09 de julio de 2020
09.07.2020
La Opinión de Murcia
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Curiosidades

Un huevo con cáscara dentro de otro, junto a la yema y la clara

Una familia cuenta la sorpresa que se llevó al toparse la poco frecuente malformación en un huevo

09.07.2020 | 10:20
Imágenes del misterioso huevo.

En O Grove y Cambados, de donde son las familias sabedoras del sorprendente hallazgo, no dan crédito tras haberse topado un huevo de considerable tamaño en cuyo interior, al romperlo para cocinarlo, vieron que había no solo la yema y la correspondiente clara, sino otro huevo más, intacto y también con su cáscara.

Se trata de un fenómeno poco frecuente, pero que ya se ha dado en otras ocasiones en diferentes partes del mundo y puede considerarse algo natural. De hecho, sucede cuando una gallina no ha expulsado un huevo y ya ha formado el siguiente, de manera que el primero es absorbido por el segundo.

Lo mejor de todo es que si no presentan otras anomalías, ambos huevos son comestibles, convirtiéndose en una especie de "dos por uno" que puede resultar de lo más divertido, como indica Luis Muñiz, uno de los descubridores de este caso.

Una anomalía, que de todos modos, no es la única que puede darse en los huevos de gallina, como este adquirido en Corvillón (Cambados) por su cuñado alemán, Andreas.

Hablando de esas anomalías, puede decirse que hay huevos de dos yemas, que es algo más común y ocurre cuando la gallina genera dos óvulos simultáneamente. Son como "huevos gemelos", y a veces incluso pueden ser "trillizos".

Otros aparecen con chalaza, que es como se conoce esa especie de cordón blanquecino que a veces aparece pegado a la yema y significa que el huevo está muy fresco.

Como también los hay con pequeñas manchas marrones o rojizas que no son más que el producto de pequeñas hemorragias durante la ovulación, siendo el huevo, como en los casos anteriores perfectamente comestible.

También están los huevos con manchas en la cáscara, que varían dependiendo de la dieta de la gallina o el estado de su aparato reproductor; las cáscaras con arrugas o estrías, que pueden darse cuando la gallina es joven y no tiene completamente formado el aparato reproductor; o las cáscaras ásperas, derivadas de un exceso de calcio.

En definitiva, que lo que se encontraron Luis Muñiz y su familia en el huevo casero de casi 8 centímetros adquirido en Corvillón, donde su suegra Ramona es aficionada a las "gallinas ponedoras", fue algo realmente sorprendente, aunque perfectamente explicable.

"Al abrir el segundo huevo esperábamos que saliera un tercero -como si de las célebres muñecas rusas conocidas matrioskas o mamushkas se tratara-, pero ya no fue así", bromea Muñiz.

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