Óbito
Manuel Verdejo Miñano 

El nazareno de toda una vida

Cieza despide al que fue 18 años presidente del Cristo de la Agonía

03.08.2016 | 19:18
Verdejo fue maestro, boticario y «nazareno todo el año».

El mundo cofrade ciezano se ha despedido de Manuel Verdejo Miñano (Cieza, 1947-2016), un ´semanasantero´ de pro que llevaba a su Santísimo Cristo de la Agonía, imagen titular de la cofradía de la que fue presidente durante casi 18 años, en lo más profundo de su corazón. Su amor por la Semana Santa lo cultivó desde la infancia en el entorno de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, donde ha residido siempre.
Siendo muy joven, se alistó en las filas de la popularmente conocida como ´Hermandad del Silencio´, en la que ha estado hasta hoy y a la que va a seguir perteneciendo honoríficamente. Durante su mandato, la cofradía creció y se transformó, pudiendo ver la luz el deseado paso de Jesús en el Calvario. El reconocimiento de la Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza llegaría en el año 2007, cuando fue nombrado Nazareno del Año.

De eso, el propio Manolo hablaba en una entrevista que LA OPINIÓN publicó en el año 2012 coincidiendo con su jubilación. «Para mí, la Semana Santa es la mayor expresión cultural, social y religiosa que tiene Cieza. Siempre la he vivido intensamente y este año ha seguido igual. He tenido la suerte de presidir mi cofradía, la del Santísimo Cristo de la Agonía, y en 2007 me nombraron Nazareno del Año. Yo siempre he dicho que no soy Nazareno del Año, sino que soy nazareno todo el año. Sigo vinculado a mi cofradía y colaborando siempre que me lo piden. Y, además, me considero de todas las cofradías».      
 
En el campo profesional, Manuel Verdejo compatibilizó su faceta en el mundo de la enseñanza con la de farmacéutico en la farmacia de su amigo, también ya fallecido, Joaquín Jordán Pérez. Fue maestro en el colegio Juan Ramón Jiménez aunque su función docente comenzó en 1973 en el centro San Juan Bautista. Pero bastante antes, en 1961, empezó a trabajar de boticario y, en las horas libres o en las largas madrugadas de guardia, aprovechaba para estudiar la carrera de magisterio que finalmente obtuvo.

Contaba Manolo en aquella entrevista algún pasaje que a pesar de los años, no había olvidado. «Recuerdo en una ocasión, en la década de los 70, que tuvimos que estar de guardia 72 horas seguidas. Sólo salía del local para ir a lavarme a mi casa. Por otra parte, yo he conocido la farmacia galénica y recuerdo que una noche de guardia nos llegó un profesor del instituto con un esguince. Le preparé un combinado con alcohol y aguarrás y el esguince se curó. Situaciones de esas hubo muchas. He trabajado en la farmacia con mucho empeño, haciendo clientela y con la suerte de tener a un padre como jefe». Se ha ido pues una persona multifuncional, que ha enseñado a miles de alumnos, que ha curado a centenares de vecinos y que, desde la fe, ha aportado lo mejor de sí mismo para engrandecer una 'pasión infinita'.

Su cofradía también se ha sumado a los pésames de condolencia. La directiva, en una carta abierta, expresa:
«Querido Manolo, como siempre te recordaremos, queremos hacerte llegar nuestro dolor y sentimiento porque ya no estarás físicamente a nuestro lado, contigo muchos aprendimos el sentido de la fe en el cristiano, tu fervor inherente a tu persona por nuestro Cristo de la Agonía, fue y seguirá siendo un ejemplo para todos nosotros. Tu ansia por llevar sobre tus hombros a tu Cristo, nuestro  Cristo, jamás pasará inadvertida en el recuerdo de cada uno de los cofrades que tuvimos el honor y la dicha de conocerte y compartir tu gran pasión por nuestra Semana Santa y en especial por nuestra cofradía.

Para los que seguimos tu proceso de enfermedad desde la proximidad que nos ofrecía tu amistad y cariño, hemos tenido la oportunidad de comprobar que tu fe estaba grabada a fuego en tu corazón, hasta el punto de asumir con una entereza casi inexplicable para la debilidad humana que representamos, esa agonía que durante algún tiempo te acompañó junto a tu  Cristo de la Agonía.

No es un tópico el decirlo y el desearlo, tenemos la certeza más absoluta que desde ayer tarde pasaste a acompañar al Padre, primero en su dolor y luego en su gozo de poder tener a su lado a un hijo como tú, tan entrañable y servicial, que fiel a Su deseo, viniste a servir y no a ser servido. Manolo ten la completa seguridad que escribiste buenos renglones en nuestro corazón cristiano y que por ello, aunque ya no estés entre nosotros, tu recuerdo será nuestro alimento».

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