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Carthagineses y Romanos

Aníbal e Himilce, amor y estrategia para hacer frente al imperio romano

El general y la princesa oficializan su amor y la unión de sus pueblos contra el ejército lacio en una representación que congregó a cientos de asistentes

Aníbal y la princesa Himilce no necesitaron ni juez ni papeleo para sellar su unión. Bastó un «sí, quiero» pronunciado con solemnidad festera para que púnicos e íberos quedaran oficialmente aliados contra el ejército romano. La escena, envuelta en emoción y nostalgia, arrancó aplausos y suspiros a partes iguales, porque en Cartagena hasta la historia de amor más lejana en el tiempo se revive con pasión.

Cientos de personas se congregaron ancohe en el escenerio de la plaza Mayor, en la explanada del puerto para disfrutar de uno de los actos más emblemáticos de las Fiestas de Carthagineses y Romanos, las Bodas de Aníbal e Himilce.

El matrimonio de Aníbal e Himilce tiene, sobre el pergamino, más de estrategia que de romance: un acuerdo de conveniencia entre la poderosa familia Bárcida y el rey Mucro de Cástulo para sumar fuerzas contra Roma. Todos ganaban algo con la alianza, al menos en términos militares. Pero en las fiestas de Carthagineses y Romanos la historia se cuenta con otro matiz: lo que en su día fue pacto casi impuesto, sobre el escenario se viste también de amor, para que la emoción acompañe a la política y el público se deje llevar por el encanto de la representación.

Se presenta al joven púnico como un soldado que no se distingue de los demás por sus capas de ricas telas y adornos de pedrería y que ni tan siquiera gusta de los palacios ni las exquisiteces de la corte, «su distinción reside en que es frío, inteligente, diestro en el manejo de las armas, instruido y educado al gusto helénico en todas las ciencias y su único arte es guerra». Sin olvidar que es capaz de domar tanto al elefante como al caballo, como demostraría en el futuro quedando su hazaña para la posteridad en las páginas de la historia bélica.

La triste noticia de la muerte de Asdrúbal Janto ‘El Bello’ a manos de un esclavo propicia la elección de un nuevo caudillo para los carthagineses. Siendo Aníbal Barca, hijo de Amílcar Barca ‘El Rayo’, interpretado por Ángel Celdrán Agüera, el elegido para dicho empeño.

Entregó el rey Mucro a su hija Himilce, representada por Jenifer Villalba Reguera, «la luz que ilumina Cástulo, la prueba más grande de mi plena fe en tus palabras, te dará hijos que serán el fruto de nuestra unión y el auténtico provecho de nuestro pacto». Así selló el monarca su alianza estratégica con el general púnico contra Roma. Las dudas de Aníbal sobre el enlace fueron disipadas por la aparición de Amilcar tras el ruego del joven a los dioses. También reprochó al princesa a su padre no consultarle su decisión, quien no tiene «derecho a juzgar sobre mi destino ni mis sentimientos». Aunque finalmente, en un emotivo encuentro a solas ambos se confiesan su amor «escrito en las estrellas» que sellan con un interminable beso.

Los fuegos artificiales iluminaron el cielo antes de las bodas como los ojos de los enamorados. Los festejos tuvieron lugar en una Qart-Hadast engalanada para la ocasión y con invitados y presentes de todo el Mediterráneo. Aníbal e Himilce juraron ser dignos esposos para cuidarse respetarse y gozar juntos de una vida dichosa, queddando así unidos en el tiempo y en la historia.

Uno de los mayores atractivos de la obra, que maravilló a los asistentes, fueron los movimientos de las tropas durante la representación, que antorcha y espada en mano desfilaron entre el público.

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