Gabinete de Estilo

Revolución e Imperio

14.08.2015 | 09:29
Revolución e Imperio

La edad Contemporánea empieza con la revolución francesa en 1789. Este acontecimiento pródigo en nefandos crímenes, pasa por ser uno de los más trascendentales de la Historia.

Fue en 1760 cuando sube al trono inglés Jorge III, más conocido como el rey loco, a consecuencia de una enfermedad que era tratada de manera aberrante con arsénico. El rey orate pasaría a la historia como el creador del Reino Unido al fusionar las coronas británica e irlandesa. Pero además, Jorge, popularizará algo que es, en este agosto caluroso, indispensable. Los continuos trastornos del monarca llevaron a los médicos a recomendarle aire puro en la comarca de Dorset, en la población de Weymouth. Allí veraneó y disfrutó de los beneficios que le procuraba el mar, bañándose en sus playas. Es entonces cuando nació el primer bañador, ya que el rey utilizaba para sus baños unas largas polainas que engarzaban con un amplio chaleco. Así nació el primer bañador de la Historia, para que un rey disfrutara del mar sin tener que exhibir ´sus reales vergüenzas´.

En Francia, la debilidad de Luis XVI y de su esposa, la caprichosa María Antonieta, terminan en el cadalso víctimas de la Revolución, una revolución, que gracias a Marat, popularizó las bañeras, al morir asesinado dentro de una. El populacho no gustaba de baños ni de veraneos, simplemente disfrutaba viendo funcionar la guillotina hasta que la vertiginosa carrera militar de Napoleón Bonaparte (en el sitio de Tolón 1793) y sus éxitos políticos le convierten en emperador y en árbitro de las monarquías europeas. Una época de esplendor donde el refinamiento se convierte en exquisitez y grandeza para mayor gloria del corso. La moda femenina retorna al clasicismo y las damas lucen generosos escotes. La emperatriz Josefina será su mejor ejemplo, al igual que su afición por el baño. Una época maravillosa de lujo en salones y tertulias de una nueva nobleza que impone otras modas imitadas o criticadas por el resto de Europa gracias al genio y la ambición de Napoleón

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