Sexo al desnudo

Amor animal

30.08.2015 | 16:56
Amor animal

«Un burro es como un ama de casa (...) De hecho el burro es un poco mejor, mientras que la mujer a veces puede quejarse e irse a casa de sus padres, nunca cogerás al burro siendo desleal a su dueño». Ni es mía la frase ni de ninguno de los lectores. La reflexión proviene de un libro de primaria que se usaba no hace mucho en los colegios indios. Claro, vista así la cosa, no es de extrañar que existan seres humanos que se enamoren de otras especies animales y quieran, en un determinado momento de la relación, formalizar su amor con casamiento.
Sin salir del país que nunca descubrió Colón, nos encontramos con el caso de una mujer que se desposó con una cobra. Los habitantes del pueblo de la muchacha, unos dos mil, acudieron encantados a la ceremonia. La madre de la novia radiaba felicidad. Vamos, que a todo el mundo le pareció de lo más normal, y eso que la cobra sólo salía del hormiguero en el que vivía para beber la leche que le ofrecía su novia, de modo que dio el sí por poderes. Parece que esto del amor animal es de lo más normal en el país de Ghandi, nada de extrañar cuando se cree en la reencarnación. Por eso tampoco extrañó a nadie el casamiento entre Selva Kumar y una perra vagabunda, si bien en este caso más que por amor fue para quitarse de encima una maldición que comenzó cuando mató a pedradas a dos perros vagabundos. Una historia conmovedora.

Para conmovedor, lo que nos cuenta nuestro amigo Elías, quien como cualquier hindú que se precie, se ha enamorado perdidamente de su iguana. Afirma que la compenetración que hay entre ambos es impresionante. «Jamás me había sucedido nada parecido con ninguna de mis ex, podemos pasar horas mirándonos en silencio y sentirnos tan a gusto». Yo me impresionaría más aún si me dijeras que mantienes conversaciones con el reptil, pero te entiendo. «Lo que me llevó a tomar la decisión de casarme con Juancha fue la extraordinaria hazaña que protagonizó una noche, mientras yo dormía. Parece que aquel día cerré mal el terrario y aprovechó para ver mundo. Podía haber ido donde quisiera, era libre. Pero en lugar de huir, terminó subiendo a mi cama para descansar en mi cara. Eso fue sin duda toda una declaración de amor por su parte». Sin querer faltarte, amigo, mi perro se empeña en usar mi pierna como consolador y no creo que sea precisamente por amor, aunque no soy yo la experta en iguanas, claro. «Ya tengo nuestros billetes para viajar en primera con Singapore Airlines hasta Nueva Deli, donde celebraremos nuestra unión eterna». Cierto es que de los casamientos incestuosos entre los Buendía de García Márquez amenazaban hijos con cola de iguana, aunque lo que terminó naciendo fue un muchacho con cola de cerdo, así que quién sabe lo que puede dar de sí esta extraña pero feliz pareja.

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