Olvido y memoria

Cuatro pintores murcianos (2)

29.08.2015 | 11:59
Cuatro pintores murcianos (2)

Los días de 1973 y de convivencia con los cuatro pintores veteranos murcianos fueron hermosos; ver sus bodegones y sus flores colgados en las blancas paredes, un resurgir del mundo clásico. Don Ángel Tomás, delgado y de movimientos ágiles, me hablaba mucho de Joaquín y me pedía precio por un retrato que yo guardaba. Tenía su estudio en la plaza de Camachos, pero yo le conocía desde niño por algo no relacionado con la pintura. En la huerta, don Ángel tenía un taller de artesanía de juguetes de cartón piedra; famosos sus toros y toreros. Allí, en 1957, mi padre rodó su película Cosas de toros, que fue premio extraordinario de aquel año en el concurso de cine amateur. Don Ángel dio todo tipo de facilidades. En la pintura le distinguía una pincelada con el ritmo que había visto en Cezànne, consiguiendo obras de muy buena factura; tanto en el paisaje como en el bodegón; sin olvidar algún retrato excelente.

Don Gregorio Cebrián había nacido en Totana –me alegro que ahora en su pueblo haya una sala que lleva su nombre–; y había estado años en Madrid, en el estudio de Cecilio Pla; es natural, por tanto, que su visión de la pintura fuese amable y cercana al impresionismo tardío. Flores y composiciones, con telas de pliegues nunca fáciles, eran motivo de sus lienzos, siempre impecables de color y hasta de perfume. Lo que pintaban estos cuatro artistas murcianos era auténtico. Eran ellos mismos, vestidos con sus chaquetas, chalecos y corbatas. Cebrián se consideraba un pintor levantino; aunque había vivido en Andalucía, en Almería y, más tarde, de forma definitiva, en Madrid. Al escribir de ellos, deberíamos hacerlo de Joaquín, de Garay, de Pedro Flores, de Victorio Nicolás; ya lo supone el lector; porque todos tienen de todos; es una época de la pintura en Murcia de gran estabilidad de criterio; de parecidas influencias y experiencias. Si acaso los que marcharon a París, escapan un poco de la murcianía que ellos heredaron del costumbrismo pasado.

Nadie olvida que la irrupción de la pintura de Almela en Murcia significó, en un tiempo no lejano, la aparición de la luz, de un sentido nuevo de la pintura. Almela corrió las salas de exposiciones nacionales vendiendo pequeños apuntes luminosos, diáfanos, que hacen la delicia de sus poseedores. Don José Almela Costa es el rigor, la seriedad artística. No olvido que fue mi profesor de dibujo en el Alfonso X El Sabio. Añoranza de estos cuatro ilustres murcianos del arte. Cuando todo hoy es un desbarajuste, divertido, pero desbarajuste.

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