La organización desarticulada por la Policía Nacional estaba perfectamente estructurada -con un cabecilla, encargados de entrar en las casas y otro que 'colocaba' los objetos robados- y seguía estrictas medidas de seguridad y de autoprotección. Todo ello dificultó enormemente las investigaciones de la Brigada Provincial de Policía Judicial de la Policía Nacional de Murcia. Para evitar ser localizados, los presuntos asaltantes no tenían un domicilio fijo y cambiaban de residencia con mucha frecuencia. Para sus golpes, además, usaban coches de alquiler que obtenían sin levantar sospechas gracias a documentos falsos.