C. GARRIDO/M. J. GALINDO
La búsqueda de Antonio Pedro Martínez Ardil, el submarinista de 41 años desaparecido ayer a mediodía en la Cueva del Agua de Isla Plana, se reanuda esta mañana con el apoyo del Grupo Especial de Espeleología de la Guardia Civil, que se desplazó anoche desde Madrid para reforzar las labores de rescate. Trabajos que están siendo muy complejos por la dificultad geológica de este abrigo submarino, considerado por los expertos como una de las zonas más peligrosas para la práctica del submarinismo de la Región. Y donde ya fallecieron dos agentes de la Guardia Civil cuando realizaban unas prácticas hace 14 años.
Martínez Ardil, que trabaja en la tienda de buceo 'Casco Antiguo' de Murcia, entró en la cueva, de 12 metros de profundidad, acompañado de dos amigos. Al parecer, y según los comentarios realizados por personas cercanas al grupo de rescate, el submarinista no utilizó todas las medidas de seguridad necesarias para afrontar una inmersión tan peligrosa. A diferencia de los dos buzos que le acompañaban, Martínez Ardil no llevaba el cabo de sujeción necesario para poder regresar en situaciones de dificultad, según comentaron a estas fuentes los miembros de la Guardia Civil que entraron en la cavidad para rescatarle. Según el mismo relato, los agentes que accedieron a la cueva se jugaron la vida al realizar dos inmersiones sucesivas, práctica muy arriesgada, según los protocolos de seguridad del submarinismo. Otra de las trabas era que el agua estaba muy turbia. Las mismas fuentes dijeron que los dos compañeros del desaparecido estaban muy afectados y precisaron atención psicológica. Las mujeres de ambos comentaron el riesgo tan enorme que los buzos habían corrido al intentar entrar en la cavidad, según la mima fuente, que también apuntó que cuando Martínez Ardil perdió el contacto con sus compañeros, sólo disponía de una hora más de oxígeno.