Gabinete de estilo

Los bárbaros

Los germanos o eslavos se integraban en tribus que tenían en común la envidia a la paz y a la civilización de los romanos

07.08.2015 | 13:09
El Rey de los hérulos Odoacro

Los bárbaros, germanos o eslavos, se integraban en tribus que tenían en común la envidia a la paz, la civilización y el bienestar de los romanos. Así que de acuerdo entre ellos o no, fueron invadiendo de forma pacífica (igual que ocurre en nuestros días) o de forma cruenta las fronteras del orbe romano.

Los bárbaros, hombres altos, rubios o pelirrojos, de fuerte complexión y ojos azules, eran astutos y desaliñados; se puede decir que antihigiénicos, poseyendo unas notas distintivas: la pasión por la violencia, la lealtad en los compromisos, la admiración por sus mujeres (algo que se ha conservado hasta nuestros días, sobre todo por parte del gremio de la construcción) y un gran espíritu familiar. Así, comenzaron a enrolarse en las legiones romanas, sentando sus reales en los territorios del imperio. Algo de cierto hay, cuando se afirma que los romanos se decantaron de forma explícita por las mujeres nórdicas: rubias, esbeltas y sobre todo muy liberales.

A los chicarrones del norte cultivar la tierra les parecía una ocupación indigna, algo propio de esclavos y siervos. Peleaban en bandas guerreras a las órdenes de un jefe, y otras, como mercenarios de Roma, ya que los romanos se excedían en su tiempo de vacaciones con excesos flagrantes en la comida y la bebida propiciando la dejadez moral.

Existían numerosas tribus bárbaras: teutones, godos; sajones, francos, anglos, alamanes, suevos, godos, visigodos, vándalos etc. A simple vista, los bárbaros carecían de principios, pero pronto absorbieron la cultura romana, dando un giro a su forma de ser, convirtiéndose al cristianismo y tomando vacaciones estivales. A los bárbaros, con excepción de los vikingos, no les gustaba el agua, ni las tapas.

Gustaban de ingerir carne y más carne en una barbacoa interminable regada con hidromiel. La aportación más importante de estas tribus fue, sin duda, la cerveza. Comentan ciertos historiadores que Atila, rey de los hunos, buscaba su walhalla, tras la ingesta de, por lo menos, dos cajas de quintos en ayunas (no daba el habla) en los Campos Cataláunicos cuando le salieron al paso Teodoredo, Aecio y Meroveo, los que tampoco estaban para mucho, si no llega a ser por la intervención del sensato papa San León I el Magno que le salió al paso. Y así, queridos lectores, los aperitivos estivales actuales se van consolidando, siglo tras siglo, año tras año y día tras día.

Próximo capítulo: La Edad Media.


PROTAGONISTA INVITADO:
Juan Antonio Megías, presidente del Real Casino de Murcia

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