Abrir boca

La Clave Rock-Bar, un clásico frente al Teatro Circo

Música pop-rock e interesantes conciertos son la auténtica clave de la larga vida del local de Murcia

04.03.2016 | 22:07
Animado momento en La Clave, un clásico en la calle Enrique Villar de Murcia, frente al Teatro Circo.

Posiblemente la clave de La Clave, valga la redundancia, para haberse convertido en un clásico de la zona de la Universidad en la Calle Enrique Villar desde hace 17 años es no haber variado apenas en todos estos años. Cuando accedemos al local sabemos qué nos vamos a encontrar, buen ambiente, buena música, buenas copas y cervezas y, de cuando en cuando, algún sorprendente concierto.

«Somos un bar clásico», nos explica Juan Espinosa Zamora, su artífice, quien tuvo anteriormente otro local trece años en el El Palmar, el Fylos, y también regentó la cervecería La Rockera, con más de 40 referencias de cerveza, muy cerca de La Clave.

Y la verdad es que es así, clásicos en su decoración a base de madera y ladrillo visto, y fieles a su música en CD e incluso en vinilos, entre los que cuentan con más de 7.000 ejemplares.

Ayudan a Juan tras la barra su hijo Alejandro, esporádicamente Yolanda y Gabi, quien lleva diez años como camarero y a los mandos de la mesa de mezclas como DJ pinchando a Loquillo, Fito, Los Piratas, Bunbury, Izal, Love of Lesbian, Rosendo, Second, Barricada, Chuck Berry, Elvis, AC-DC, Leño, Aretha, Supersubmarina, Extremoduro, Metallica, Status Quo, Queens, Alaska, Los Rodríguez o M-Clan.

Entre sus cervezas cuentan con Alhambra especial, Alhambra 1925, Heineken, Budwaiser, Paulaner, Coronita, Desperados y la sin gluten Daura.

Los gintonics de Seegrams, Tankeray y Martin Miller son los combinados más demandados y sirven fresquísimos chupitos de tequila José Cuervo y ´roscos´ de media docena de tequilas de esa misma marca por sólo 9 euros.

Presentando el carné de estudiante hacen descuento de un euro en cada copa y los tercios a dos euros. Y los sábados ofrecen una sesión especial de tarde desde las 17.30 horas.

La decoración del local apenas ha cambiado tampoco en todos estos años y allí sigue colgado el detalle de las manos pintadas por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, el gran paisaje marroquí junto a la barra pequeña (que ahora usan en contadas ocasiones), dos torsos de mujer de un pintor norteamericano adquiridos hace años por Juan y por los que han llegado a ofrecerle más del triple de lo que en su día pagó por ellos.

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