Problemas sexuales: ¿por qué se producen?

Cualquier persona puede tener fallos en su respuesta sexual pero hay que activar la alerta si se repite de forma corriente

11.07.2015 | 12:10
¿Cuáles son las principales disfunciones sexuales?

¿Cuáles son las disfunciones sexuales?

  • Disfunción eréctil: Imposibilidad para lograr y/o mantener la erección del pene hasta el final de la actividad sexual.
  • Eyaculación precoz: Incapacidad para controlar el reflejo eyaculatorio, produciéndose éste antes de lo que la persona desea.
  • Eyaculación retardada: Dificultad para provocar el orgasmo con la suficiente estimulación. Éste no se produce y si lo hace es de forma tardía.
  • Vaginismo: Espasmos musculares en la vagina que imposibilitan la penetración.
  • Dispaurenia: Dolor o molestias asociadas a la relación sexual. Puede ser una molestia leve o un dolor profundo, se da tanto en hombres como en mujeres.
  • Trastorno orgásmico o anorgasmia: Incapacidad para alcanzar el orgasmo siendo suficientemente estimulada.
  • Trastorno de la excitación sexual: Dificultad para sentir excitación.
  • Deseo sexual hipoactivo: Bajo o nulo deseo de actividad sexual.
  • Aversión sexual: Desagrado y aversión hacia las relaciones sexuales.

En ocasiones, al igual que en cualquier otro aspecto de la vida y de las relaciones, en la sexualidad pueden encontrarse ciertas dificultades que impiden que la experiencia se viva de forma plena y positiva. La respuesta sexual de toda persona se caracteriza por las siguientes fases: deseo, excitación, orgasmo y resolución. Cuando se altera alguna de estas fases de forma repetida hablamos de disfunción sexual.

¿Cuándo aparecen?

Las disfunciones sexuales pueden aparecer desde el comienzo de la experiencia sexual de un individuo, por ejemplo: vivir todas las relaciones sexuales eyaculando rápidamente y sin poder controlarlo (eyaculación precoz). Pero también puede darse el caso de que alguien goce de una sexualidad satisfactoria y, en un determinado momento de su vida, experimente alguna alteración en su propio funcionamiento, por ejemplo: una mujer que vivía el sexo con intensidad puede perder el deseo por éste (deseo sexual hipoactivo).


¿Cuáles son las causas?

Los problemas en la conducta sexual pueden ser causados por dos factores: de índole psicológico o físico. Estos pueden darse juntos o de forma independiente. En caso de sufrir alteraciones a nivel físico es necesario que sea el profesional de la medicina el que intervenga. Cuando se trata de factores psicológicos es el psicólogo-sexólogo el que ofrecerá el tratamiento más acertado. Cuando se trata de factores combinados, se debe de contemplar un tratamiento que también integre los aspectos psicológicos y físicos.

La mayor parte de las disfunciones sexuales tienen los mismos factores psicológicos en común. Por ello es común encontrar cómo una disfunción puede derivar en otra, ya que son respuestas físicas que responden a un mismo mecanismo. Por ejemplo, aquel que tiene eyaculación precoz puede sufrir de una disfunción en la erección (conocido también como impotencia), o la mujer que tiene dificultades para lograr la excitación, puede desembocar en vaginismo (imposibilidad de penetración).

"La ansiedad por un buen rendimiento" o el "miedo al fracaso" son las más potentes causas psicológicas por las que se produce y mantiene una disfunción. Se trata de ansiedad. La ansiedad activa todo un mecanismo para proteger al organismo de un peligro. En este sentido la ansiedad es útil y necesaria. Por ejemplo, si un león me persigue, interpretaré que mi vida corre peligro.

De este modo, mi cerebro activará una señal de alarma (la ansiedad) que pondrá todos mis recursos a la máxima potencia, el corazón bombeará más sangre (palpitaciones), la sangre se concentrará en los órganos vitales (por eso se experimenta un hormigueo en las extremidades), la respiración se acelerará y, como consecuencia de toda esta activación, correré más deprisa, con suerte subiré un árbol y quedaré a salvo. Todo esto ante un peligro real es sano y tiene una función: protegernos.

Pero, cuando no existe peligro, provocamos un desgaste innecesario y además interpretamos de forma negativa y catastrófica nuestra reacción. Es decir, si tengo todos estos síntomas pero no hay un peligro real y externo, tengo la "sensación" interna de que algo malo me esta pasando y de que "me va a dar algo". Digamos que esto es lo que sucede en un ataque de ansiedad o, en menor escala, en cualquier situación donde sentimos que nos ponemos muy nerviosos.

Y es precisamente esta activación de la señal de alarma la que hace que nuestro cuerpo no se relaje y disfrute de la experiencia sexual. Cuando el sexo se convierte en un examen donde voy a "ver si lo hago bien" o "demostrar que puedo", se convierte en una situación de "peligro" para la autoestima, la valoración personal. Por no hablar de cuando uno siente que si el sexo no funciona bien la relación se va a romper. Cuanta más responsabilidad se perciba en la relación sexual, más probabilidades de fracaso habrán y más fácilmente se producirá la activación de la ansiedad.

Disponemos de dos sistemas opuestos que no pueden estar activos a la misma vez: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El sistema nervioso simpático es el que se activa con la ansiedad. Lo que sucede en la ansiedad es que toda la actividad se queda sin control racional, es decir, me dejo llevar por las emociones. Este sistema sigue la regla de "todo o nada", es decir, si se activa, se activa por completo con una serie de síntomas a la vez. ¿Cómo salir de este estado? Activando el sistema opuesto, es decir, el sistema nervioso parasimpático que es el estado en el que podemos disfrutar de la relajación. Los tranquilizantes lo que hacen es acelerar el proceso de la activación del sistema nervioso parasimpático. Sólo con el fármaco se logra romper el proceso de forma puntual, pero no se aprende a controlar y a romper el círculo vicioso en el que nos vemos envueltos una y otra vez ante determinadas circunstancias.


¿Cómo se puede mejorar?


Getty Images. Compartir tiempo con la pareja ayuda a estrechar la relación e incrementar el deseo.

Entendemos que es necesario estar en un estado de cierta relajación para poder sentir placer y disfrutar de la experiencia sexual. Por ello, ante los problemas sexuales hay que observar la forma en la que estamos viviendo la experiencia sexual. Si anticipamos que va a ser dolorosa, frustrante, que "lo vamos a hacer mal", etc., nos expondremos a activar todo nuestro mecanismo ansioso y puede que nuestros miedos sean confirmados. La forma de salir de este círculo es la de reinterpretar la experiencia sexual de un modo positivo y no con exigencias. Precisamente este es uno de los aspectos que le dan facilidad de éxito a la terapia sexual.

Espero haberte ayudado, si deseas más información puedes escribir a: institutopareja@gmail.com

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