Gabinete de estilo

El Cid Campeador

Antonio Gómez Fairén, presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, como Rodrigo Díaz de Vivar

11.08.2015 | 19:12
El Cid Campeador

Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como ´El Cid Campeador´, era un caballero castellano de muy buena familia que se llevaba fatal con su futuro suegro y cabalgaba la mayor parte de su tiempo en su caballo ´Babieca´. Muerto Fernando I rey de Castilla, dividió el reino entre sus hijos. A su hijo García le dejó como herencia Galicia y con ella el marisco. A Alfonso le dio León, y a sus hijas Urraca y Elvira los señoríos de Zamora y Toro respectivamente. El problema llegó con su hijo Sancho que era un inconformista, su forma de ser tuvo como resultado una guerra civil. Sancho que tenía como hombre de confianza a Rodrigo Díaz de Vivar, venció e hizo prisionero a su hermano Alfonso. Encerróle en el castillo de Burgos, pero se evadió refugiándose en la corte mora de Toledo. García salió corriendo y se escondió en Sevilla, atraído por el ambiente andaluz (feria, toros, manzanilla, faralaes etc) A sus hermanas las despojó de sus territorios y las puso de patas en la calle, aunque Urraca le plantó cara tenazmente en Zamora. Y allí, durante el asedio, Sancho fue asesinado por el malvado Bellido Dolfos.

Cuando Alfonso supo la muerte de su hermano, regresó y tomó posesión de su reino, pero doce nobles castellanos, con el Cid a la cabeza, le exigieron juramento en Santa Gadea de Burgos de que no había tomado parte en el asesinato de su hermano. Alfonso reunió los estados que su padre dividiera y ordenó el destierro del Cid, que ya se había casado con Sofía Loren, digo con doña Jimena.

Rodrigo Díaz de Vivar emprendió algunas campañas por su cuenta adquiriendo fama de invencible. Conquistó Valencia y debió ser durante estos años cuando se inventó la paella valenciana y la sangría, imprescindible en los menús veraniegos actuales.

Los moros atacaron Valencia pegándole un desafortunado flechazo al Cid que murió. Al día siguiente sus huestes lo ataron a Babieca ganando la batalla después de muerto. Fueron los cantautores de la época los que le dieron fama gracias al Cantar del Mío Cid, y Valencia pasaría a la historia como capital mundial de la paella para regocijo de familias numerosas y guiris de veraneo en el litoral Mediterráneo.

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