13 de mayo de 2018
13.05.2018
Mascotas
Si ellos hablaran

Están apareciendo perros atados a las vías del tren

13.05.2018 | 04:00
Están apareciendo perros atados a las vías del tren

Si no lo veo, no lo creo. Se trata de una macabra moda que, de nuevo, ha irrumpido en la vida de los animales. Desde hace semanas, están apareciendo en distintas zonas de España animales atados a las vías del tren.

Evidentemente, cuando se descubre el cuerpo de éstos, son ya cadáver. En las últimos días, sólo en el sur han sido recogidos más de 20 perros así, pero ¿a quién se le puede ocurrir una monstruosidad de ese calibre? Pues, evidentemente, a eso, a un monstruo o, mejor dicho, a varios. A asesinos, cafres y dementes, capaces de disfrutar viendo cómo el cuerpo de esos pobres animales revienta por el brutal impacto.

La policía ya está investigando los hechos; sin embargo, ¿se trata de algo aislado? Desgraciadamente, no. La primera vez que me encontré uno de estos casos fue un domingo por la tarde. Mi teléfono sonó y, al otro lado, la voz de una mujer llorando me avisó de lo sucedido. Un perro, su perro, un pastor alemán que llevaba perdido desde el día anterior, había aparecido muerto junto a la vía del tren. La mujer no paraba de preguntarse cómo había podido ocurrir, pues al parecer su perro nunca se acercaba por allí. Me pidió ayuda, quería recuperar el cuerpo pero no se atrevía a hacerlo sola. Tras intentar consolarla, le pedí el lugar exacto donde estaba el animal. Cogí cuatro cosas y me fui para allá. Por el camino iba dándole vueltas a lo que me había contado. Probablemente el animal se habría desorientado. Esa era la única explicación.

Por fin llegué a la vía. No me costó mucho verlo. Era un perro grande de pelo precioso. Se encontraba tumbado y medio enroscado sobre sí mismo. Me acerqué a él con cuidado. Los trenes seguían pasando. El perro llevaba un collar sobre su cuello. Como pude, tiré de él con fuerza hacia fuera. No se movió del sitio. Me extrañó. Di otro tirón, y otro más. Nada. El animal parecía estar pegado al suelo.

Entonces me fijé por primera vez en una especie de cuerda que salía de su correa. No era posible. Sí, lo habían atado a la vía del tren. El pobre animal, indefenso, aterrorizado, había muerto arrollado sin poder escapar. Lo desaté como pude y devolví el cuerpo de aquel animal a su familia. Sin embargo, su recuerdo quedó conmigo para siempre. Por eso, ahora que de nuevo los casos de animales asesinados así se multiplican por toda España, sólo espero que detengan cuanto antes a los culpables y que acaben donde tienen que acabar, en las mismas entrañas de la cárcel.

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