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Carthagineses y Romanos

Himilce recibe el terrible designio de los dioses en una noche mágica

La princesa íbera consultó a los astros que le respondieron que su marido, Aníbal, no triunfará frente al imperio romano, pero dejará un legado en su hijo

Una sacerdotisa del templo de Tanit responde a las inquietudes presentadas por el pueblo de Qart-Hadast en el auditorio del Parque Torres.

Una sacerdotisa del templo de Tanit responde a las inquietudes presentadas por el pueblo de Qart-Hadast en el auditorio del Parque Torres. / Loyola Pérez de Villegas

La felicidad de la princesa íbera Himilce tras su boda con el general carthagines Aníbal se tornó anoche en tristeza tras los sombríos presagios de los dioses sobre la contienda de su marido contra el imperio romano. Himilce quiso mirar más allá y puso su esperanza en la diosa Tanit, preguntándole por el destino de su esposo Aníbal frente al imperio romano. La respuesta no fue halagüeña: el general no saldría bien parado en su empresa. Pero la divinidad dejó también un rayo de esperanza. Antes de partir, anunció, en el vientre de la princesa empezaría a crecer un hijo, Aspar, símbolo de que ni su pueblo ni su leyenda desaparecerían. Y ahí está la prueba: miles de años después, Cartagena sigue recordando aquella historia con diez días de fiestas que mezclan emoción, pólvora y mucha pasión festera.

La protagonista de una noche mágica en un parque Torres hasta la bandera de público fue «la dulce Himilce cuyo rastro se pierde entre la historia y la leyenda tras la marcha de Aníbal a Italia» adonde ella intentó acompañarle sin conseguirlo. Muestra el oráculo los deseos de una mujer y la angustia de una esposa.

Una vez abiertas las puertas del templo de la gran diosa púnica el pueblo entró a mostrar sus inquietudes a su divinidad protectora en busca de una profecía positiva. La princesa íbera acude ante Tanit atemorizada por una pesadilla en la que no puede parar de pensar buscando encontrar una respuesta que calme su alma. Sin embargo, descubre que le ha sido revelado por los dioses el futuro de la ciudad en el que «con engaño y traición las águilas de Roma abrirán las puertas de Qart-Hadast después de que la luna suba y baje por segunda vez y el fuego destructor devorará las cinco columnas». Aunque Aníbal, protegido por los dioses, podrá conocer a su hijo.

Antes del acto se entregaron también los premios Gran Dama de Cartago a Ana Campos de las Tropas de Asdrúbal y Hannon el Navegante a José María Navarro Cayuela.

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