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Blog Desde mi Atalaya - Jesús Norberto Galindo Sánchez

Jesús Norberto Galindo Sánchez

Miembro de honor de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas de España, durante una parte de su vida profesional ha estado vinculado a la gestión y asistencia técnica de organizaciones y actividades turísticas, tanto en la empresa privada como en el sector público. Corresponsal de prensa d...

Sobre este blog de Murcia

La temática de aquellos artículos, reflexiones o ensayos que se van a difundir en este blog están referidos a acontecimientos puntuales relacionados con la actualidad de tipo social, político o profesional y no pretenden guardar ningún tipo de hilo conductor ni temático, en concreto, entre ellos, má...


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  • 15
    Febrero
    2018

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    Murcia

    Gramática feminista

    La pasada semana hemos asistido a una nueva polémica suscitada tras la utilización, por parte de una líder política, de un palabro (perdón por no decir palabra, pero es que el diccionario de la RAE define el primero como “término utilizado para definir una palabra mal dicha”) y quien, confundiendo genero con sexo, ha puesto de nuevo en titulares la utilización del género gramatical como elemento dinamizador de ciertas políticas feministas. El palabro no es ni más ni menos el que ustedes ya se están imaginando; se trata de portavoza y se ha convertido en muy pocos días en el sustantivo de moda que, por otra parte, me ha ayudado a inspirarme a la hora de escribir mi crónica de esta semana.Gramática feminista

    Dejando al margen la cantidad de comentarios y chirigotas de todo tipo que se han desparramado por las redes (y que son el sustento habitual de estas), mi reflexión va a estar centrada en la repercusión que este tipo de ocurrencias, más encuadradas en la definición de lo que podría considerarse un gag, produce en el sentimiento legítimo defendido por una gran parte de la sociedad y que está amparado en los movimientos feministas.

    Lo primero que he pensado es el flaco favor que se le está haciendo a todos aquellos que defienden (yo me incluyo) una verdadera equiparación entre sexos, y que huimos de este tipo de extravagancias, que lo único que conllevan son el fomento de situaciones ridículas y la proliferación de cierto tipo de mensajes, como el que le han dirigido a la líder de Podemos, autora del desaguisado, y que (seguro algunos de ustedes habrán leído) dice así: “si piensas que eres una portavoza o una miembra, también pensaras en que no eres un cargo público sino una carga pública”. Algo que realmente es lamentable y que no debería estar sucediendo; pero en este país, donde hacemos de la vida diaria una permanente chanza, utilizamos de manera injusta y desproporcionada cualquier situación para tratar de linchar al contrario aunque sea pegándole una patada en el culo de otro.

    Los políticos (incluye el género femenino) deberían llevar más cuidado a la hora de hacer este tipo de manifestaciones pues, al igual que ocurrió con la ya olvidada Biviana Aido (Ministra para la Igualdad) con su desdichado y ya famoso palabro “miembra”, lo único que consiguen es atizar la polémica, instigando a aquellos sectores más inmovilistas, pero también a aquellos otros que, de buena voluntad, se esfuerzan por mantener y conservar la pureza de nuestro idioma; una lengua que ya es la segunda más hablada en el mundo y que merece un respeto, sobre todo por parte de aquellos sujetos ligados a la vida pública, que utilizan su posición como altavoces y no se dan cuenta de los daños colaterales que se pueden ocasionar con este tipo de parodias.

    Todos los ciudadanos de este país (pero especialmente aquellos que están desempeñando cargos públicos) deberíamos acostumbrarnos a convivir cumpliendo las pautas y normas por las que nos regimos y que nos hemos dado libremente, y sabiendo que existen los mecanismos para poder cambiarlas y adaptarlas según lo demande la evolución de la sociedad. En el caso que nos ocupa también debería ser igual: existe un organismo, La Real Academia Española de la Lengua, que es la que tiene las competencias en materia lingüística. Propiciemos, por tanto, todas aquellas modificaciones que se consideren oportunas, pero a través del órgano capacitado para ello, y no desde la “portavocía” de una formación política que lo único que pretende es contentar a un sector determinado de nuestra sociedad y tratar de ganar votos dentro de ese falso progresismo al que algunos se aferran cuando defienden este tipo de actitudes.

    Algunos podrán argumentar que la libertad de expresión, y el libre ejercicio a expresarse como uno quiera, les ampara. Y es verdad, por supuesto que no existe ningún delito ni falta que sancione este tipo de conductas y manifestaciones. Pero eso no significa que esto no se pueda adjetivar como una “boutade(el diccionario la define como un “exabrupto o humorada... intervención ingeniosa para impresionar en un contexto social...”. Una ocurrencia esgrimida por algunos que, aunque estoy seguro tienen una formación suficiente que les permite expresarse correctamente, sin embargo, utilizan esta deformación del lenguaje como un falso esnobismo, apareciendo en estas ocasiones como unos verdaderos iletrados y, en mi opinión (y es lo más grave) produciendo un daño colateral al legitimo sentimiento de igualdad de género al que nada benefician este tipo de “ayudas”.

    Con este tipo de actitudes se está consiguiendo justo lo contrario de lo que se pretende. Igual pasa con el famoso “cupo femenino” que muchos colectivos feministas defienden a capa y espada, y que pretende –por la vía de la imposición numérica- igualar la presencia de ambos sexos en casi todas las profesiones y lugares donde se desarrolle una actividad directiva, profesional o comercial. Ya sé que esta afirmación me puede traer más de una crítica, pero –de verdad- la hago pensando sinceramente en que no es una medida que ayude a dignificar la posición femenina en el conjunto de la sociedad. No voy a dejar de reconocer que la mujer está infrarrepresentada en multitud de sectores a los que no ha accedido en las mismas condiciones de igualdad que el hombre; pero eso no se soluciona aplicando reglas matemáticas. He escuchado más de una vez la opinión de muchas excelentes profesionales en contra del “cupo”. Algunas han considerado que no se ha tenido en cuenta su valía e idoneidad para determinado puesto, simplemente “les ha tocado” por ser mujer, y eso es verdaderamente denigrante, pero es lo que se está consiguiendo con esta política de falsa igualdad.

    En mi opinión se podría hacer un mayor hincapié en la aplicación de nuevas políticas de conciliación familiar y, por supuesto, un énfasis mayor en aquellas acciones de formación e información de las que nuestra sociedad tiene una cierta carencia. Evidentemente este tipo de procedimientos es más lento, pero ayudarían a reconocer una conceptualización más objetiva del trabajo de la mujer, y le permitiría situarse en los puestos a los que tiene derecho y en los que ha demostrado tener capacidad de sobra para su desempeño, sin necesidad de que este derecho le sea otorgado por un símbolo matemático en forma de porcentaje.

    Resumiendo: con la implantación de una gramática feminista no se va a arreglar este problema. Al menos esa es mi opinión, con todo respeto.

    Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

     

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