesta clara por un modelo intensivo en servicios deportivos y atención integral al cliente.
Este fenómeno no es casual, sino que responde a varios factores como el auge del fitness como hábito social, la mayor rentabilidad del modelo low-cost y la recuperación de locales comerciales abandonados. El desarrollo de estos modelos lleva a muchos ciudadanos a cuestionarse si está liderando el sector privado lo que debería haber sido una planificación pública.
Grandes centros deportivos
A la expansión de las cadenas de gimnasios se suma ahora una nueva fase: la construcción de grandes complejos deportivos.
Uno de los proyectos más relevantes es el futuro centro deportivo de la Universidad Politécnica de Cartagena, que incluirá piscina, gimnasio y pistas de pádel en su cubierta, además de zonas de aparcamiento . Este equipamiento no solo dará servicio a la comunidad universitaria, que contará con descuentos propios, sino que previsiblemente tendrá impacto en toda la ciudad.
Paralelamente, se proyecta otro gran centro en la zona de Los Franciscanos, que también contará con parking para más de 200 vehículos, piscinas climatizadas, zona de spa, salas y pistas deportivas polivalentes consolidando un eje deportivo en el entorno urbano más cercano al casco histórico.
Ambos proyectos evidencian un cambio de paradigma, ya no se trata de pequeñas instalaciones aisladas, sino de infraestructuras complejas que apuntalan su negocio combinando ocio y salud.
De esta forma, se está configurando un nuevo mapa deportivo en Cartagena que hibrida el sector privado dominante en gimnasios y centros fitness y las instituciones públicas y universitarias impulsando grandes equipamientos.
Incluso iniciativas más específicas, como el gimnasio para pacientes oncológicos en el Palacio de Deportes, muestran cómo el deporte se integra en ámbitos como la salud.
El aumento de la oferta no es un problema, sino su ritmo y coordinación, ya que pasar de la escasez a la saturación en tan poco tiempo puede generar una competencia excesiva entre centros, desequilibrios territoriales entre las zonas saturadas y los barrios que siguen con carencias en este ámbito, y la dependencia de modelos privados.
La sensación de desarrollo precipitado no nace solo de la cantidad, sino de la falta de una estrategia clara y visible que ordene este crecimiento, ya que Cartagena está viviendo una revolución deportiva silenciosa. Lo que durante años fue una carencia estructural se ha convertido, casi de golpe, en una explosión de oferta.
La cuestión ahora no es si hay suficientes instalaciones, sino si este crecimiento será capaz de consolidarse, equilibrarse y responder realmente a las necesidades de un ciudad que ha pasado de no tener a tener demasiado, demasiado rápido.
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