28 de noviembre de 2016
28.11.2016

Opinión

Testigo de tantos avatares

28.11.2016 | 00:24

Para los cartageneros es siempre una buena nueva confirmar en la prensa local que existe ya una seria posibilidad de recuperar el viejo Cine Central, bien por parte del Ayuntamiento para transformarlo en un teatro municipal o en un conservatorio superior de música; o bien gracias a la Comunidad Autónoma para tratar de reconvertirlo en un espacio de referencia artístico y cultural de primer orden. Dada su ubicación en la plaza de la Merced -popularmente El Lago-, e inmerso en pleno centro histórico, esta iniciativa será una clara apuesta por el desarrollo de esta emblemática zona.

Por otra parte recordemos las declaraciones de nuestro alcalde la semana pasada, en alusión a la plaza, manifestando que a través de una solera semitransparente sobre pilastras los cartageneros podremos observar pronto el riquísimo patrimonio arqueológico que encierra en su subsuelo; es decir, la plaza fortificada y la calzada romana de Carthagonova, presumiblemente del siglo I; y la casa púnica de Qart Hadast, de una fecha anterior.

Tirando de hemeroteca y, cómo no, de los interesantes legados escritos por uno de nuestros cronistas más queridos, José Monerri, -del que pasado mañana se cumplirá el tercer aniversario de su muerte-, sabemos que en 1708 el cabildo municipal despachó una carta de Luis Belluga y Moncada, obispo de Cartagena, en la que avala la petición de Fray Juan Celdrán, comendador de la Orden de Nuestra Señora de las Mercedes, solicitando licencia para la construcción de un monasterio en la zona. Posteriormente se llevó a cabo la construcción del Convento de Nuestra Señora de la Merced que, a la postre, le daría su nombre a la plaza.

En 1835, con las desamortizaciones del primer tercio del siglo XIX, el convento de los Padres Mercedarios desaparecería y, en su lugar, el Ayuntamiento quiso edificar un gran teatro, pero por falta de fondos no pudo materializarse. Entre tanto, se instaló en el local un circo de títeres, luego unos almacenes; seguidamente, sirvió como reñidor de gallos y en 1872 sería arrendada una parte del mismo a Emilio Gal, un industrial que instaló una fragua para fabricar camas de hierro. En 1880, Ricardo Spottorno demolió los restos del convento y edificó una plaza de abastos, pero el mercado no llegaría a tener actividad por algunas diferencias con la municipalidad.

Años después se convertiría en el salón Sport, local que fue regentado un tiempo por el partido 'El bloque cartagenero', que lideraba José García Vaso (abogado y alcalde de Cartagena en 1915). Con la llegada del cine mudo el salón Sport comenzaría su actividad como cinematógrafo, e incluso sobreviviría a la Guerra Civil, pero a la finalización de la contienda pasaría a llamarse ya Cine Central.

Sin duda, el Central, con sus preciosos decorados interiores, daría muchas tardes de gloria a los cartageneros entre los años 50 y la medianía de los 80, pero la llegada del videoclub a la ciudad, la piratería y otras cosas, le harían correr la misma suerte que otros 25 cines cartageneros de los que hablaremos en otra ocasión. Así pues, de momento, es una alegría que se apueste por conservar este histórico edificio? testigo de tantos avatares.

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