Cultura
Una sala de conciertos al estilo de las de la movida madrileña
El cartagenero Julián Galindo, que dirige Galileo Galilei y Libertad 8, quiere exportar el modelo

Julián Galindo con la artista María José Llérgo antes de actuar en la mítica sala madrileña Galileo Galilei. / L.O.
Joaquín Sabina, Mikel Erentxun, Muchachada Nui, Los Secretos, las primeras temporadas de El Club de la Comedia y El Cigala. Estos son algunos de los nombres más reconocidos que han pasado por la mítica sala Galileo Galilei de Madrid.
Mientras que Pedro Guerra, Jorge Drexler, Iván Ferreiro, Rosana, Ismael Serrano, Amaral, Marwan y Andrés Suárez han hecho lo propio sobre el escenario del Café Libertad 8 otro de los lugares más emblemáticos de la capital.
Ambas salas comienzan ahora una nueva etapa, pero manteniendo la esencia de siempre, de la mano del cartagenero Julián Galindo, quien se puso al frente de la Galileo en marzo de 2025 y de Libertad 8 hace dos meses.
Galielo cumple 40, pues fue abierta a finales de los 80 en los últimos coletazos de la movida madrileña, mientras que Libertad 8 celebra su 50 aniversario, sumando entre las dos casi un siglo de historia narrada sobre sus escenarios.
Este joven abogado llegó a la capital en 2016 «con una mano delante y una detrás» y comenzó a ayudar a amigos del mundo de la música como Jorge Ruiz de Maldita Nerea y Funambulista hasta que se incorporó al despacho de abogados Carrillo, donde comenzó a trabajar en el mundo de la música desde una perspectiva más técnica, jurídica y fiscal.
Durante estos años en el sector ha visto de cerca «la precariedad y la falta de profesionalidad que existe a veces en las salas de conciertos a nivel general en España porque es un negocio desgraciadamente difícil de sostener y difícil de mantener, me doy cuenta de que cada vez van cerrando más salas de conciertos como el Café Central en Madrid, una de las más míticas de jazz, porque cada vez encuentran más dificultades».
Ahí, fue cuando vio la oportunidad de mejorar este tipo de espacios que están desapareciendo porque «los gestores que las gestionan se están jubilando, es un negocio muy artesano, como en las zapaterías».
Entonces, «aparezco yo que estoy en el sector y que he llegado al sector y a partir de ahí veo las deficiencias que hay en las salas de conciertos y decido apostar por invertir en el negocio». Desde que se puso al frente de ambas salas, junto a sus socios, ha implantado sistemas de digitalización, remodelado la sala, modernizado el sistema y el funcionamiento de la estancia e inversiones en marketing y comunicación.
Asimismo, han rediseñado la programación, con la música como protagonista, pero incorporando nuevos contenidos enfocados a otras disciplinas como la magia, el humor o el teatro musical, como el cabaret para que la sala pueda tener actividad diaria, sin perder su esencia con artistas como cantautores.
Libertad 8 iba a desaparecer porque los propietarios iban a vender el inmueble a una franquicia de comida, pero cuando Diego Cantero se lo comentó a Galindo este se propuso cambiar su destino y no dejarla caer, porque «creo que en la vida no todo son números y por eso me meto aquí, esto no va de ganar el mayor dinero posible, sino de mantener el legado cultural de un país durante años».
Ahora Galindo planea abrir su siguiente sala en su Cartagena natal, aunque «primero tiene que haber un motor y un fenómeno que lo impulse, en Cartagena ahora mismo el proyecto Arte Bogotá ha posicionado a la ciudad en el mapa de la música, porque es una banda que vive allí y es el mejor anfitrión que puede haber».
«Tenemos gente joven y un tejido de músicos, como un deportista de Fórmula 1 que queda campeón y automáticamente el índice de niños que quieren ser pilotos aumenta. Ahora hay un fenómeno en Cartagena que es el fenómeno Arte Bogotá, que va para largo y posiciona Cartagena como un sitio de música. Empresas como Raw están teniendo iniciativas y acciones en pro de impulsar la música. Si hay un momento es ahora por estos motivos», expone Galindo.
Asimismo, apuesta más que por más apoyo institucional desde el punto de vista económico por un conocimiento y un diálogo entre el sector privado y el sector público, «creo que lo puede haber porque la alcaldesa, Noelia Arroyo, y el equipo de Cultura han demostrado que están comprometidos con este tipo de acciones».
Para llevar a cabo de este proyecto solo le falta encontrar el sitio adecuado, aunque ya lo está buscando porque «uno de mis propósitos de año es encontrar un lugar en Cartagena para crear una sala, pero que no solo sea de música, sino que pueda contener disciplinas como el teatro o la comedia. El concepto del espectáculo donde el público se sienta y se va cada vez funciona menos».
El abogado apuesta por «hacer equipo, ver espacios, licitar esos espacios a largo plazo y ofrecer las facilidades de la Administración, no busco el ánimo económico, solo la sostenibilidad del negocio y que aporte un valor a la sociedad, a la cultura y al legado de Madrid, en Cartagena podría crear sinergias con las salas de Madrid».
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