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Historias de Cartagena

De tinglados e inundaciones en Cartagena

Vista de los tinglados desde el antiguo Club de Regatas

Vista de los tinglados desde el antiguo Club de Regatas / L.O.

El 23 de febrero de 1877 el Rey Alfonso XII visitó Cartagena para inaugurar el comienzo de las obras del muelle que lleva su nombre y que unos años después de su terminación empezó a poblarse con los protagonistas de la historia de hoy, los tinglados. Y es que estas grandes estructuras de hierro y madera que protegían las mercancías de las inclemencias del tiempo junto con los cobertizos poco a poco fueron ocupando cada vez más espacio en nuestro puerto.

Nada mejor para saber cómo funcionaban estos elementos, y algunas curiosidades, que las reglas provisionales para su uso publicadas por la Junta de Obras del Puerto en 1897. Un pequeño libreto de seis páginas con dieciocho artículos en su interior ratificados por el secretario de la institución Manuel Antón y el vicepresidente Sandalio Alcantud.

En él se especificaba que solo podrían depositarse en los almacenes, tanto en los abiertos como en los cerrados, mercancías que fueran susceptibles de deterioro a la intemperie y las de valor siempre que todas se hallaran convenientemente embaladas y su peso y volumen permitiera manejarlas en su entrada y salida sin perjuicio para la buena conservación de los tinglados.

Pero no todo se podía almacenar en ellos, había ciertos productos que quedaban excluidos como el alquitrán, anclas, cadenas, carbón mineral y vegetal, barros cocidos, estaño, plomo o zinc, hierro en lingotes, ladrillos y losas de mármol, minerales a granel, maderas de todas clases, esparto en rama, tuberías y piezas de máquinas sin embalar y materias inflamables o explosivas y aquellas que por su naturaleza pudieran perjudicar a las demás mercancías. Igualmente quedaba prohibida la venta de toda clase de mercancías en los tinglados y pasados los primeros veinte días de permanencia gratuita de estas en el tinglado nº 1 podía concederse prórroga de ocupación, previa justificación de necesidad hasta otros diez días por cada uno de los cuales y metro cuadrado de ocupación satisfaría el depositante cincuenta céntimos de peseta. Si algún interesado adeudaba derechos de almacenaje no podía almacenar nuevas mercancías sin hacer efectivo antes su atraso.

Los tinglados ocupando la actual explanada de los Héroes de Cavite

Los tinglados ocupando la actual explanada de los Héroes de Cavite / L.O.

Pero me imagino que los lectores estarán dándole vueltas al título de esta historia y preguntándose qué tendrán que ver los tinglados con las inundaciones que de vez en cuando asolaban a nuestra ciudad.. Antes de darles la respuesta me remito a la segunda de las imágenes, una instantánea que explica mejor que nadie el hecho de que los cartageneros durante varias décadas no pudieran apenas ver el mar y como siempre se dijo 'vivían de espaldas a él'. En ella se ve cómo la actual explanada del muelle o de los Héroes de Cavite está ocupada por un inmenso tinglado que llega casi hasta la dársena de botes con el viejo Club de Regatas como único testigo.

Dos grandes torres flanquean las dos puertas de rejería para el acceso y salida a la zona portuaria y a su derecha se extiende un muro que junto con otros factores importantes va a ser el causante de la acumulación de agua cuando llovía de forma torrencial. Para averiguar esos factores viajamos al mes de abril de 1946, momento en el que los comerciantes de la plaza del Ayuntamiento y calles aledañas enviaron una carta al consistorio en la que le exponían la necesidad de que se acometieran obras que evitaran las inundaciones.

El arquitecto municipal emitió un informe en el que estimó que había dos grandes problemas, el primero la escasa sección de la rejilla que evacuaba las aguas al mar y el segundo el hecho de que la mencionada plaza quedaba a una cota de nivel más baja que el cantil del muelle. Pero como suele suceder normalmente hubo que esperar a otra calamidad como la terrible inundación del 21 de octubre de 1948 para tomar la medida de eliminar el muro y con él los tinglados. El titular del periódico local El Noticiero a tres columnas lo decía todo “se reúne la Junta de Obras del Puerto y el alcalde señor Zamora hace la petición del pueblo para que desaparezca el muro de cerramiento del muelle”. Y así fue cómo los cartageneros quedaron menos expuestos a las temidas inundaciones y pudieron disfrutar a partir de entonces de las vistas al mejor puerto natural del Mediterráneo.

Monumento a los Héroes de Cavite, al fondo el muro de los tinglados

Monumento a los Héroes de Cavite, al fondo el muro de los tinglados / L.O.

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