Toros

Rafaelillo pincha con la espada

El rey emérito no se quiso perder la última faena de la Feria de San Isidro en Las Ventas

06.06.2016 | 04:00
Rafaelillo recibiendo al primero de la última de San Isidro, ayer en Las Ventas.

Un año después, en la misma plaza y con la misma ganadería, Rafaelillo volvió a tropezar con la ´piedra´ que él mismo se puso en el camino del éxito, al fallar nuevamente con la espada después de hacerle una notable faena a un toro de Miura.

Igual que en la feria de 2015, logró el diestro murciano torear con clase y calidad al natural a un ejemplar de la legendaria divisa, en este caso el que se lidió finalmente en primer lugar al correrse el turno por la devolución a los corrales del titular.

Tuvo el ´miura´ un buen pitón izquierdo, lado por el que embistió con nobleza, entrega y recorrido, aunque, obedeciendo a la leyenda de ´singularidades´ de su estirpe, tuvo también un peligroso sentido por el derecho, por donde ´cogía moscas´, como dicen los toreros.

La disyuntiva era tan evidente que Rafaelillo optó por basar su trasteo por el pitón bueno, lado por donde sacó muletazos de creciente hondura, temple, poso y naturalidad, a medida que él mismo se iba confiando y creyendo en las posibilidades de un toro tan desconcertante hasta que abrió el trasteo.

Pese a ciertos altibajos, motivados por el afán del torero de acortar distancias, con la consecuente ´incomodidad´ del animal, la faena de Rafaelillo incluyó varios de los muletazos de mayor calidad de toda la feria, como fueron también los últimos, citando clásicamente de frente y a pies juntos.

Pero, como si le rondara la cabeza el recuerdo de sus fallos de hace un año, Rafaelillo tardó mucho en cuadrar al toro, sin ver claro el lugar donde ejecutar la suerte suprema, para finalmente perderlo todo en tres entradas sin fe con el consecuente resultado de tres pinchazos anteriores a la estocada final.

Esa faena, la primera, fue la única reseñable de una tarde lastrada por la falta de raza y de fuerzas del resto de los toros de Miura, de estampa decimonónica y de juego amoruchado, y de un sobrero basto y sin cuello de Valdefresno que no desentonó.

Así fue el lote de Javier Castaño, al que también la plaza de Las Ventas recibió con una fuerte ovación tras haber superado un cáncer testicular en los primeros meses del año. Y así fue igualmente el duo que sorteó Pérez Mota.

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